19 AGO 2017

La Beriso sigue arrasando en Obras

La banda hizo el viernes su séptimo recital de la serie de ocho. Sumará casi 40 mil personas.
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Por Marcelo Fernandez Bitar
El viernes a la noche, La Beriso volvió a llenar el estadio Obras, en lo que fue el séptimo de ocho shows en el legendario Templo del Rock. Hubo unas 4500 personas, lo cual lleva el total a casi 40 mil personas a lo largo de toda la seguidilla que arrancó en abril y ahora culminará con un Estadio Único el 2 de diciembre.
 
En vivo, La Beriso es un fenómeno impresionante, con un sonido impecable y un repertorio que los fans cantan de punta a punta, con momentos de antología y una comunicación cercana, informal, casi familiar, de escenario a público.
 
La banda invitada fue Barrios Bajos, que tocó mientras la gente iba llenando el estadio para un recital que arrancó poco después de las 21 horas y siguió durante más de dos horas. Ya desde el arranque, con Risas de pobre, el despliegue incluyó lásers de colores y una inmensa calavera que dominaba el centro del escenario poblado con 12 músicos, incluyendo secciones de coros y de vientos. Rolo, con clásica gorrita, cantaba “Que la ironía, la soberbia y la avaricia en mi país ya no existan", mientras el público deliraba.
 
Tras Sin tu amor y No hables, el cantante exclamó “¡Qué viva el rock nacional! Nada ni nadie va a lograr que nos enfrentemos”, desactivando cualquier intento de “pica” entre bandas. Abajo, entre la gente como uno más, Ale Kurz (de El Bordo) disfrutaba del show y seguramente aprobaba la postura.
 
Siguió la cruda descripción de Realidad (“Hoy los diarios no paran de matar”), y el guitarrista Pablo Ferradas se lució con los primeros de varios solos en Mano a mano y Otra noche más, aunque el segundo violero Emiliano Mansilla no se quedó atrás y deslumbró enseguida en Mañana, mientras el pogo se apoderaba de gran parte del campo.
 
Hacia el décimo tema, después de la introducción con guitarra acústica de Un error, Rolo Sartorio comenzó a distenderse y disfrutar con total comodidad de la relación cómplice con la gente, primero poniéndose de espaldas en Venenosa y moviendo la cola mientras lo coreaban. Y después de Una canción preguntó: “¿Como la estan pasando, che?” e hizo un breve sketch con un asistente apodado El Transportador, para luego doblar la apuesta de la informalidad al llamar por teléfono a Cacho Castaña y hacer que el estadio entero lo aplauda antes de dedicarle Whisky doble, que al final engancharon con Copa rota de Los Rodríguez.
 
Promediando el concierto, el tecladista Conde Kung (que ya se había lucido con la intro de Let's spend the night together antes de hacer Vicios) tuvo su momento propio donde tocó un enganchado de Para Elisa con De mí y Los dinosaurios, hasta que volvió Rolo a escena e hicieron el comienzo de Cómo olvidarme, donde luego se sumó la banda.
 
Después llegó el turno del baterista Javier Nicolás Pandolfi, que arrancó su solo sobre una base grabada y terminó sacándose chispas en una zapada con Ferradas y el bajista Ezequiel Nazareno.
 
“¿Todo bien, se quieren ir?”, preguntó Rolo, quien enseguida presentó a los músicos e hicieron Tus ojos. Amagó por primera vez un final, dijo “Bueno, nos vamos, ¿si?” y agradeció contando que “Para nosotros es increíble mirar atrás y ver todo lo que logramos y que estamos logrando”. Anunció la vuelta al Estadio Único y ahí sí comenzó la arremetida final de hits: Miradas, Salir, Madrugada y No me olvides, donde el cantante sorpresivamente se subió a la popular y gritó “¡Chau, muchas gracias Obras!”
 
Casi a la manera de bises, aunque sin abandonar el escenario, La Beriso cerró una nueva noche de antología con Traicionero, Tan sola, Ella y Legui. Entre sus frases finales, Rolo agradeció con un “Muchísimas gracias por la tranquilidad, la pasión y que nadie robe. La revolución hoy es el respeto al otro. Hasta mañana, los quiero mucho”.


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