07 SEP 2016

Halestorm: Atormentándonos

Previo a su show en Buenos Aires, Lzzy Hale nos cuenta lo que significa ser una power woman en la escena del hard rock mundial
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Por Maxi Poter


Elizabeth “Lzzy” Hale es una de las pocas (aunque cada vez más) artistas femeninas reconocibles en el hard rock y el metal, y la viene peleando desde hace casi dos décadas cuando, siendo una quinceañera, comenzó a transitar el lado pesado de la música junto a su hermano, Arejay.
 
 
“A las mujeres de mi generación, y en especial la de mis viejos, no se las alentaba a vincularse con el rock and roll: ¡esa es justamente una de las cosas en las que no querés que tu pequeña hija se meta! Por todo el tema del sexo, las drogas, pero también porque no hay ninguna garantía de que ahí puedas hacer una carrera”, revela la cantante a Generación B.
 
A principios de 2000, formaron el cuarteto Halestorm y, en 2005, ficharon para una multinacional que vio el potencial en la voz y presencia de Lzzy para sacudir la escena. La apuesta pagó en 2012, cuando su segundo álbum, "The Strange Case Of...", se convirtió en un éxito que les dio un Grammy por el single Love Bites (So Do I) y hasta los hizo sonar en la serie Glee.
 
El grupo llegará por segunda vez a Buenos Aires para presentar su último trabajo, "Into the Wild Life" (2016), en el marco del Maximus Festival, que se realizará el próximo 10 de septiembre en Ciudad del Rock. Y Hale promete un show que será “un caos controlado”.
 

-Varios artistas nos dijeron que trabajar con tu hermano puede ser una bendición y un dolor en el culo al mismo tiempo. ¿Cómo es en tu caso?
 
-Es definitivamente un poco de ambas cosas, ja, ja. Amo a mi hermano, me viene acompañando en esto desde ya hace 19 años. No estaría acá sin él. Pero, al mismo tiempo, tenemos una amistosa competencia de hermanos sobre el escenario, en términos de “quién lo hace mejor”.

 
-¿Por qué hay tan pocas mujeres en el hard rock y el metal?
 
-En los últimos años, veo cada vez más mujeres en bandas y más, también, que van a conciertos de rock. La cosa está evolucionando. Cada generación se siente más y más cómoda haciendo lo que usualmente hacen los hombres. Cuando era chica, tuve la suerte de tener padres que me apoyaron mucho, aún cuando estaban, según me confesaron hace poco, aterrorizados de que yo me metiera en el negocio de la música. Todas las señales de alarmas estaban encendidas para mis pobres viejos. Pero eso no pasa con los padres de esta generación, que ya tienen mi edad y recuerdan lo que significa que te sermoneen con “esto no es una buena idea”. Entonces, más padres hoy responden “sí” cuando la nena les dice que quiere tomar clases de guitarra o formar una banda.  
 
-¿Hubo gente que te miró con prejuicio o dudó de tu credibilidad solo por tu condición de mujer?

-Sí, siempre hubo algo de eso. Ya no me pasa porque llevo años trabajando. Pero, particularmente al principio, la gente se sorprendía porque me veía manejar mi equipo y luego salía al escenario… Era ahí que entendían que iba a estar bien. Todavía está el estigma de ser una mujer en el rock, pero con otras como yo lo estamos rompiendo. En lo personal, nunca le presté mucha atención a toda esa negatividad, porque solo me importa la opinión que tengo de mí. Así que si siento que estoy haciendo un buen trabajo, todo lo que digan los demás no me importa.

-Hablemos del último álbum. Hay un cambio de sonido, con elementos de country y del pop-rock de los 80. ¿Cuál fue la inspiración?

-Somos el tipo de banda que suele tomar influencias raras al voleo. Por eso, cuando estamos por grabar un disco, siempre vamos agarrando lo que nos entusiasma. Porque pensamos que, si nos gusta, siempre existe la posibilidad de que a la gente también le guste. Tratamos de no analizar demasiado. Y no hubo realmente una decisión consciente alrededor de todos esos nuevos sonidos e influencias. Solo se trató de pasarla bien en el estudio y, en última instancia, si algo sonaba bien, es porque era lo correcto. Entonces, ¡a grabarlo! Ja, ja, ja. 

-Compartiste escenarios y festivales con decenas de artistas. ¿Quiénes son los más locos con los que saliste de gira y por qué?

-Uuuhh… Hace unos meses, compartimos un tour con Lita Ford y una banda llamada Dorothy y fue la primera vez que tuvimos un line up de todas mujeres. Y te digo: estuve en la ruta con hombres toda mi vida, y nos ponemos muy zarpados. Pero no hay nada más demencial que estar rodeado de una banda de mujeres del rock, ja, ja, ja. El humor es diferente, todo es una locura. La pasé tan genial que lo vamos repetir en los próximos meses. Así que debe ser locura de la buena.

-Vas a tocar en Buenos Aires con Rammstein, Marilyn Manson, Disturbed, Bullet for My Valentine, Shinedown… ¿Qué me podés contar de ellos?

-¡Uh, me gustan todos! Obviamente, Manson es una leyenda. Cuando vi a Rammstein por primera vez en vivo, no te lo puedo explicar, pero fue la pirotecnia más impresionante que alguna vez vi.  Y, claro, a Shinedown los conocemos desde hace once años. Va a ser genial, son todas personas que realmente admiro. Y estar en 2016 en este lugar de la escena del rock es realmente aleccionador.
 
-Formaste esta banda cuando tenías apenas 15 años. ¿Qué te imaginabas en ese momento?

-Hay una diferencia entre creer que podés lograr algo, en ver qué hay más allá y… Todo lo que quería hacer era encontrar la manera de hacer música por el resto de mi vida, tocar todo lo que pueda. Y nunca me imaginé que íbamos a llegar tan lejos, que mi hermano y yo no nos hayamos matado todavía, ja, ja. Me siento muy agradecida y muy afortunada de ser uno de los pocos artistas que han podido sacar cuatro discos. Conozco muchas personas muy talentosas que nunca pudieron editar ni el primero. Creo que ha sido una combinación de suerte y trabajo duro, pero sea cual fuera la razón por la que estamos acá, estamos muy agradecidos.

-¿Qué podemos esperar del show en Buenos Aires?

-Uh, lo que probablemente vayas a ver es una suerte de caos controlado, ja, ja. Una de las cosas que desarrollamos en los últimos años es escuchar nuestro entorno y escucharnos entre nosotros y, si bien ningún show es igual, porque depende de la energía de la audiencia o cosas que surgen de la nada, a veces a alguno le da un capricho y empieza a tocar algo, y toda la banda lo sigue. Así que hay mucha confianza. Pero, honestamente, si nunca vieron a mi hermano en la batería, les espera una grata sorpresa, porque este tipo es literalmente un solo de batería con patas. Es un gusto verlo.  

-¿Tenés algún recuerdo o anécdota de la última visita a la Argentina? 

Sí, claro, lo que más recuerdo es la gente. Se que esto se lo dicen todo el tiempo, pero se ve la pasión que sienten por el rock. Hace unos años, la primera vez que fuimos, nadie sabía quién carajo éramos, y todos venían al hotel, nos seguían por el aeropuerto… Y durante el recital, el público fue realmente parte de él: lanzaban globos al aire, tenían carteles, todo el mundo cantaba. Nunca había vivido algo así antes. Es un momento que, sinceramente, voy a recordar siempre. Así que gracias a todos, de verdad, por acoger a mi banda en su corazón. 

 


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