08 ENE 2016

Cómo es Blackstar, el nuevo disco de David Bowie

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Por Sebastián Grandi

por Sebastián Grandi

 

Vamos a decirlo sin vueltas: David Bowie es un hombre libre. Siempre lo fue, y por eso se espera de él que quiebre su propia historia y se reinvente, con menor o mayor suerte, en cada disco. Con el lanzamiento de “Blackstar” (uno de los discos más esperados de este año), el Duque Blanco plantea un desafío: su actual propuesta no es amigable para la radio pop friendly ni para la pista de baile. Bowie está en condiciones de exigir un poco más y lo hace. Por eso para este nuevo disco, el segundo desde el silencio de diez años que inició todo tipo de especulaciones sobre su futuro musical, se rodeó de músicos de jazz que le permitieron explorar otros lugares. Sin embargo dejó a su viejo socio Tony Visconti cerca, como para asegurarse que al alejarse, alguien supiera cómo traerlo de regreso. O, si se quiere, para que aún en el proyecto experimental, el camaleónico Bowie no dejara de ser él mismo. El propio Visconti sostuvo que el plan de trabajo era hacer algo nuevo, con una pata en la música más tradicional.

 

El álbum abre con el tema que le da nombre al álbum: un tema de casi diez minutos en donde la voz de Bowie fluye sobre una base electrónica y un saxo de Donny McCaslin (que dijo que el tema estaba dedicado a ISIS). El clima post apocalíptico que presenta la canción gira sorpresivamente en la mitad hacia un mundo esperanzador, hacia un beat más rápido, más alegre. 

 

 

El segundo corte es Lazarus, un tema creado para la obra de teatro “The Man Who Fell To Earth” con música del propio Bowie, basada en la novela de ciencia ficción de Waler Tevis. Se trata tal vez de la canción más lograda del disco donde, enmascarado detrás de la música de una ficción, el propio Bowie podría hablar de sí mismo, o del hombre en que se convirtió. 

 

 

El álbum incluye una canción de 2014, Sue or In a Season of Crime que, aunque diferente a la editada en aquella ocasión para un recopilación, marcaba el camino que se ve en “Blackstar”. El resto de las canciones que integran este disco -siete en total-, experimentan el mismo camino donde esos músicos de jazz en los que se apoyó lo llevan a la vanguardia y a ampliar su base sonora. No es la primera vez que Bowie busca en otros géneros fuentes de inspiración o licencias para el riesgo, ni tampoco es la primera vez que llega al jazz. Más allá de éstas búsquedas, no hay en él -no podría haberlo- pasos hacia atrás. 


Blackstar” es un disco críptico, complejo y denso. Ruidoso y armonioso. Chocante de a ratos, amigable en otras ocasiones. A la hora de editar su vigésimo quinto álbum, David Bowie mandó un mensaje y quiso que en el día de su cumpleaños escuchemos estas canciones con atención, aquella que merecen los grandes íconos del rock. 

 


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