23 AGO 2016

50 años de rock nacional: habla la nueva guardia (parte V)

Este mes, Valle de Muñecas, Guauchos, Ministerio de Energía y Bandalos Chinos cuentan qué piensan del presente y el futuro de nuestra música.
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Por Maxi Poter

Seguimos convocando a los más destacados artistas emergentes del rock nacional en el año en que celebra sus cinco décadas. Queremos saber qué opinan, qué sienten y qué ideas tienen de sí mismos y de la escena actual aquellos que componen el futuro inmediato nuestra música. 

 

Pasaron cuatro entregas de este especial que se repite cada mes, donde ya reunimos a Marilina Bertoldi, Roma, Sambara, Bestia Bebé, Surfistas del Sistema, Indios, Rayos Láser, Foxley, Reyes del Falsete, Utopians, Ibiza Pareo, Maleza, Científicos del Palo, Barco y Tamesis

 

En esta oportunidad, convocamos a Juan Ramírez (Guauchos), Manza (Valle de Muñecas), Jean-Jacques Peyronel (Ministerio de Energía) y Tomás Verduga (Bandalos Chinos).

 

Transcurridos 50 años de rock nacional, ¿qué opinión tienen sobre el estado actual de la escena local?

 

Ramírez: A cinco décadas del nacimiento del rock nacional podemos recién empezar a entender que de nacional no tiene nada. Pues la gran deuda cultural del rock argento es aún creer que el rock porteño es nacional, y no conocer las expresiones que viven en el interior de la Argentina y que están cargadas de estéticas sonoras regionales. Después de haber recorrido casi todo el país con nuestra banda y de haber ganado un Premio Gardel al mejor álbum de folclore con un disco de rock, nos damos cuenta de que la oportunidad está en hackear el pensamiento “porteñocentrista”.  Al rock argentino y a los actores que lo conforman (músicos, managers, periodistas) todavía nos faltan ejercicios profundos de autoconocimiento. 

Manza: Hay muchas variables. Por un lado está la parte artística, y en ese aspecto me gustan muchos discos grabados en los últimos años. Los que se registraron en estudios más pequeños, o a veces en condiciones técnicas más precarias, van encontrando la manera de compensar con búsqueda estética esas “deficiencias” técnicas. Y como yo creo que la búsqueda estética (en lo respecta a la producción) es algo que siempre le ha faltado al rock argentino, me gusta esa situación.

El rock independiente, el que se mueve por fuera de las grandes compañías y por lo tanto no tiene tanto acceso a los medios masivos de comunicación, sigue siendo incapaz de generar un circuito de medios alternativos que tenga un alcance importante. No me refiero a las bandas, sino a todo lo demás: radios, fanzines, blogs, sellos. Hay un montón de esas cosas sucediendo, muchas buenísimas, pero nunca llegan a formar un público que haga que todo sea autosustentable. Toda la gente que se dedica a eso lo hace por pasión y necesita un trabajo aparte. Igual que la mayoría de las bandas. 

Los lugares para tocar siguen teniendo los mismos problemas (de infraestructura técnica y de habilitación, entre otras cosas) que tuvieron desde que yo tengo memoria, y ya cansa esa situación. El Estado (el de la ciudad o el de la nación, ahora o antes) no hace nada por mejorarla. Está bien si el Estado abre un espacio, pero no se trata solo de eso. Es muchísimo más importante facilitar las condiciones para que alguien pueda abrir un espacio para que se desarrolle la actividad, que se pueda tocar al volumen necesario sin tener conflictos con los vecinos, que no haya un sistema corrupto de inspecciones, etcétera. Pero claro, eso no tiene rédito político.

 

 

Peyronel: Por un lado, la Argentina sigue teniendo una producción musical apabullante. No creo que pase en ningún otro lado del mundo. Después, siempre hay dificultades de producción, sobre todo económicas. A los grupos les cuesta mucho poder grabar bien y con comodidad debido a los gastos que eso representa. También es difícil tener acceso a instrumentos, hardware y software necesarios para producir acorde a las necesidades creativas de cada uno. Creo que lo mejor a destacar es que siempre hay renovación de conceptos. El día en que no haya eso, estaremos en receso. La idea es que estos nuevos conceptos artísticos emerjan y no sean tapados, o que la gente se interese en buscarlos. No hay que casarse con nada y no hay que temerle a la locura aplicable.

Verduga: Estamos en un buen momento de la escena. Están apareciendo artistas muy buenos, con muchas ganas. En los últimos años, hubo una transformación en la manera de pensar de la gente y creo que, más allá de lo nacional, hay un movimiento global, claramente ayudado por la tecnología. Particularmente en el país, nosotros pertenecemos a la generación post catástrofe de Cromañón. Esa tragedia fue importante, porque era un lugar representativo de muchos locales que trabajaban de una manera para permitir que las bandas toquen, sobre todo en Buenos Aires. Y el desastre que pasó fue un momento de crisis. Me abstengo de opiniones de índole política y social porque no sé si es el lugar para hacerlo. Solo digo que, a nivel de gestión cultural, fue una ruptura: yo no viví esa época tocando, pero me doy cuenta de cómo afectó a los gestores de música, y al público de bandas. Ahora todos nos cuidamos más entre todos. 

Pero, a la vez, la oferta de “venues” que estén buenos, que se labure bien, que estén preparados para sostener tales eventos, es muy acotada. Por suerte, eso generó una contracultura, en la que muchas bandas nos unimos para hacer festivales, fiestas y fechas autogestionadas, directo del artista hasta el receptor y con la posibilidad de controlar el bienestar de todo. 

Es el momento de la autogestión. Son pocas las ayudas que reciben las bandas, ya no existe el sueño del “contrato discográfico”. Casi todas las bandas se producen independientemente, y aunque hay algunos productores que le dan bola a las bandas under, todos tenemos que trabajar y movernos mucho y bien para lograr cosas. Pero eso te da fuerzas. También hay algunos medios que se copan, como es el caso de la Radio BitBox (que pasa a casi todas las bandas que estamos ahí dando vueltas) o Vorterix, que hizo las sesiones en su estudio y eso es un gran apoyo a nivel difusión. 

Se le está empezando a dar bola a nuestra generación en festivales como el Lollapalooza o el Music Wins, donde las bandas que somos un poco más alternativas tenemos oportunidad de mostrarnos frente a un público más grande. Pero el mainstream sigue estando lejos, así que hay que aprovechar los nichos y sentirse contentos de que mucha gente esté saliendo a buscar música nueva. Que no sea lo mismo que venimos escuchando en los medios principales desde hace décadas.

 

Leé también: 50 años de rock nacional, habla la nueva guardia (Parte IV)

 

¿Se sienten parte de una generación de artistas, de un conjunto de músicos representativo de un momento del país? 

 

Ramírez: Sí, sin duda creo que somos parte de un recambio generacional. No sé si por lo ideológico y artístico, sino por el hecho de compartir la ruta. Creo que los Guauchos tenemos la extrañísima posibilidad de ser una banda emergente dentro de un grupo de artistas que no emerge mucho. Hay realmente ejemplos grosos que no forman parte de ese grupo selecto. También creo que no hay muchas bandas argentinas que estén en una verdadera búsqueda de romper con los estereotipos y todavía hay miedo a despegar del cliché y las formas del rock anglo. Sin embargo, considero que hay esperanza y nos sentimos pares de artistas como Sig Ragga, Huevo, Sur Oculto, Los Arcanos del Desierto, Benito Malacalza, Nde Ramírez y Germán Kalber. Hace un tiempo fuimos parte de un hermoso proyecto llamado ReFa (Rock Federal Emergente Argentino) en donde fue esperanzador compartir experiencias con algunas de estas bandazas.

 

 

Manza: Para mí, es una pregunta difícil de contestar. Somos representativos de nuestras intenciones artísticas, no somos la cabeza de ningún movimiento ni llevamos ninguna bandera. Somos ajenos a los momentos políticos y económicos del país, porque nuestra subsistencia no depende exclusivamente de la banda. Nos sentimos un poco pioneros en incorporar ciertas influencias en nuestra manera de hacer música, pero no somos los únicos. Siempre hemos sido un poco parias respecto de las diferentes escenas, y eso es porque nuestra música excede las etiquetas. Casi no hay bandas de nuestra generación con las que nos identifiquemos artísticamente. Norma, Rosario Blefari, Mi pequeña muerte y Fantasmagoria son gente de la cual nos sentimos pares.

Peyronel: Nos sentimos muy conformes con el lugar que ocupamos en la escena. Creemos que nuestra música es bienvenida y suma un nuevo color a lo que hay. Todo está atado al momento en que se genera. En ese sentido, tenemos muchas bandas pares y amigas, pero que no necesariamente compartimos los mismos registros, recursos o estética. Las bandas que más nos interesan de la escena local son Travesti, Victoria Mil y OK Pirámides. Aunque de esas, solo la última está tocando hoy.

 

 

Verduga: Hay una bocha de bandas con las que desde hace años nos conocemos. Sin duda, hay un grupo, porque hay mucho respeto y cariño hacia lo que hace el otro. Te das cuenta porque hay un montón de colaboraciones. Por ejemplo, Juan Ingaramo vino a cantar un tema con nosotros. También hicimos uno con Silvestre y La Naranja (con quién compartimos dos integrantes, los hermanos Colombo). Vas a ver una fecha o tocás y está lleno de músicos de otras bandas, porque nos bancamos entre todos. Nosotros nos vemos mucho con Silvestre, Ingaramo, Despertar Antoles, Jean Jaurez, El Zar, Aloe, Nidos, Surfistas del Sistema, Francisca y Los Exploradores, Telescopios y De La Rivera. Con ellos se armaron muchas fechas y se organizaron festivales muy grosos, como el Aruma y el Cria, que la rompieron. Y también con otras con las que no nos cruzamos tanto, pero admiramos mucho, como Un Planeta y Militantes del Clímax. Hay bandas muy buenas, es un momento prolífero.

 

¿Qué artistas creen que pueden tener un lugar destacado en la escena nacional en los próximos años y por qué?

 

Ramírez: Haciendo un ejercicio de fe y no de realismo, me gustaría que sobresalgan Toch (Córdoba), Cristhian Ozorio (Corrientes), Experimento Negro (Santa Fe), Pol Nada (Entre Ríos), Las Liebres (Corrientes) y Silencio Blues Trío

Manza: Puedo nombrar grupos que me gustan, pero no puedo imaginar qué lugar van a tener en el futuro. Hay gente con mucho talento, pero el talento no es lo único que importa. Hay que encontrar los compañeros de banda adecuados y tener ganas de perseverar, entre otras cosas. El medio es hostil o al menos no suele dar estímulos. Mucha gente se hincha las pelotas y queda en el camino, o se lima. O se resienten las relaciones internas porque cada uno tiene distintas expectativas. O pasan los años y las vidas personales de los integrantes adquieren más peso respecto de las aspiraciones colectivas. A los 20, no te importa nada y vas para adelante. A los 40, seguir haciendo discos y giras es un mérito importante. Aparte, en el rock no se trata sólo de tener talento, si no preferiría escuchar a Wagner o Beethoven antes que Sonic Youth o Sex Pistols.

Hay un montón de bandas que me gustan, y a todas les deseo que el futuro los trate bien. El Mató a un policía motorizado, Atrás Hay Truenos, Norma, Fantasmagoria, Pels, Temporada de Tormentas, Viva Elástico, Rosario Blefari, Mi Pequeña Muerte, La Perla Irregular, Compañero Asma, Nave Hogar, Valentín y los Volcanes, Hojas Secas, Bestia Bebé, y la lista sigue y se amplía todos los días. Seguro me olvido de muchos.

Peyronel: Como siempre ocurre, acá los grupos destacados del futuro serán los que prevalezcan más tiempo o los que tengan muchos amigos o pertenezcan a un barrio que los identifique como su banda y así se transformen en fieles. Queremos creer que, en el futuro, se logre un esparcimiento en el público rock. Que se fragmente y vaya a ver los grupos que de verdad les interesen por su calidad musical y no por un sentimiento de pertenencia. Sería muy lindo que los buenos grupos emergentes se mantengan y sigan evolucionando en su música y sus canciones sean cada vez mejores, y no que se resignen a seguir un modelo que les funcione o les quede cómodo. Siempre hay que evolucionar en la música y seguir creciendo.

Verduga: Si bien veo muchas bandas que me parecen buenísimas, creo que todavía falta que aparezca alguien… no sé: trascendente. Justamente, pasaron cincuenta años desde esa generación dorada de artistas como Charly, Spinetta, Cerati y los Redondos. Ellos hicieron una transformación en la música. Ansío que aparezca alguien de ese nivel; un pibe que entienda la canción y la transforme y deje una marca en la sociedad y el momento que estamos viviendo. Creo que nuestra generación está ayudando a que eso pase. Me parece que las bandas que van a tener mucha proyección en los próximos años son El Plan de la Mariposa, Lo’ Pibitos y Sig Ragga. Tienen el nivel musical que se requiere y el poder de hablarle a la gente a través de la poesía, de contar un poco cómo vive y piensa nuestra generación, así que estoy muy atento a los pasos que dan. Y todo nuestro grupo va a seguir trabajando para ganarse un lugar en la gente y creciendo en la música.

 


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