17 FEB 2016

¿Argentina potencia?

En su nueva columna Esteban Rial sostiene que el rock de acá no tiene nada que envidiar al de afuera
2028
Por Esteban Rial

por Esteban Rial (@RialEsteban) 

 

Ya confirmado vía la triple cátedra stone en el Estadio Único de La Plata eso de que los argentinos somos algo así como el “mejor público rockero del mundo”, tal vez debamos preguntarnos si no será que, con sus taras de nacimiento y de reciente adquisición, tenemos en éste rincón del planeta el mejor rock del planeta a esta altura del siglo XXI, o por lo menos uno tan bueno como cualquier otro anglosajón, pero que preferimos hacer la vista gorda y no hacernos cargo porque ante todo la tilinguería, el ninguneo al prójimo talentoso y el psicopateo constante como forma de demostrar afecto y hasta pertenencia escénica. 

 

No faltan voces autorizadas que consideran que más allá de nuestra historia, mitología y trayectorias únicas en su especie, somos una una escena quedada con respecto a lo que pasa en otros rincones latinoamericanos -colombianos y mexicanos por ejemplo-, escenas más inquietas y fusionantes, más de meter pistas y efectos hipnótico bolicheros, con una clara apuesta a lo policromático y a lo polirrítmico, a esa cosa generacional globalizante los cuerpos bamboleantes, el celular a mano y los chakras bien abiertos. 

 

Supongo que, como suele suceder, ambos párrafos tienen su parte de la única es verdad es la realidad: por lo pronto, me limito a observar que un país en el que te nacen seres humanos con habilidades psicomotrices superiores como Lionel Messi (al que ya casi nadie putea) o Sergio Aguero y Gonzalo Higuaín (cuyos constantes golazos en las ligas inglesa e italiana suele ser acompañada por inevitables puteadas argentinas) también debería tener músicos de rock en sus veintitantos de calidad internacional, que tal vez terminen de explotar durante su treintena acercándose a los cuarenta, que es donde el rockero ya adquiere estampa de adulto más o menos respetable o justamente lo contrario… 

 

Muchos de ellos tocaron en las carpas Alternativa y Geiser del Cosquín Rock, en la edición menos dura de su historia. Otros, que forman parte de esa escena platense zonasureña más desprolija o minimalista por decir, no estuvieron el año pasado ni estuvieron este año tampoco, lo cual alguna explicación tendrá... Algunos grupos protagonistas o asociables a estos tres supuestos subgrupos (que no existen pero que los hay los hay), tocarán en el Lollapalooza, en horarios plenamente soleados sin el clima acompaña, a no ser que el gobierno y/o la oposición responsable tomen cartas en el asunto, cosa que al parecer y a Dios gracias jamás sucederá.


Lo cierto es que este 2016 es y será un año de evidente vuelta de tuerca rockera argentina, tanto en cuestiones que hacen a su autopercepción intergeneracional como en su vocación exportadora, federalismo y relación con el estado, y cuando digo rock me refiero más a esa interacción sucia, rabiosa y espectacular que sonó en La Plata y resonó por todas partes por parte de esos viejos campeones del capitalismo transnacional y/o del imperialismo anglosajón, a cuyo cantante le pasás uno de sus temazos con una traducción al español salpicada de argentinismos y te aseguro que la canta feliz de la vida para todo la alegría de la gente.


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