07 JUN 2016

Caléxico, sin límites

Antes de su show en Buenos Aires, hablamos con John Convertino
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Por Maxi Poter

John Convertino y Joey Burns conforman un dúo de espíritu colectivo que, desde hace veinte años, se la pasa construyendo puentes allí donde otros se empecinan en levantar muros. Calexico, formado en Tucson (Arizona), a menos de cien kilómetros del límite con México, mestiza ritmos, sentimientos y culturas. Mezcla indie rock, tex-mex y “feeling” mariachi, de bronces festivos y cuerdas tristonas, en una música con más geografía que fronteras. 

 

Luego de "Algiers" (2012), concebido en Nueva Orleáns e influenciado por las raíces del jazz y la música latina de la ciudad, la banda retomó la sureña y polvorienta ruta de su propia americana en Edge of the Sun (2015), un trabajo que estarán presentando el próximo 9 de junio en Niceto Club con Los Animalitos como grupo soporte y al que definieron como “un hijo del amor”. ¿Por qué? “Lo parece con cada álbum. La vida se pone cada vez más complicada y desafiante, y la edad debe ser un factor —explica Convertino—. La logística de grabar requiere más tiempo y esfuerzo en estos días, y lo sentís como que es un trabajo de amor. Al fin de cuentas, eso es algo bueno”. 

 

-También se siente como un trabajo más esperanzador, alegre y colorido que otros.  ¿La cita del escritor Charles Bowden en la contratapa, “No creo en el vino blanco, yo insisto en el color” también es una definición?

 

-Me alegra que hayas reparado en el optimismo del álbum y, sí, lo que Charles dice define mucho de lo que hacemos. Siempre tratamos de llegar al origen, “la fuente”, buscando esa veta de color.

 

-¿Por qué le dedicaron el álbum? 

 

-Creo que siempre ha sido un pilar espiritual, un escritor con alma que supo reflejar las complejidades de la frontera. “Un México mejor hará una frontera mejor” es otra cita de él en la que siempre pienso. Los Estados Unidos no difieren ideológicamente de México. Somos hermanos, deberíamos ayudar en lugar de construir muros, rejas y armas.

 

-¿Cómo se dieron las colaboraciones con Neko Case, Carla Morrison y Gaby Moreno?

 

-Fue muy simple: ¡preguntamos y ellos dijeron que sí! Se fue dando que este disco tuviera un invitado en cada canción.

 

-Atendiendo al espíritu colectivo de la banda, ¿con qué artistas les gustaría trabajar y todavía no se dio?

 

-Siempre admiramos a Cat Power y Bill Callahan. También tengo en la cabeza que deberíamos trabajar con Morrissey desde que leí su autobiografía. Pero las colaboraciones se dan porque nosotros permitimos que pasen. Tratar de forzar algo o hacer un plan, usualmente, nunca funciona.

 

-Para artistas con tu filosofía e ideales debe ser una pesadilla lo que está sucediendo con Donald Trump. ¿Qué te pasa cuando ves que un tipo así, con su mensaje, gana trascendencia y adeptos? 

 

-Sí, es de terror; pero no muy diferente a cuando se candidateó Bush y ganó. Creo que en el país hay gente que está empecinada en no evolucionar. Aunque también hay mucha que progresa. Lleva tiempo, pero, si mirás la historia, los progresistas han tenido varias victorias. El tiempo revelará que los años de Obama trajeron enormes cambios para un montón de personas dañinas, y espero que esos cambios perduren. Hay muchos sucesos que parecen una locura en este siglo, en todo el mundo, pero también hay cosas positivas sobre las que tenemos que seguir construyendo. 

 

-Más de 600 reconocidos escritores estadounidenses firmaron una carta abierta en rechazo a su candidatura. ¿Sentís que los músicos deberían manifestarse en su contra también, ya sea así o de otra manera?

 

-No creo que debamos. Es decir; no sería malo hacerlo, pero más allá de Ted Nugent, no puedo pensar en otro músico que apoye a Trump. Realmente, la demografía de los Estados Unidos no permitirá que alguien así sea Presidente.

 

-Van a estar por tercera vez en Buenos Aires. ¿Recordás algo especial de las visitas anteriores?

 

-Siempre es como un torbellino cuando llegamos allá, y nos quedamos sin tiempo para relajarnos. Tenemos una amiga de Tucson que no sabíamos que se había mudado a Buenos Aires. Y la noche de nuestro último concierto allá apareció en el show con su Harley Davidson. ¡Eso sí que fue una gran sorpresa! Nos llevó después a su casa, en un barrio antiguo, y nos quedamos a tomar cerveza toda la noche. Estuvo genial.

 

-Están cumpliendo veinte años como banda. ¿Sos de mirar para atrás y ver el camino recorrido? ¿Qué balance hacés?

 

-Me siento afortunado. Pudimos hacer buenos conciertos, visitar muchos países y estamos muy agradecidos de que la gente aún venga a nuestros shows. Se hace cada vez más difícil vender discos, los números siguen cayendo, pero todavía podemos salir de gira y hacer un poco de plata… Así que estamos bien.

 


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