04 OCT 2016

La vigencia del estilo distintivo de Skay Beilinson

El emblemático guitarrista y cantante acaba de lanzar su sexto álbum solista, “El engranaje de cristal”, donde ratifica su enorme talento y el sonido que marcó a fuego a los Redonditos y a su carrera posterior.
2259
Por Marcelo Fernandez Bitar

 

Hay apenas un puñado de músicos cuya obra recorre prácticamente toda la historia del rock en Argentina. Uno de ellos es Skay Beilinson, que desde fines de los años '60 elaboró un sonido de guitarra único y fácilmente reconocible, y que durante los últimos quince años se lanzó como solista y cantante.

 

Skay acaba de sacar “El engranaje de cristal”, nuevamente bajo el nombre de Skay y Los Fakires, que incluye a Oscar Reyna en guitarras, Claudio Quartero en bajo, Javier Lecumberry en teclados y Topo Espíndola en batería y percusión. En el equipo hay que incluir a Rocambole como “visibilizador” y creador de un arte de tapa que tiene el formato de un disco simple de la época de los vinilos. Además, está Poly como “oficiante” y toda la producción ejecutiva.

 

Disco a disco, casi siempre con una periodicidad de tres años entre un trabajo y otro, Skay fue sorprendiendo a todos con un estilo distintivo que jamás paró de evolucionar y crecer, hasta ubicarlo hoy en un lugar donde se lo siente muy cómodo en su rol de cantante, que una década atrás seguía siendo todo un desafío y aprendizaje.

 

Acá, con “El engranaje de cristal”, el resultado es maravilloso: nueve canciones y un tema instrumental final que reflejan con precisión todo su universo sonoro y poético. El inicio es con una suerte de leyenda o pequeño cuentito persa donde se luce una guitarra acústica digna de “Led Zeppelin III”, con percusión, cierto aire árabe (está Jorge Elía como invitado con su derbake) y un clima ascendente que desemboca en un final alucinado, tipo A day in life, que nos subraya que el viaje musical ha comenzado.

 

Para el segundo tema (Quisiera llevarte) llega un punteo de guitarra eléctrica “harrisoniana”, un mid-tempo hechizante y una letra que confiesa: “Quisiera llevarte lejos de aquí, allí donde los dioses detienen su andar... las musas guían tus pies, ¡despliega tus alas!”.

 

Con Egotrip aparece un riff bien ricotero, pegadizo, adictivo y apto para el pogo, con un ajustado entrelazado musical de una gran banda. En otros tiempos hubiera sido un gran single radial, aunque hoy bien podría trepar por los rankings de Spotify. La letra quizás dé pie a polémicas en redes sociales, ya que habla del ego y una persona que dice “El rey soy yo, siempre yo”...

 

El único track con composición compartida es El equilibrista, con letra del poeta, periodista y músico Daniel Amiano. La estructura musical tiene varias partes, intercalando delicadas guitarras acústicas con estupendos tramos de rock y blues, donde no falta un solo bien podrido.

 

En la fragua también parece comenzar en plan acústico, con slide, y en la tercera estrofa llega un riff bien Beilinson, mientras canta sobre un herrero y su oficio de forjar un alma golpe a golpe, reduciendo al orgullo y a la vanidad. En vivo seguro que van a saltar chispas.

 

El sexto tema abre el supuesto lado B del simple con La procesión y un regreso del aire árabe que tan bien le queda a la música de Skay, que sigue a fondo las enseñanzas de Zeppelin, que demostraron que un rockero puede ser pesado y delicado a la vez. El remate de una letra que describe una contienda bélica en que todos regresan vencidos, “menos la guerra, que nunca pierde”.

 

Luego viene el poderoso, tribal y épico Chico bomba, con incandescente solo y guitarra y el pie perfecto para fundirse en La calle del limbo (también con riff y melodía ricotera), como si fuera el tramo final de un recital. De hecho, enseguida llega la última canción: El carguero del sur, una sencilla descripción de un tren que llega a la estación, con esa característica cualidad que vincula a versos aparentemente simples con la profundidad de un texto sufi.

 

El cierre instrumental es Epílogo, un exquisito punteo acústico que nos recuerda que todo viaje tiene un final y es el momento donde uno a veces se siente más lleno, más sabio y más feliz. Tal como ocurre aquí.

 


Seguinos en Facebook

Seguinos en Twitter