23 MAR 2016

Algunas propuestas para mejorar al Lollapalooza

Pasado el festival, Esteban Rial tira algunas ideas para lograr su superación
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Por Esteban Rial

por Esteban Rial (@RialEsteban)

 

Ahora que llegamos al otoño (una estación que invita a la reflexión entre otras cosas) y el tercer Lollapalooza argentino ya forma parte de nuestra historia, tal vez sea el momento para proponer con tiempo de sobra algunas propuestas para que el mejor festival de rock alternativo internacional y noventista (y también el mejor festival a secas) sea todavía más ejemplar, edificante y espectacular. Pero por favor que quede claro antes que nada que gracias Lulapauza por todo, te quiero mucho edición 2016, nunca te olvidaré, I love you for ever and ever, etc, etc.

 

El primer cambio sería toquetear los horarios excesivamente tempraneros de los grupos argentinos, a los que se ningunea al punto de que si entrás sobre las 17 horas entonces ya había tocados casi todos: nótese que en el caso de las únicas actuaciones locales en horario estelar (los IKV el viernes y Babasónicos en sábado) se trata de artistas no solo consagrados a nivel continental sino que hasta podríamos considerarlos pioneros de una supuesta ética y estética Lollapalooza... No vamos a cansarnos de repetir que el rock argentino es una usina inagotable de estrellas alternativas de proyección global, y que cada una de nuestras tres o cuatro escenas emergentes y/o autoflotantes mejor informadas cuentan con una o dos o más propuestas lo suficientemente atractivas y profesionales y espectaculares como para intercalar con la gringada, que salvo contadas excepciones (todavía no me repongo de lo de Alabama Shakes, y considero un error haber dejado a Vintage Trouble abandonar el país sin exprimirlos un poco más), tampoco es que te vuelen la peluca. 

 

Tengo varias propuestas más, algunas referidas al transporte público hasta altísimas horas de la noche (combinando trenes, subtes, metrobuses, bicicletas y porque no caballos para la circulación interna adentro del predio), otras a la deficiente conectividad (el ministerio responsable debería poner ya a nuestra comunidad científica repatriada a trabajar en un satélite a ser financiado con préstamos primermundistas), pero tampoco quiero aburrirlos, que esta es una semana laboral corta y nos estaría tocando arrepentirnos de nuestros pecados y resucitar a una vida nueva. Es por eso que me despido con Bob Dylan en vivo a mediados de los ochenta acompañado por Tom Petty & The Heartbeakers y un coro de negras divinas, interpretando In the Garden, canción incluída en “Saved”, una canción muy pero muy para estas fechas señaladas:

 


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