02 ABR 2016

Coldplay: apuntes de la fiesta del color

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Por Sebastián Grandi

por Sebastián Grandi (@Sebasgrandi)

 

En el backstage había clima de ansiedad y no era para menos: Coldplay estaba por dar inicio en el Estadio Único de La Plata a su gira mundial de presentación de su más reciente disco, “A Head Full of Dreams”. La apuesta del cuarteto británico por una estética de colores aparece en las menciones sobre los ensayos, donde más allá de las canciones, hay un concepto visual que se pretende respetar. 

 

El cerebro detrás de esa idea es Pilar Zeta, la diseñadora argentina que trabajó muy cerca de la banda y desarrolló el arte de tapa del álbum. Ella vive en Los Ángeles, pero está en país para visitar a la familia y para hablar con la banda de otra pata del proyecto: el libro de la gira. En las horas en las que la banda no ensaya en Buenos Aires, se juntan con Pilar para hablar de cómo será ese material que formará parte del merchandising oficial de la banda cuando la gira llegue a Europa. 

 

En el informe que hizo Generación B sobre los cambios en Coldplay, la mutación de Chris Martin de hombre melancólico frente al piano a frontman que camina por una pasarela, es tan notoria que el espectáculo tiene que ser a la medida. En otras palabras: Coldplay se asume como un grupo de estadios, escala a la que muy pocos llegan en la carrera musical, y se propone hacer un show a la altura de las circunstancias. Por eso en la trastienda de la La Plata hay tanto nerviosismo: hay que probar detalles muy finos que van desde las luces y los papelitos, hasta el efecto de las canciones sobre el público. 

 

Normalmente la banda manda a sus asistentes a probar sonido: este jueves en La Plata hubo cambio importante. Los cuatro estuvieron dos horas ajustando detalles en persona, cambiando el schedule habitual de los conciertos. Por eso Lianne Las Havas tuvo que apurar su llegada al Único y suspender parte de las actividades de prensa que se había agendado en Buenos Aires.

 

Durante la semana en la ciudad, Coldplay se cruzó con sus fans en el hotel y el propio Martin hizo algunas acciones solidarias con muy bajo perfil. El universo que los rodea, amigos, parejas, ex parejas, hijos, se la pasó recorriendo Buenos Aires. No son herméticos, pero a la timidez los domina en la charla amena, aunque contestan las preguntas y atienden los detalles. Todos juntos, con varios argentinos como invitados, celebraron el jueves a la noche el inicio de la gira mundial. 

 

La gran novedad fue, sin embargo, la pulsera luminosa -Xylobands se llaman- que la banda trajo especialmente y que repartió a cada uno de los presentes. A través de una radio frecuencia la muñeca del público se encendía con una luces led, cambiaba de color y respondía al ritmo de la música. La idea fue tomada de Japón, y entre los comentarios que había en los pasillos era que una mujer argentina -otra más- había ganado la licencia para explotar esta novedad en América Latina. 


Las pulseras, los juegos de luces y rayos que iluminan el estadio y los papelitos que vuelan son parte de ese concepto original: transformar el Único de La Plata en una fiesta multicolor. Transformar la experiencia musical en algo mucho más grande, a tono con la facilidad que tenemos todos de meter la mano en el bolsillo, sacar el teléfono y sentirnos tentados de retratar hasta el hartazgo todas los efectos especiales que propone la banda. Hasta en la sala de prensa, cueva de escépticos y críticos despiadados, se habalaba con entusiasmo del fenómeno. La fórmula se repitió este viernes. Pero más ajustada y con la épica de la lluvia sobre la ciudad. 

 

Tal vez la ansiedad y los nervios sean sólo por la voluntad de ofrecer un buen show, dejar un lindo recuerdo y saber que uno lo pasó muy bien. Parece poco, pero a veces algunos se olvidan que la música también es eso, lo que transforma la idea en algo bastante ambicioso.  

 


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