20 ABR 2016

El rock en cuanto roca

En su nueva columna Esteban Rial opina sobre cómo cambió el rock después de unos días de fuertes acusaciones
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Por Esteban Rial

por Esteban Rial (@RialEsteban)

 

Ya veníamos insistiendo en estas líneas que el 2016 no puede no ser un año de fuerte reformulación escénico-rockera, por cuestiones que van del propio agotamiento de dinámicas mentales y sospechosos modelos de negocio imperantes desde hace demasiadas temporadas, hasta el esperable recambio generacional cuando una nueva camada manada cuenta con la inyección energética suficiente cuando, de repente y durante el fin de semana, explotan un par de bombas extramusicales en formato video testimonio denunciante que impactan de lleno en la escena alternativa que yo más reivindico, soobre atrocidades que la preceden y exceden en el tiempo y espacio y que ni siquiera se limitan al rock y/o la industria del espectáculo, y saltan cuestiones frente a las cuales el relativismo y el gradualismo se enfrentan con límites más sólidos y que no se desvanecen en el aire.

 

En cuanto ritmo tribal con vocación global, el rock conserva y seguirá conservando esa cosa de danza primitiva alrededor de la fogata en una suerte de comunión enérgética, es y será una invitación a poner la mente en blanco y disfrutar de la estática contenidos por la amplificación de frecuencias bajas, atravesados ataques de emotividad guitarrística y seducción vocal… El rock es una música que puede hacerse en un garage pero también una rama de la industria musical y una sumatoria de mitologías con ídolos de todos los colores y pelajes para que cada cual se arme su propio panteón, y es por eso mismo el rockero (en particular el cantante y sobre todo el cantante letrista), es algo así como un predicador, obviamente de sí mismo (su negocio), pero también de cierta tradición que reivindica (y que le permite enlazar con una base de semejantes con parecidos gustos que pagan la entrada) y que por todo esto hace gala de cierto ascendente sobre su público (sus seguidores, su feligresía), que además se acrecienta por la diferencia de edad y que lo ponen en situación de. 

 

Aunque tremendamente dolorosos, los dos videos en los que primero Mailén Frías y luego Silvina Rocío Marques Casimiro denuncian publicamente como violador y abusador de menores a José Miguel del Popolo, cantante y líder de La Ola que Quería ser Chau, marcan un antes y un después en el silencio más o menos cómplice frente este tipo de atrocidades que va más allá de este caso policial en particular y la suerte de una banda que uno imagina ya dejó de existir, o se transformó en algo más pesadillesco que otra cosa... Ante su tragedia personal y luego de hacer las denuncias correspondientes, Mailén eligió exponerse para evitar que otras sufran lo que ella sufrió por parte de este monstruito, y entonces Rocío salió a bancarla y a contar lo que le pasó y sabe que le pasó a otras, y entre las dos las dos rompieron una inercia macabra de una vez y para siempre, y aunque depravadocs siempre hubo y habrá, a partir de ahora las víctimas ya tienen un par de buenos ejemplos a imitar y mucho depredador se la va pensar dos veces antes de pasar a la acción, y es por eso que me gustaría dedicarles esta canción de Sister Rosetta Tharpe, cantante gospel liberada como pocas y abuela del rock, una fuerza de la naturaleza al que la historia ofical del rock suele ningunear, pero que la rompía como nadie:



 


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