22 MAY 2017

Ed Sheeran en La Plata: la gran peña del Colorado

A solas con sus guitarras y pedaleras, como es su costumbre, el nuevo astro internacional llenó el Estadio Único y logró coros, aplausos y ovaciones de más de 45 mil personas.
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Por Marcelo Fernandez Bitar


Farsa, burla, engaño. Así podría traducirse la palabra “Hoax” que lucía la remera roja de Ed Sheeran en su multitudinario recital en el Estadio Único de La Plata, el sábado por la noche. Una muestra más de su sencillez y creíble humildad, casi riéndose de su súbita popularidad mundial. O como dijo en un momento: “Yo vengo de un pueblito del campo, así que estar tocando en Londres o ante todos ustedes es algo que me vuela la cabeza”.

Durante el último mes, Ed Sheeran colocó los 16 temas de su último disco en el Top 20, fue nombrado la persona más influyente de Inglaterra y lo acaban de confirmar para ser el número principal del gigantesco festival de Glastonbury. También rompió el record de Spotify (destronó a The Weeknd) con 56 millones de escuchas el día que salió su último álbum, "Divide". Parece imparable.


Lo más increíble del fenómeno Ed Sheeran es lo que se volvió a comprobar en la lluviosa noche del sábado, tal como ocurrió en 2015 en el Luna Park: la impresionante respuesta que puede lograr un cantautor a solas con sus guitarras, pedaleras de efectos y voz. Lo que podría parecer el monótono esquema de un trovador folk se convierte en un desfile de variedad, ritmo e impecables melodías, todo sostenido por un carisma especial y una habilidad para multiplicar golpes, rasgueos, punteos o incluso coros gracias a sus loops armados en vivo con sus pedaleras.

Otro dato para pintar la personalidad de Sheeran la dio el telonero inglés (hijo de chilenos) Antonio Lulic. Dijo que unos años atrás solía compartir la noche semanal de cantautores en un pequeño club londinense con Ed, que luego despegó y un día lo llamó para invitarlo a salir de gira juntos. Encima, un buen amigote. Cabe agregar que el set de Lulic fue muy bien recibido por la gente, se dio el lujo de conseguir coros con un inesperado tramo de I wanna dance with somebody (de Whitney Houston) y pidió un aplauso para su madre ahí presente. Antes abrió Benjamín Amadeo, también a solas con su guitarra y dio un muy buen show a pesar de los nervios que lo llevaron a confesar: “¡Es tan grande que no se a dónde mirar!”.

El pelirrojo arancó a las 20:30 con Castle on the hill, flanqueado por diez pantallas de video que lo magnificaban o presentaban figuras, imágenes y efectos de arte electrónico con buen criterio. “¡Hola, this is amazing!”, gritó, y pidió que canten cada canción lo más fuerte posible, y para comprobarlo se sacó el audífono “in-ears” de su oreja derecha. Más adelante recordó lo ruidoso que había sido el público argentino en el Luna Park, contó que en esta gira lo más ruidoso fue el público de Dublín, y desafió a que les ganemos. Luego nos declaró triunfadores.

Como era de esperar, la mayor parte del repertorio giró en torno a las canciones de “Divide”, pero ante el pedido de una fan que gritó Give me love primero dijo que hacía mucho que no la hacía, y enseguida se animó a cantarla, con tan buena respuesta que sobre el final jugó con el público de todo el estadio para que mitad hiciera coros agudos y mitad, coros graves.

En el comienzo de la mayoría de los temas, Ed graba un loop que puede ser golpes en la guitarra (que luego quedan como percusión a lo largo de la canción), un rasgueo, un punteo o incluso su propia voz (que queda haciéndose coros a sí mismo). En muchos momentos se pone a rapear largas parrafadas y deambula por el escenario con total comodidad, incluso subiéndose a los parlantes del retorno. El resultado es un show variado y atrapante, insólitamente sostenido por solo una persona ante más de 45 mil espectadores.

Si bien hubo momentos altos con Galway girl, la sorpresa de un tramo de New world coming (de Nina Simone), el aire irlandés de Nancy Mulligan, la intimidad de Thinking out loud y la energía de Sing, indudablemente el momento cumbre fue el primer bis con Shape of you, donde volvió al escenario con una remera de la Selección Argentina que tenía su nombre en la espalda. Una imagen perfecta para sintetizar la relación de un número uno con este país.

 

Fotos gentileza: Santiago Gallo Bluguermann/Move

 




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