20 MAY 2016

Con un show inolvidable Paul McCartney cerró su gira por la Argentina

Este jueves reunió a 55 mil personas que se emocionaron con sus clásicos
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Por Sebastián Grandi

por Sebastián Grandi (@SebasGrandi)

Fotos Martín Ivan Pinto (@Martin2285)

 

En La Plata Paul McCartney cerró este jueves el tercer show de su gira One On One por la Argentina. Con un concierto emotivo y vibrante de casi tres horas el exBeatle repasó gran parte de su repertorio con muy pocos cambios respecto a los shows que dio en Córdoba el domingo y el martes pasado en este mismo estadio

 

Hace años que el exBeatle se reconcilió con su pasado y que se permite, sin golpes bajos ni falsas pretensiones recorrer los temas más famosos de su repertorio. Lo que él quiere hacer arriba del escenario es entretener y emocionar. Entretener brindando un espectáculo que se apoya en el poder de canciones infalibles, inoxidables y tatuadas en la memoria popular de varias generaciones. Hay pocos fuegos de artificio y efectos especiales en los shows de McCartney. Lo suyo es el cancionero, la música. No necesita sorprender ni asegurarse la fidelidad de la audiencia con rayos láser o escenarios alternativos. Le basta con un par de chistes -los mismos en cada show, incluso-, con tocar en el piano el oh, oh, oh que le canta la gente o de repetir las frases en español que aprendió en la escuela en Liverpool. Nadie está ahí para ver un show multimedia: Paul McCartney ofrece un concierto y pretende, porque lo dice, que sea de rock. “Vamos a rockear!”, gritó en La Plata

 

Y emociona porque él y su banda llevan los clásicos de los Beatles, Wings y de sus albumes como solista a una calidad interpretativa donde la canción aparece como uno la escuchó miles de veces en los discos y donde la estrella, Paul, es el único habilitado para las licencias artísticas. Desde el inicio con A Hard Day´s Night (un tema que incorporó en esta gira mundial y que no tocaba desde hacía décadas) lo que sucede en escena es la seguidilla de hits imperecederos que a uno lo hacen reflexionar: esa banda que está ahí arriba y toca esos temas tienen con las miles que hay en el mundo que tributan a los Beatles una sutil diferencia: el que las compuso está ahí arriba, cantando prácticamente igual a como lo hacía en los año sesenta. Y es ahí donde otra vez la emoción se siente en la piel: la historia grande del rock and roll está viva frente a nosotros y Paul McCartney la cuenta como es, de primera mano. Sólo el paso del tiempo nos dará dimensión real de lo que vivimos. 

 

Habrá que decir que en su viaje al arcón de los recuerdos Paul sacó algunos temas que merecen un análisis aparte. Tal vez Temporary Secretary (de “McCartney II”) es una canción que rompe con la fluidez melódica del concierto. Esa pieza de electrónica vintage no es su tema más logrado pero él lo quiere mostrar aquí, tal vez para decirnos que siempre estuvo a la cabeza de todas las vanguardias. En el otro extremo, avanzado el show canta la canción más moderna de su repertorio: FourFiveSeconds, el tema que hizo con Rihanna y Kanye West que, hay que admitir, es una gema preciosa con todos los matices de los hits actuales y donde él demuestra que con sus 73 años puede rodearse de los jóvenes y proyectarse hacia el futuro. 

 

La lista de temas que hizo en La Plata no tuvo cambios sustanciales respecto a los shows anteriores: mientras que el martes agregó Get Back para tocar con Leila, la nena que se hizo famosa por subir a su escenario, este jueves sacó Hi Hi Hi para sumar el hitazo de los Wings Jet, lo que le dio más calor al balance global del show. Por lo demás despachó impecables versiones de clásicos de los Beatles como I´ve Got a Feeling, Here, There and Everywhere, We Can Work it Out, Love Me Do, And I Love Her, Blackbird, The Fool of the Hill, Lady Madonna, Eleaonor Rigby y hasta logró hacer de Ob-la-di Ob-la-da una canción para cantar al calor de las masas. En el medio pasaron Band on The Run, Ninteen Hundred and Eighy Five y varios clásicos de los Wings y un par de temas de su último disco “New”: el que le da el nombre al disco y Queenie Eye. Hacia el final McCartney dispara toda su artillería pesada con Live and Let Die, Yesterday y el medley final del disco de los Beatles “Abbey Road”.


Sólo el paso del tiempo nos permitirá tomar una real dimensión de lo que significaron estos conciertos en la Argentina. Su figura influyente sirve, además, para establecer un parámetro de lo que significa mantenerse vigente y ofrecer al público lo mejor de sí. Su amor por la música y por el concierto en vivo es una lección para todos aquellos que, con mucho menos, se consideran a sí mismos estrellas de rock. Paul McCartney fue uno de los fundadores de la historia grande, el hombre que hizo del pop un hecho artístico perdurable y definitivo y que entrado el siglo XXI sigue mirando hacia el futuro con la seguridad del que sabe que la comunión que genera el contacto con el arte cura todas las maldades del mundo. 

 


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