30 NOV 2016

Apocalipsis Trump

En su nueva columna, Esteban Rial ensaya un primer balance de este agitado año que se empieza a ir
522
Por Esteban Rial

Ya todo el mundo sabía de sobra que el cambio de fase venía tremendo y a los hachazos, pero también es cierto que la sumatoria de obituarios, galardones y pasos de tragicomedia político escénica económica cultureta acaecidos antes, durante y tras la Superluna saludando la llegada de la Gran Bestia Pop versión Donald tuiteando a la Casa Blanca, está terminando de revelar una curva semifinal 2016 más que exagerada a la hora de los antes y después, ya que lo importante no sólo es competir sino sobrevivir y ganar y al final el negocio de la revolución permanente es un negocio como cualquier otro… Por otra parte, que no te quepa la más mínima de duda de que lo que pasa allá repercute acá, al igual que lo que pasa allá es también un poco y a su manera bastante lo que ya pasó acá, pero a otra escala y desde otros mitos fundacionales, y cuando me refiero a allá y acá pienso tanto en Washington como en La Habana, pasando por Madrid, La Plata, New York, Buenos Aires, Adrogué y hasta Longchamps también...

 

Se supone que la música pop en general, particularmente la primaveral veraniega, tiene algo de isla paradisíaca en el océano de la coyuntura, la canción en tanto y en cuanto tiempo y hasta espacio más o menos colectivo bajo la luz de las estrellas o a la sombra de la palmeras en el cual poder evadirnos como corresponde y hasta vacacionar, pero ahora mismo pasa que el ruido de fondo blanco es demasiado estruendoso como para seguir esperando la carroza en la misma frecuencia de onda medio que ya fue, ya pasó, ya pasó, ya fue, ya pasó… 2016 tal vez sea recordado como el año en el que la Realidad la ganó a la Ficción, un poco ya desde el primero de enero, pero sobre todo en este segundo semestre fue medio un paseo y hasta una paliza.

 

Para bien o para mal, sólo falta un mes de patinaje artístico para llegar al 2017, recta final en la que todos los días y en todas partes pasa de todo, con las famosas cenas de empresa en su punto caramelo y en cualquier momento memorias y balances con sus listas de lo mejor y lo peor, y supongo no está de más recordar que el año que viene es el del cincuentenario de 1967 y los cuarenta del 77 también (simpático siglo el siglo XX), o sea que las posibilidades de descansar en un pasado eterno y glorioso y abstraerse del día a día y la juventud divino tesoro emergiendo por todos los rincones de la grieta muy bien gracias.

 

También el que viene será uno de esos años legislativos argentinos en que gobiernos y oposiciones harán como que se reacomodan, por lo que, desde un punto de vista político musical local, no estaría mal aprovechar la ocasión para frenar el maltrato sistemático que sufren locales de tamaño pequeño y mediano en los que casi todo el tiempo debería haber grupos tocando porque para eso existen, pero al final se la pasan haciendo trámites y perdiendo noches de facturación, un auténtico escándalo y ejemplo de sadomasoquismo porteño que deberíamos cortar de cuajo de una buena vez, creo, y esto es algo en lo que casi todo el mundo supongo coincide pero vos viste como es la cosa y la inercia está empastada como nunca, y el retraso cambiario te juro que me duelen las tarjetas de crédito.

 

Me despido con Leonard Cohen en la televisión canadiense cantando "The Future", que siempre queda bien: 

 


Seguinos en Facebook

Seguinos en Twitter