07 OCT 2016

Así es Revolution Radio, lo nuevo de Green Day

Con su frontman Billie Joe Armstrong rehabilitado, el trío se reencuentra con la frescura en su disco de estudio número doce.
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Por Diego Mancusi


En 2012 Green Day estuvo al borde del colapso. Billie Joe Armstrong tocó fondo en su adicción a las drogas y el alcohol y el futuro de la banda quedó en suspenso mientras se iban editando en piloto automático ¡Uno!, ¡Dos! y ¡Tré!, las partes de su trilogía en capítulos que pretendía recuperar la urgencia tras años de craneadísimos discos conceptuales. Afortunadamente el tiempo pasó, el líder recuperó la salud y la banda perduró para encontrarse con dos nuevos desafíos: cómo reencontrarse en el trabajo diario después de semejante cimbronazo y qué hacer cuando ya se quemó el truco de volver a las fuentes.  

 

La solución que encontraron y que plasmaron en Revolution Radio, el disco que hoy se publica, fue sacarse de encima las presiones, relajarse y hacer canciones. Así es como nos encontramos con una obra que desconoce ejes, va siempre para donde la canción pide, abarca del punk crispado a la balada sensible y que suena familar y a la vez fresca, como si se despreocuparan de las reacciones y se alegraran del milagro de estar vivos. Eso, mientras concentran la rabia en las letras, cargadas de referencias sociopolíticas y peleadas con la modernidad. Un track por track, a continuación.

 

1) “Somewhere Now”

 

Lo que aparenta ser una tonada pastoral muta a los 45 segundos en un medio tiempo plagado de estallidos de guitarra de la escuela Pete Townshend. Un comienzo agridulce en el que Billie Joe reflexiona sobre esta madurez a las piñas que debió enfrentar.

 

2) “Bang Bang”

 

Punk rock ortodoxo, escrito desde la perspectiva ficcional de uno de esos tiradores que suelen asolar las universidades estadounidenses. El arte de marcar cuatro y atropellar. 

 

 



3) “Revolution Radio”

 

La guitarra-sirena de “Police on my Back” de The Clash citada en el arranque de un tema diseñado para ser cantado a los gritos. Melodía, estribillo ganchero y riff machacante: lo que uno le pide a Green Day, ni más ni menos.

 

4) “Say Goodbye”

 

Con un ritmo cargado que parece marcar el paso de un ejército (lo cual no es casual, teniendo en cuenta que fue inspirado por el trajín de vehículos militares en la represión en Ferguson del año pasado), el trío visita el rock de estadios de ceño fruncido que Muse tiene patentado. 

 

5) “Outlaws”

 

Otro efecto colateral de la madurez es la nostalgia, y aquí el grupo la ejerce para recordar las épocas en las que eran tres “forajidos eternamente jóvenes” en clave de balada sesentosa reforzada.

 

6) “Bouncing Off the Walls”

 

Un puente generacional: la frescura del pop primigenio de artistas como Buddy Holly o Eddie Cochrane con las guitarras ásperas del grunge. El resultado: algo parecido a Weezer, aunque más adolescente.

 

7) “Still Breathing”

 

¿Por qué no pelearle en su terreno a los jovencitos que vinieron después e hicieron mil discos ennegreciendo el legado de Dookie? Punk pop dramático que parece haberse grabado en algún momento de los 2000 para regocijo de la generación emo.

 

 

8) “Youngblood”

 

Billie Joe le dedica a su esposa un power-pop chicloso con todo y palmas. Veraniego y -de nuevo- cercano al Weezer del disco verde.

 

9) “Too Dumb To Die”

 

Otros tres minutos de punk sonriente para musicalizar la escena de la película en la que a los muchachitos se les da con las porristas. De lo más fresco que el grupo grabó desde... ¿los 90?

 

Leé también: El debut de Billie Joe Armstrong como actor protagonista en el cine

 

10) “Troubled Times”

 

De repente, todo lo contrario: seriedad y tonos menores en una canción que reflexiona sobre los conflictos raciales y la desigualdad en los Estados Unidos. 

 

11) “Forever Now”

 

Porque no podían privarse de al menos una suite de casi siete minutos, el trío empaqueta tres canciones en una para relatar una fábula juvenil de inconformismo y duda.

 

12) “Ordinary World”

 

Todo cierra con una balada acústica dulce escrita para la banda de sonido de una película con el mismo nombre. Una secuela menos reflexiva del hit “Good Riddance”.


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