07 DIC 2016

El flagelo de la reventa

En la Argentina y en el mundo, el negocio de la reventa de entradas golpea los bolsillos y los corazones de los amantes de la música
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Por Natalia Sarramone


El negocio tiene costo cero y grandes beneficios. La única tarea de los revendedores es estar alerta a los días y horarios en que se ponen a la venta las entradas para los principales shows, y comprarlas al instante. Después, subirlas a las plataformas de venta online y venderlas multiplicando su precio hasta números inimaginables.

Esta semana, cientos de tickets para ver a Adele en Londres aparecieron en sitios de reventa por hasta 10 mil euros. La cantante viene luchando hace tiempo contra el negocio: toca en estadios más grandes para tener mayor cantidad de entradas a precios más bajos, estableció límites de tickets por comprador y en algunos países puso en venta las entradas solo a aquellos fans que se habían registrado previamente en su página web. Los esfuerzos redujeron el número de tickets revendidos, pero no fueron suficientes.

El año pasado, varios artistas y promotores de gira mostraron su disconformidad con el negocio al firmar una carta colectiva dirigida al gobierno británico para pedir que se actúe sobre las páginas de reventa. Entre ellos estuvieron los integrantes de Coldplay y los promotores de Elton John, Ed Sheeran, Radiohead y Arctic Monkeys, entre otros. El mismo Elton John ha declarado que los precios en reventa son vergonzosos, y que prefiere ver asientos vacíos en sus conciertos a que sus fanáticos compren esas entradas.



Sin ir más lejos, los tickets para ver a Andrés Calamaro en el Gran Rex se agotaron rápidamente y se revendieron hasta triplicando su precio. El Salmón escribió un texto en su Facebook titulado “FUCK THE SISTEM” que, entre otras cosas, decía: “La reventa es una pequeña estafa o avivada que nos afecta a todos; me afecta a mi porque sube injustamente el precio de las entradas, maltratando así a mi publico amigo y generando un negocio ilegal pero paralelo en el que no tengo acciones ni interés de ningún tipo (obviamente)”. También aclaró que, aunque la información no circulaba, las entradas podían comprarse en efectivo en la boletería del teatro, como siempre ha sido.

Lo mismo y de peor modo ocurre con las visitas internacionales. Por ejemplo, las entradas oficiales para ver a Paul McCartney en el Estadio Único de La Plata en mayo costaban entre $1000 y $3500. Sin embargo, en los sitios de reventa se vendieron plateas preferenciales por casi $20000. Incluso el precio promedio que pagó el público fue de $8827 por entrada.

Aún más se pagó por los Rolling Stones a principios de este año. Mientras el precio oficial de la platea más cara era de $3000, en reventa el campo estaba entre $2500 y $55000. Es decir, el campo en reventa llegó a costar 18 veces más que la platea oficial más cercana a Mick Jagger.

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La reventa está prohibida en la Ciudad de Buenos Aires desde el año pasado, cuando por ley (N° 5174) la actividad pasó a ser una contravención penada con multas o arresto: “Quien revende, por cualquier medio, con fines de lucro, una o más entradas para un espectáculo masivo, de carácter artístico o deportivo, es sancionado/a con multa de dos mil a treinta mil pesos o dos a diez días de arresto”.

Sin embargo, hay quienes venden su entrada simplemente porque no pueden asistir al evento, es decir, sin ningún fin comercial. Y eso se vuelve difícil de verificar. Es por eso que hay quienes entienden que la prohibición de la reventa es inconstitucional, porque el Código Civil impide sacar una cosa del comercio y entonces se estaría yendo en contra de la libertad de comercio. Más allá de los esfuerzos de músicos y políticos, el público es el único que puede revertir la situación tomando una sola decisión: no comprar más entradas en reventa. 

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