06 ABR 2016

Beatlenomics: cómo la música de los Beatles mueve al mundo

Ahora que viene Paul McCartney, vale la pena analizar cómo la máquina sigue funcionando
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Por Sebastián Grandi

por Sebastián Grandi (@Sebasgrandi)

 

En febrero pasado, un informe reveló que la ciudad de Liverpool percibía ingresos por 82 millones de libras al año gracias al turismo impulsado por la música de los Beatles. Las ganas de recorrer las calles y conocer las casas donde crecieron los Fab Four genera, además, 2335 puestos de trabajo en la ciudad. El impacto de la banda de rock más famosa de todos los tiempos en la economía del lugar donde nacieron es determinante y refleja cómo, a más de 45 años de su separación, el impacto económico de su música está más vivo que nunca. 

 

A mediados de los años sesenta, el Primer Ministro británico Harold Wilson percibió la influencia de los Beatles en el desarrollo económico de su país. Graduado de la carrera de Economía en Oxford, notó que la llegada de dólares fruto de los conciertos que la banda ofrecía en Estados Unidos estaban reforzando el valor de la libra. En esa época los intercambios comerciales entre los países estaban atados al acuerdo de Bretton Woods, firmado en 1944, que establecía al dólar como moneda de cambio. Para 1964 Inglaterra luchaba para evitar una devaluación de su moneda, lo que hubiera significado la pérdida de poder relativo dentro del contexto económico global. Hasta que llegaron los Beatles y empezaron a girar divisas equivalentes, al valor actual, de 650 dólares por segundo de show, fruto de sus giras de 1964, 1965 y 1966.  También la banda giró por Europa y Japón, lo que llenó las arcas públicas de Gran Bretaña de marcos alemanes y yenes. El Primer Ministro Wilson percibió lo lucrativo de los conciertos de la los Fab Four e intercedió para que la Reina los nombrara Miembros de la Orden del Imperio Británico, galardón reservado a los grandes empresarios y a los innovadores. 

 

Durante sus años de carrera fueron pioneros en la televisación de un concierto a nivel global, en el desarrollo de nuevas técnicas de grabación, en la apertura de una empresa propia (Apple Corps.), en el desarrollo de la industria del videoclip (grababan una pequeña película para llegar a audiencias lejanas, mejorando y masificando una idea original del universo del jazz) e inventaron la dimensión del show de estadio (el mítico concierto del Shea Stadium de 1964 mantuvo el récord de recaudación de 300 mil dólares durante muchos años ¡y los Beatles tocaron apenas 30 minutos!). 

 

La música de los Beatles es, además, fuente de estudios en el mundo de los negocios: el propio Steve Jobs reconoció que la estrategia musical de John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr lo inspiró para ser un empresario exitoso. A pesar del litigio que tuvo con la banda por el nombre de su compañía, el fundador de Apple destacó siempre el espíritu innovador del cuarteto. Ellos no dejaron de asumir riesgos al incorporar cuerdas en algunas canciones o apostar por un arreglo de coros poco habitual para la época. La conclusión: la banda se mantiene vigente a pesar de los años y sus influencia no se detiene. Es más: Apple Corp. se reveló como una de las compañías más modernas del mundo del entretenimiento al manejar un catálogo que no se renueva desde hace más de 45 años pero que llega -con su tiempo y condiciones- a cada uno de los nuevos formatos en los que va mutando el negocio de la música. Gracias al juego “Beatles Rock Band”, por ejemplo, en 2010 Apple Corp. salió segunda entre las empresas más innovadoras para la revista Fast Company. El cerebro detrás de todas estas jugadas es el CEO Jeff Jones, un hombre con mucha experiencia en el mundo de los negocios que además de cuidar el catálogo beatle impulsa la banda hacia el futuro. Como parte de ese plan se trabajó en la remasterización de todos los discos (Jones ganó un Premio Grammy como productor ejecutivo por la caja en mono en 2011) y la inclusión a finales del año pasado de todo el catálogo beatle en las plataformas de streamming (esta semana se incluyeron los tres volúmenes de la serie “Anthology”).

 

En 2014 un estudio demostró que los chinos representaban un sector creciente del consumo de la música de los Beatles. La beatlemanía llegó a China con 50 años de retraso y generó el súbito crecimiento de la venta de los productos de la banda en ese país y la aparición de varios grupos tributo, donde se destaca, por ejemplo, Beijing Beatles. ¿Cómo lo descubrieron? Simplemente observando que los visitantes chinos al sitio oficial de los Beatles duplicaba al de varios países de Europa. Se trata de un mercado de 1350 millones de personas (según el censo de 2013) que de a poco se van enamorando de la música de los de Liverpool. Algo parecido sucede con otros mercados emergentes que no vivieron la explosión de los Beatles en su era dorada, pero que ahora recibe esas canciones con los brazos abiertos. Los estudios hablan de algunos países de África y de Brasil, que sumó nuevos sectores sociales al consumo de música. 

 

 

Paul McCartney, por su parte, cuenta con una fortuna individual que rondaría los 800 millones de dólares. Sólo en 2015 facturó 51 millones y se colocó en el puesto número 35 entre las celebridades que más ganaron el año pasado. Pero va por más: ya está tramitando el regreso de sus derechos sobre la mitad de las canciones de los Beatles (los herederos de John Lennon tienen otra parte) que están en manos de terceros. A partir de 2018 McCartney podrá reclamar la potestad de su parte de las canciones en virtud del Acta que protege las obras compuestas antes de 1976 que está vigente en los Estados Unidos. Es, tal vez, la última oportunidad de recuperar sus propias canciones luego de que cayeran en manos de Michael Jackson y de allí a Sony/ATV. 

 

Si los cálculos del paso de los Rolling Stones por La Plata se replican en los dos shows de McCartney en la capital de la provincia de Buenos Aires, se estima que la ciudad podrá recibir cerca de 90 millones de pesos extra a su economía. En aquella oportunidad la Subsecretaría de Desarrollo Económico y Productivo platense calculó que cada visitante pasó un promedio de 6 horas en La Plata y gastó $500 per cápita. Todas las camas de los 20 hoteles de la ciudad se llenaron en febrero y algo parecido puede pasar en esta ocasión, aunque ambos conciertos sean durante la semana laboral. Algo similar puede pasar en Córdoba, aunque es una plaza más acostumbrada a los shows de gran escala. 


Sea como fuere, queda a la vista que la música de los Beatles sigue despertando locuras a lo largo del mundo y que, como vieron los miles que en estas horas hacen la fila virtual para conseguir sus entradas a los conciertos de McCartney en la Argentina, es una pasión que parece no agotarse más. Porque en el final, ellos lo dijeron, el amor que recibís es equivalente al amor que das. 


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