10 JUN 2016

Cómo es el nuevo disco de Garbage

Este viernes se publica "Strange Little Birds" donde buscan volver a su sonido original
1807
Por Sebastián Grandi


El nuevo disco de Garbage es oscuro y vital. Se llama “Strange Little Birds” y, antes de decir que se trata del primer álbum editado desde 2012 cuando decidieron suspender su impasse, habría que señalar que es un regreso al sonido que los hizo famosos en la primera mitad de los años noventa. 

 

Sin embargo este trabajo tiene un equívoco en su origen: Empty, el primer corte que mostraron de éste nuevo proyecto no representa para nada el espíritu total del disco y podría provocar que los distraídos cayeran en alguna trampa. No: así no suena lo nuevo de Garbage. Mientras que el primer single de difusión es una pieza pop aspiracional pero con poca sangre pensada para enamorar a los programadores de las rotaciones musicales, el verdadero disco empieza a partir del tercer tema, Blackout. Allí nace la oscuridad y la sensual voz de Shirley Mason se expande sobre un bajo que remite, sin escalas, a Joy Division

 

 

En If I Lost You la declaración de amor que susurra Mason se inserta en un clima de oscuridad electrónica que representa, o al menos eso busca, el dolor de la posible pérdida. Pero en Night Drive Loneliness la batería de Butch Vig se suma poderosa a una serie de efectos que provocan un clima de pesadez asombrosa, alejando toda esperanza de que ese amor del que hablaba antes, vuelva. 

 

La balada Even Our Love is Doomed podría haber sido escrita en 1998. Mason se vuelve existencial y se pregunta si la seguirán queriendo después de convertirse en quién es. El nivel de intimidad que logran sus letras puede haber causado la ira de la escocesa que, ante algunas primeras críticas al disco, reaccionó con un tuit a través de la cuenta de la banda. Le sigue Magnetized, un tema que puede servir de puerta de entrada al disco ya que combina explosión pop, guitarras distorsionadas y letras angustiantes. Una buena síntesis de lo que hay en el resto del álbum. 

 

 

Otra de las canciones a destacar es So We Can Stay Alive, un track de seis minutos con fuertes cambios de ritmo y la guitarra de Steve Marker explotan bajo unos teclados que hacen del tema una canción que uno quisiera ver en vivo, sobretodo para los que gustan de profundizar en un álbum y recorrerlo por completo, como se hacía en la era previa al brote de canciones sueltas y plataformas digitales. En ese clima avanza hacia Teaching Little Fingers to Play (el nombre viene de un famoso libro de piano para chicos) un midtempo que acá habla de soledad y el paso del tiempo, acaso reflexiones propias de la mitad de la vida. El cierre es con otra canción extensa para los tiempos urgentes de hoy: Amends. Si uno llegó hasta acá debe estacionarse otra vez en las complejidades de las relaciones de pareja, las negociaciones propias de un matrimonio y el dolor que produce alguna decisión. 


En la entrevista exclusiva que Butch Vig dio en mayo a Generación B, el famoso músico y productor habló de las ventajas de la independencia para experimentar y buscar un rumbo. Esa libertad se nota en la idea subyacente del disco: retomar el adn de Garbage allí donde lo dejaron en “Version 2.0”, uno de sus trabajos más celebrados. 20 años después de su debut, por primera vez el cuarteto busca escapar hacia adelante con un material original que a los que crecieron en los noventa los hará viajar en el tiempo pero que también, puede enamorar a los que llegan a Garbage por primera vez. 

 


Seguinos en Facebook

Seguinos en Twitter