04 MAY 2016

¡Basta de ukeleles!

En su nueva columna, Esteban Rial escribe sobre la reformulación de la escena musical.
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Por Esteban Rial

por Esteban Rial
 

Con el Segundo Semestre Prometido ahí nomás luciendo sonrisita irónica modelo segundo centenario de la independencia nacional argentina y la inminente llegada del Beatle Paul y su esperable marea alta del britpop como pasión argentina, ya estamos en uno de esos meses de mayo en los que nada más honesto y patriótico que la propia rendición de cuentas y aclaraciones pertinentes, o no, mientras ante la duda algunos intentamos seguir aportando algunas observaciones sueltas y conceptos a la gran piñata de una opinión pública más o menos rockeada, popera e hipersensibilizada por el famoso e inexorable paso del tiempo mientras ocasionalmente logramos detenernos en uno de esos misteriosos pliegues en los que el tiempo parece no pasar mientras dura una canción de aquellas cantada por una voz de esas que te llega y adopta desde el más allá.
 

No se si entiende a lo que me refiero, pero supongo que será por eso que conozco y desconozco tanta gente pensando en voz alta o escribiendo en redes sociales sobre qué lindo sería en octubre ver en el desierto californiano a Bob Dylan y The Rolling Stones la primer noche, Paul McCartney y Neil Young la segunda y Roger Waters y The Who la tercera; o ya que estamos, mejor que se repita la cartelera en algún paisaje patagónico, por ejemplo en Calafate, total soñar no cuesta nada y profetizar profetiza cualquiera.

Mientras tanto mis compañeras y compañeros de trabajo me reclaman mayores dosis de dinamita de miércoles y un hacerme cargo de hasta que punto las polémicas latentes están a la orden del día, esperando que alguien las suba al escenario, pero en tanto y en cuanto primer empleado de El Bajo Producciones y todavía hoy y a pesar de mi mal pulso principal manipulador de camaritas gopro en el nombre de Generación B, sufro como nadie los dilemas propios que el actual cambio de fase implica en mi dinámica oficinesca profesional: el ser o no ser, el saber estar o no estar, el pulso e impulso unipersonal, siempre con el respaldo de Bebe Contepomi actualmente en un avión dirección a Minneapolis, luego de entrevistar en Madrid a la chica esta Tini Stoessel la semana pasada, y en el medio un primero de mayo que cayó domingo, porque los signos de los tiempos son los signos de los tiempos…
 

Es por eso que me comprometo publicamente en próximas entregas a plantear un serie de medidas para la reformulación de nuestra escena, como ser la aplicación de impuestos especiales para la cumbia cheta y para los grupos uruguayos masivos (acumulables), medidas destinadas a disminuir en lo posible la utilización de ukeleles en escenarios argentinos (salvo notables excepciones que merecen el manejo monopólico de un recurso que no es para todos) y mucho más.


Pero por ahora alcanza y sobra con advertir que todos los martes del mes tocan en el Matienzo un par de bandas y/o solistas en el marco de una exposición sobre la relación entre el Cemento de ayer y el Indie de hoy (comenzando con Palo Pandolfo y Tomi Lebrero este jueves 5), mientras que en la ciudad de La Plata, el reducto alternativo Pura Vida (tradicional centro neurálgico de esa escena o sumatoria de escenas rockeras guitarreras cancioneras que tanto mejoran el medio ambiente musical nacional e internacional en nuestro idioma) sigue inhabilitado para la música en vivo, o algo así de ridículo, y entonces yo sigo sentado y pensando como reformular la cosa sin prenderme fuego y mucho menos perjudicar a mis alrededores:
 



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