30 NOV 2016

Cinco definiciones de Brian Eno en su charla abierta en el CCK

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Por Sebastián Grandi


El músico, productor y artista visual Brian Eno está en Buenos Aires para presentar dos obras: “77 Million paintings” y “The Ship” que se exhiben por primera vez en el país. Antes, este artista que fue parte de Roxy Music y trabajó con Talking HeadsU2, Coldplay y David Bowie ofreció una charla abierta a sala llena en la Ballena Azul del CCK donde reflexionó sobre el rol del arte, la música y sus proyectos. Entre la solemnidad y el humor inglés, Eno cautivó a una audiencia que esperaba escucharlo hablar de todo. 

 

1. Todo arte es político.

 

Una canción que dice que destruyamos el capitalismo es una obra de arte política pero tal vez sea poco interesante. El arte clásico es una representación de contenido político: la orquesta tiene una estructura y niveles jerárquicos enunciados en el siglo XVIII. Debe ser capaz de ejecutar música y subyugar sus excentricidades personales. En la música orquestal, todos deben ser similares entre sí. No se trata de tener muchos genios, sino que todos sigan un camino. 

 

La música pop tiene esa clásica formación de cuatro tipos que por definición es es un grupo de personas con diferentes competencias. Se espera que cada uno sea un individuo diferente al otro. Y a su vez, entre sí deben ser diferentes: los Rolling Stones son distintos a los Arctic Monkeys, por ejemplo. Más allá de que tengan un cantante y que éste diga si ama o no a la chica, necesita un micrófono para expresar su voz porque tiene algo para decir. La estructura de las canciones pop son también un enunciado político. 

 

Lo que yo busco son ejemplos nuevos de cooperación pero la conciencia del miedo está tan incorporada en el ser humano que cualquiera que vaya a hacer algo, tendrá que lidiar con eso. 

 

2. Lo que es posible en el arte, es posible en la vida.

 

Si alguien hace algo maravilloso en el arte, entonces eso se puede aplicar en la vida. La gente no se da cuenta que la novela “La cabaña del Tío Tom” de Harriet Beecher Stowe de 1852 fue la obra más importante en la lucha contra la esclavitud. Este libro cambió la manera en que la sociedad miraba a los negros, porque los dotó de sentimientos iguales a los de los blancos. Entonces una vez que uno piensa que son iguales a nosotros, ya no es posible tratarlos mal. Y su colaboración fue muy importante. Ahora mismo en Londres hay una obra de teatro escrita por refugiados que estuvieron detenidos en Francia mucho tiempo porque el gobierno inglés no los dejaba cruzar a la isla. Esa obra está cambiando la manera de en que la gente ve a los refugiados y rompe con la arrogancia, que es nuestra principal exportación. 

 

 

 

3. El trabajo con otras personas te da otra energía.

 

También es cierto que dado que hay otros involucrados, uno evita hacer algunas cosas porque teme quedar como un idiota frente al otro. Y el problema es que gran parte de un proceso creativo tiene que ver con permitirse quedar como un idiota. Por eso es muy difícil escribir una canción con otra persona en la misma sala. La música es como las salchichas (uno no quiere saber con qué se rellena). En la colaboración tiene que haber una relación muy íntima para que el otro vea con qué estás llenando la salchicha… 

 

Con David Bowie trabajamos bromenado todo el tiempo. Nos divertíamos en serio. Nos hablábamos como Peter & Dud (personajes de comedia interpretados por Peter Cook y Dudley Moore en los años sesenta). Tal vez ustedes quisieran saber que entrábamos al estudio y poníamos cara circunspecta, pero la verdad es que nos divertíamos mucho. 

 

4. La música visual.

 

Me formé en una escuela de arte muy pequeña y allí experimenté con música. Me gustaba mucho la pintura y la música y busqué aunar esos mundos. Las pinturas se quedan quietas y entonces empecé a pensar cómo podría ser el arte sónico. Yo no puedo ejecutar un instrumento pero sí puedo ejecutar un estudio de grabación y fue entonces que me di cuenta que el método de creación era como el de la pintura. En un estudio de grabación, lo que menos se hace es ejecutar música. Allí se trabaja sobre lo que hizo el que músico y se realiza con un método muy parecido al de la pintura. Hoy la música es cada vez más pintar un sonido.

 

La televisión no es necesariamente una máquina que cuenta historias, sino que proyecta imágenes. Sigo pensando que es raro que siempre que la prendo hay alguien hablando y no haya un canal, por ejemplo, que muestre pinturas. 

 

El arte debe tener funciones concretas. Mi música puede servir para escribir, para pensar, para diseñar. Hay gente que me ha dicho que han tenido hijos escuchando mi música y luego aparecieron niños diciendo que habían nacido escuchando lo que hice. 

 

5. El futuro.

 

Soy pesimista en el corto plazo y optimista en el largo. Soy un pesimista utópico. Los pesimistas no se desilusionan pero me parece que son los optimistas los que producen los grandes cambios. Hasta 1980 la gente trabajadora esperaba que a sus hijos les fuera mejor, pero la revolución neoliberal arruinó esa idea. 

 

Uno puede quejarse pero hay que decir algo: tuitear no es un acto político. 

 

Podría decir que mi peor pesadilla es la llegada de Trump al poder, pero él y el Brexit demostraron que nosotros estábamos equivocados. Creíamos que sabíamos lo que la gente quería y dejamos que otros se ocupen. Mis amigos en San Francisco, que trabajan en las compañías de computación creen que la política es algo de lo que se ocupan otros. Bueno, ahí están, otros se hicieron cargo de todo y el mundo está así. Lo mejor que nos puede pasar es empezar a tomar las riendas del asunto. 

 

 

Fotos de Federico Kaplun y Laura Szenkierman


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