02 DIC 2016

Andrés Calamaro: la máquina de hacer canciones

Detalles de "Volumen 11", el nuevo disco que el Salmón lanza hoy
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Por Natalia Sarramone

Andrés Calamaro es sinónimo de máquina de hacer canciones. Lleva cientos publicadas pero además, siempre tiene un montoncito guardado que espera la vuelta de tuerca para salir a la luz, o momentos nuevos para canciones nuevas que no precisan de mujeres ausentes ni de asuntos pendientes. “Volumen 11” no es el típico disco comercial, ni de canciones idénticas, ni representa un género que se puede definir en una palabra. Tiene 19 temas, una excelencia musical que no sorprende al tratarse de Andrés, un principio, diversos desenlaces y un final. Rock and roll, varios blues, algunos boleros, tres canciones ajenas, dos instrumentales y homenajes a Pappo y Spinetta.

Una "escucha" es una situación en la que una compañía – Warner, en este caso - invita a algunos periodistas para que escuchen el disco de forma exclusiva, unos pocos días antes de su salida a la venta. Por supuesto que está prohibido grabar las canciones, y el momento se asimila bastante a una situación de examen, donde nadie habla y todos toman nota. La de “Volumen 11” fue en los estudios Romaphonic, donde Andrés grabó su anterior álbum “Romaphonic Sessions”. El inconveniente de los periodistas fue llegar a tiempo a Villa Devoto, pero el viaje valió la pena. Nada mejor que escuchar un disco en un estudio. Y para ello, Andrés había pedido una sola cosa: volumen.

El disco comienza con Apocalipsis en Malasaña, un rock de potentes guitarras que nos recibe como avisándonos que “nadie sale vivo de aquí”. En Frío y barro Andrés ya comienza a abrirse y sorprende con un sostenido falsete. Recién en Rock y juventud aparece el piano y su auténtica voz. “Pondré el mantel en la mesa y saliva entre tus piernas”, canta el estribillo de un tema que fue compuesto y grabado en un mismo día.



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Tan triste no es el blues es un homenaje a Pappo que cumple el cometido de ser alegre. A La noche ya la conocíamos, y en el disco resalta como un inconfundible hit. Con un estribillo memorable y unas guitarras que nos recuerdan a Palabras más palabras menos, cuando apareció en la sala todos empezaron a tararear y a golpear manos y pies. También hay algunas versiones: Como el viento voy a ver (Spinetta), rearmada con unas divinas guitarras eléctricas; Mareo (Babasónicos) convertida en un delicadísimo bolero; Blues de Santa Fe (Pappo) y Que te vaya bonito (José Alfredo Jiménez).

Lo que podría llamarse el Lado B es más oscuro y se acerca a la etapa de “El Salmón” (2000). Las almas agradecidas, por ejemplo, se parece mucho a Qué ritmo triste. En Vampiro torero Andrés acaba diciendo “este año casi ni tomé… sangre”. Y en Cazador de ateos también hay un vampiro, pero la letra se pone aún más polémica: “me río a carcajadas de la compasión con animales. Tienen razón, la vida humana no vale ni un centavo”, dice Andrés haciendo referencia a las continuas discusiones que tiene a raíz de su pasión por los toros.

Y de repente algunos rayos de luz, como la voz y las teclas delicadas de Que te vaya bonito. O el coro alegre que saluda a Pappo en Hasta el cielo: “mis abuelos en el campo de algodón, me enseñaron a cantar para vivir. Y mi amigo el del Blues de Santa Fe, a vivir para tocar el rock y el blues”. Y el blues reaparece en otras canciones, como en El huevo y la galllina y Blues y orquesta.



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Hacia el final aparecen dos instrumentales. Trujillo libre es una improvisación de jazz con instrumentos latinos que fue grabada en vivo en Perú. Una buena y larga despedida que permite a la banda mostrarse, y que tiene a Andrés tocando una gaita hembra que alguien le regaló en el viaje. El final real es el del tema oculto, La burra, otro que se grabó y se mezcló en el mismo día exclusivamente para dar un cierre al disco.

Indudablemente, en “Volumen 11” todo está pensado y medido. Es un disco al estilo de sus grabaciones encontradas y nuevas, que quisieron ver la luz y compartirse, porque lo que no se comparte, se pierde. Es un viaje donde el Salmón se da el lujo de pararse en lugares bien diversos para generarnos emociones bien distintas como euforia, melancolía, alegría, miedo. Rock.


 


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