03 OCT 2016

Ile: “Hay una conexión entre la música y el alma”

Entrevista con la cantante de Calle 13, que se lanza como solista
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Por Diego Mancusi


A la hora de invitar a un músico a participar en su disco debut como solista, Ileana Cabra Joglar no fue en busca de un ídolo juvenil que le garantizara un hit: se decidió por Cheo Feliciano, prócer de la salsa y el bolero tristemente fallecido en 2014. La voz cavernosa de Cheo se entrecruza con la de Ile en “Dolor”, un bolero compuesto por su abuela en 1955, y así queda establecido el tono del álbum: sentimental, emotivo, intenso, de la vieja escuela pero sin sobreactuaciones vintage. La experiencia de Ile compartiendo escenario con sus hermanos René y Eduardo en Calle 13, más una incontenible melomanía y una denodada pasión por la herencia artística de su Puerto Rico natal, hicieron de iLevitable un álbum tan actual como fuera del tiempo. Nominada a los Grammy Latinos de este año como Mejor Nuevo Artista, Ile se desmarca de todo mandato industrial con una obra en la que -como ella misma define- conecta música y alma.   

 

-El gran público no está acostumbrado a géneros como el bolero tradicional. ¿Tuviste que hacer alguna concesión para encontrarte con la gente a mitad de camino? ¿O hiciste el disco que se te antojó y quien quisiera venir, que viniera?

 

-Hice lo que sentía que tenía que hacer. Como en todo proceso creativo uno pasa por muchos momentos de dificultad, y hubo veces que me preguntaba si debía hacer algo más actualizado. Pero en realidad me fui dando cuenta de que a medida de que me iba sacando esas presiones de encima todo fluía mejor. Así fui poco a poco quitándome de encima esa presión innecesaria de tener que hacer algo actualizado. Me dejé llevar por lo que estaba sintiendo que tenía que hacer, que para era mí la prioridad. Y aparte quería que fuera un disco que transmitiera muchas emociones, que se sintiera esa conexión entre la música y el alma. Se está perdiendo un poco esa música que escuchamos aquí en el Caribe, cosas como el bolero o la salsa gorda (que es como le decimos a la salsa vieja), entre otras musicalidades que tenemos acá y son parte de lo que somos. Se ha ido perdiendo un poco con el tiempo y sentí esa necesidad de trabajar con eso, ya que es algo que a mí me apasiona tanto y con lo que me siento tan identificada.

 

-¿Qué te pasa ahora cuando ves adolescentes expuestos a ese tipo de música gracias a tu disco?

 

-Me sorprende, me alegra y me emociona mucho. Puerto Rico es una islita chiquita con mucha musicalidad, pero lo que se ha dado a conocer para mí no refleja lo que somos en realidad. El bolero es una de esa cosas, porque la gente tiene una idea de lo que es pero no se ha dado la oportunidad de conocer la esencia del bolero como tal, que tiene esa magia y esa variedad de orquestación que a mí me llega mucho y me impresiona. “Dolor” es un bolero bien clásico: que a la gente joven le llegue para mí es un logro, porque no esperaba nada. Estaba más preparada para que la gente lo rechazara más que lo recibiera, je. Así que de verdad me hace pensar que la gente está abierta a recibir variedad musical y dejar de seguir escuchando siempre lo mismo.

 

-El bolero es como el blues: un género que no se puede fingir, viene de lo profundo...

 

-Cuando escucho boleros, la voz tiene mucho que ver. Hay boleros que he escuchado que la música está bien bonita, pero la voz se distrae o no hace que la canción te llega. Pero cuando son buenos boleristas como Gilberto Monroig, la cubana Blanca Rosa Gil, Olga Guillot, Ismael Rivera o Cheo Feliciano -con quien tuve el honor de poder colaborar con él en esta canción- son voces que se llenan de uno. Es una mezcla del color, la interpretación, la cercanía... tenían algo muy completo en sus voces que hacían que la canción se entendiera perfectamente, que llegara. Para mí es lo más importante en el bolero. Ya entonces se complementa cuando la orquesta aporta todo el otro equipaje y hace que el bolero se una cada vez más. Pero lo importante es que llegue, aunque sea con una sola guitarra. Que llegue esa emoción profunda al corazón de la gente.

 

-Alguna vez dijiste que primero, más que cantar, imitabas. ¿A partir de qué encontraste tu voz?

 

-En realidad yo empecé tocando piano. Para mí cantar era algo secundario. Yo disfrutaba imitar lo que escuchaba, pero nunca pensé que me fuera a dedicar a cantar. Fue una combinación de cosas, mayormente de la familia. Empezó con mi abuela, porque ella sí cantaba y para ella la música era algo que se tomaba muy en serio. Cuando ella me escuchaba imitar voces no le gustaba y me regañaba todo el tiempo y yo me reía. Con el tiempo fue entendiendo la necesidad de tener una voz propia, pero me di cuenta cuando finalmente tomé el giro de dedicarme a cantar gracias al grupo. Pero sí fueron importantes los regaños de mi abuela, que de verdad no apoyaba la imitación. Aunque lo hiciéramos en familia por divertirnos, ella nunca lo apoyaba. Me decía “no imites, cántalo como tú”. Ella me hizo ver de otra manera la importancia de la interpretación. Y luego estudiando y escuchando mucha música. Es algo que no me canso de hacer: escuchar diferentes estilos musicales y tratando de analizar por qué me gusta o por qué me gusta esa voz, ese instrumento, esa combinación de cosas. Me gusta cuestionarme mucho qué me crea escuchar música.

 

-A veces uno se cría escuchando la música de sus padres y de adolescente descubre el rock y reacciona contra ella por una cuestión de identidad generacional. Y luego crecemos y nos reconciliamos con ella. ¿Te pasó o en vos todos esos géneros convivieron siempre en paz?

 

-En realidad nosotros como familia escuchábamos muchos estilos de música distintos. Pero desde chiquitos, el que más ponía música en casa era mi papá, y él siempre ponía o salsa o rock. Era lo que más escuchábamos. Incluso dentro de la salsa se exploraba mucho con el funk o con el jazz, como Ray Barretto por ejemplo, que usaba cosas que eran raras de incorporar en la salsa. Fue como que los dos géneros se fusionaron bien y a partir de ahí se fue mezclando todo, que yo creo que es lo que ha pasado con la música hoy día. La gente va descubriendo que se pueden mezclar cosas, que no hay que ser tan purista. 

 

-Te leímos diciendo que la música se distanció un poco de la emoción. ¿Pensás que lo digital tuvo algo que ver con eso? La pérdida del objeto, del ritual de escuchar, del concepto de álbum...

 

-En realidad creo que nos vemos un poco obligados a todo lo que está pasando. Y lo importante es que la música llegue. Todo tiene sus pros y sus contras. El mundo digital, aunque tenga su frialdad, a la vez ayuda a que tu música llegue a otros lugares que jamás pensarías que pudiese llegar, y eso lo hace súper interesante. Lo importante es cómo y dónde uno recibe y escucha la música y cuánto uno profundiza al escucharla. Por eso para mí era importante en este disco dejar claro esa emoción, que se sintiera esa crudeza en las canciones. Porque hay veces que me pasa que escucho música y suena todo bien bonito pero no me transmite nada, lo siento vacío. Y no se logró el propósito que debería tener la música y el arte en general que es que llegue, hasta la persona más fría del mundo le tiene que llegar a alguna parte de su cuerpo. La idea es jugar un poco con eso: que no nos afecte negativamente sino incorporarlo y jugar con eso a nuestra manera.

 

-Después de tanto tiempo apoyando a tus hermanos en Calle 13, ¿cómo viviste la experiencia de ser finalmente la responsable de todo?

 

-En realidad es algo que todavía estoy procesando. Antes pensaba que me iba a asustar más de lo que me pasa ahora, que en verdad estoy muy tranquila y relajada. Siento que todo ese aprendizaje a través de los años me ha ayudado a desarrollarme desde otra perspectiva. Como siempre digo, este disco era algo que siempre estuvo en los planes pero nunca quise presionarme, fue como cayendo poco a poco. Así que de verdad me lo estoy disfrutando al máximo, recibiendo todo y espero que todo siga mejorando con el tiempo. Es todo muy raro pero a la vez bien bonito. 

 


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