24 MAY 2016

El Bordo llenó por primera vez el Luna Park

A casi 20 años de su formación, la banda de Ale Kurz se posicionó como una de las más populares del país
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Por Marcelo Fernandez Bitar

Por Marcelo Fernández Bitar (@fernandezbitar)

Fotos de Irish Suarez

 

Durante la última década, el grupo El Bordo se convirtió en uno de los nombres más interesantes de la nueva escena del rock local. Su popularidad fue en ascenso a la par que su crecimiento artístico y la búsqueda de desafíos musicales. Pasaron a llenar fácilmente lugares como Groove y El Teatro Flores, jugando de locales en marcos más grandes como el estadio Malvinas Argentinas y el festival del año pasado en Ciudad del Rock.

 

Para una banda que mira con pasión a la historia del rock en Argentina, el siguiente paso sólo podía ser Obras o el Luna Park. Era un paso “cantado”, pero no por eso menos arriesgado porque se trata de una producción independiente. Así, se anunció hace unos cinco meses la fecha del domingo 22 de mayo en el Luna Park, y El Bordo se dio el gusto de cumplir un sueño. Con los nervios, tal vez les costó disfrutar y asimilar el impacto de ver a un estadio totalmente lleno de fans y banderas, pero sin dudas que valió la pena. Disfrutarán más del próximo.

 

El recital fue una auténtica fiesta del rock, donde El Bordo recorrió su discografía y hasta se dio el lujo de estrenar un tema nuevo, llamado El traidor, cuya letra fue prolijamente incluida en el programa de mano. Hubo invitados de lujo como Ricardo Soulé (en “¿A dónde vas?” y el inicio de “Libros sapienciales”), el Tano Marciello (en La patada) y el Mono y Maikel (de Kapanga). También se sumó el productor Ale Vázquez y hubo una sección de vientos con saxo, trompeta y trombón.

 

El sonido y la puesta de luces y videos fueron sobresalientes, la emoción fue permanente y la pasión fue un constante ida y vuelta del escenario al público y vice-versa. La gente desplegó sus trapos, se cantó todo y dejaba percibir la felicidad de ver a su equipo favorito consagrándose campeón.

 

En vivo, como el habitual, la dupla de Miguel Soifer y Pablo Spivak armó una base contundente, Leandro Kohen sumó teclados y se lució en armónica, y Diego Kurz tejió el entramado de guitarras tan característico del grupo. Mención aparte para Ale Kurz, que cargó con éxito con el peso del “frontman” con la voz y la guitarra en un escenario que sin dudas les resultaba nuevo e inmenso. 

 

Quedan en el recuerdo imágenes sueltas, como el agregado de un bis, la celebración en “Los perdidos” y la sensación de haber presenciado un hito en la historia de un grupo clave en la escena local actual.

 


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