17 OCT 2014

Calexico: embajadores del desierto

A 7 años de sus conciertos en Buenos Aires, vuelven para tocar en Niceto el 22 de octubre
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Por Diego Mancusi
por Diego Mancusi 
 
 
Como sucede con aquel mítico recital de Mano Negra en Obras en el 92, a los shows que dio Calexico en La Trastienda en 2007 fueron entre uno y dos millones de personas. Claro, no es que el local de San Telmo se haya sobrevendido monstruosamente: unos 1500 enterados pagaron su entrada y los demás, avergonzados por no haber sido parte de la historia, se inventaron una realidad alternativa en la que sí disfrutaron del métier del guitarrista Joey Burns y el baterista John Convertino. “Fue un viaje increíble. Fue genial sentir el lugar y disfrutar de gente tan abierta, nos encantó”, dice hoy John al tiempo que da revancha: el miércoles 22 de octubre se presentan en Niceto presentando su disco "Algiers" (2012). Embajadores perpetuos del desierto de Arizona, coequipers de estrellas y figuras de culto, vuelven su Buenos Aires querido y ahora sí, podés ir de verdad.
 
GeneraciónB: Algiers fue grabado en Nueva Orleans y se nota la influencia de la ciudad. ¿El contexto geográfico cambia la manera en la que hacen música?
 
John Covertino: Sí, ir a Nueva Orleans nos cambió la manera de tocar y grabar. Así como el disco anterior "Carried to Dust" fue inspirado por Argentina y Chile. Parece que adonde vayamos, nos inspiramos. Por ejemplo, para el disco nuevo estuvimos en Culiacán, México. Y eso también terminó metiéndose en nuestra música.
 
GB: ¿Los inspira la música o simplemente el espíritu de las ciudades?
 
JC: El espíritu, más que nada. Escuchás música, te juntás con músicos y todo eso está bueno, pero estar ahí, en el aire, tomando el subte, sintiendo cómo es la gente... eso es lo más asombroso.
 
GB: Grabaron Algiers con equipos analógicos. ¿Qué pensás de las técnicas nuevas que, al final, hacen que todos suenen igual?
 
JC: Es cierto, y es triste. El mundo digital tiene sus ventajas. Podés editar las canciones mucho más fácil. Pero lo importante de lo que preguntabas es el sonido, lo que queda al grabar. Y creo que para nosotros, la vieja escuela es el camino, especialmente cuando grabamos baterías, piano o cualquier percusión. Lo analógico tiene una calidez que lo digital no captura. 
 
GB: Siempre se logran resultados más cálidos, más humanos...
 
JC: Cuando grabás analógicamente estás concentrado en la performance. Cuando grabás en digital sabés que podés editar, no tenés que preocuparte por la cinta, es sólo una cuestión de espacio en una computadora, y no te esforzás de la misma manera. Por eso me gusta ver cuando rueda la máquina de cinta, es especial.
 
GB: Se caracterizan por trabajar con gente muy diversa. ¿Qué es lo mejor de colaborar con artistas como Nancy Sinatra, Neko Case o Amparo Sánchez?
 
JC: Lo principal es la inspiración. Con Joey nos respetamos, nos divertimos trabajando juntos, pero es divertido colaborar con otra gente. Con cada uno, el método de composición es distinto, nunca podés saber con qué te van a salir. Y nos gusta eso.
 
GB: Sabemos que les gusta la música del hemisferio sur. ¿Qué encuentran en ella que no encuentran en otros géneros?
 
JC: A mí me gusta la cumbia. Es tan similar al beat del rock pero tiene un sentimiento completamente distinto. Me acuerdo de la primera vez que toqué una cumbia en la batería: cuando toco rock mi mente sube y baja, pero cuando toco ritmos latinos me siento más horizontal. Todo es más abierto. Es la mejor manera de describirlo que se me ocurre. Cuando Joey toca la guitarra acústica sale una mezcla de clásico, rock y ritmos latinos. ¿Y sabés cuál es la mejor parte? Ver a la gente bailar en los shows. 
 
GB: Es divertido que señales similaridades entre el rock y la cumbia porque acá los rockeros más ortodoxos tienen un prejuicio con la cumbia. O sos de una o sos de otro.
 
JC: Es malísimo eso. Cuando te gustan ambos, cosas increíbles empiezan a pasar, ja.
 
GB: Tocaron tango con Gotan Project, en el tema “Amor porteño”. ¿Cómo se prepararon para eso? ¿Cómo se acercaron al género?  
 
JC: No sentí que tenía que hacer algo “adecuadamente”. Abrí mi mente y mi corazón y escuché a Astor Piazzolla, a mi padre que era acordionista y a [el acordeonista italiano] Teodoro Anzellotti. Para mí el tango es cuestión de espacio. Está lleno de agujeros, y eso es lo que más me gusta.
 
GB: Importa lo que no tocás, más que lo que tocás.
 
JC: ¡Claro! Es ideal para jugar con los silencios.
 
GB: Venís tocando con Joey desde hace 25 años. ¿Forman una de esas sociedades en las que ya sabes qué va a tocar antes de que lo toque y viceversa?
 
JC: No digo que sepa conscientemente qué va a tocar, pero lo puedo sentir. Es genial que hayamos podido tocar todo este tiempo y seguir siendo amigos. Hay que darse espacio para hacer lo que el otro quiere hacer. Y siempre confiar.



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