28 NOV 2016

Las grandes anécdotas del rock

El legendario manager argentino Peter Deantoni lanzó el libro “Pappo made in USA”, donde cuenta toda su experiencia con Norberto Napolitano y también historias de rock y descontrol con Rod Stewart, The Police, Los Abuelos de la Nada y hasta Nito Mestre
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Por Marcelo Fernandez Bitar

¿Cuál es el inesperado  denominador común entre Rod Stewart, Los Abuelos de la Nada, The Police, Nito Mestre, Frank Sinatra y Pappo? Nada menos que el productor y manager Peter Deantoni, un pionero del rock argentino, que trabajó con todos ellos, y que ahora reunió una colección de historias y anécdotas impresionantes en su flamante libro “Pappo made in USA (En la ruta del delirio)”.

 

A lo largo de casi 200 páginas y una veintena de fotos imperdibles, Peter cuenta una serie de historias que desembocan en un largo capítulo sobre la experiencia de Pappo en Estados Unidos, cuando viajó para tocar con B.B. King en el Madison Square Garden de Nueva York... y cuando se perdió la oportunidad de integrar un supergrupo con Carmine Appice y Tim Bogert, de puro zarpado nomás.

 

-Vos pertenecés a una primera camada de managers del rock argentino, tan pioneros como los músicos con los que trabajaban.

 

-Sí. ¡Éramos kamikazes! No había una escuela, no habia nada. Saltábamos todos sin red a cada proyecto y desafío nuevo. Estábamos todos subiendo las escaleras al cielo juntos. La primera banda con la que trabajé profesionalmente, por ejemplo, fue Color Humano. Ensayaban en mi casa porque después de Almendra no tenían adónde ir, les llevaba los equipos con mi camioneta, un día me pidieron que les hiciera el sonido y otra vez me pidieron que cobrara los shows. ¡O sea que estaba haciendo de transportacion, sonido, plomo y cobranzas! Hoy eso se llama “manager” o “road manager”, pero antes no se sabía. ¡Hoy hay más de 40 personas alrededor de un artista! Por eso ahora estoy haciendo charlas para contarle a los más jóvenes cómo era todo cuando apenas había télex y fax.

 

 

-¿Es cierto que la visa para trabajar en Estados Unidos te la consiguió Frank Sinatra?

 

-Te cuento. Un día sonó el teléfono en casa a las tres o cuatro de la mañana. Me hablaron en inglés y pensé que era un amigo medio bromista haciendo una de las suyas. Pero la voz dijo que era el production manager de Frank Sinatra, que dentro de dos días iba a estar en Buenos Aires, y me citó al Salon Pampa del Hotel Sheraton. Nos encontramos y ahí me enteré que seis meses más tarde vendría a cantar al Luna Park y el Sheraton. Armé un equipo de gente muy idónea, todo salió bien y después del show Sinatra estaba de tan buen humor que quiso saludar a todos los técnicos. Algunos le pidieron autógrafos y otros le pidieron fotos. A mí me preguntó qué quería, y yo le dije, “Una visa de trabajo para Estados Unidos, que es muy difícil de conseguir”. Se rió. ¡No se imaginó la respuesta! Pero me la consiguió y eso me abrió muchísimas puertas y trabajos, como iniciar las negociaciones para contratar a los Rolling Stones, o haber ido con Pappo al Madison con B.B. King.

 

-¡Cómo surgió la idea de hacer este libro?

 

-La gente de editorial Planeta me contactó y logró el milagro: que hiciera algo que mi hija Cecilia me venía insistiendo hace tiempo, que era contar mis anécdotas e historias del rock. El otro día, mi hijo me reprochó “¡Pa, otra vez contaste en una nota la anécdota de B.B. King!”, pero él la viene escuchando hace años, y mucha gente no la conoce.

 

 

-¿Cómo fue el encuentro con Rod Stewart cuando vino a ver los partidos del seleccionado de Escocia en el Mundial '78?

 

-Fui al aeropuerto, lo saludé y le presenté al presidente de la compañía discográfica que editaba sus discos. “Fuck him!”, me dijo, y preguntó quién tenía cocaína para su naricita. “Está en el hotel”, le aseguré, y me dijo que entonces éramos amigos. Pasamos cuatro o cinco días juntos, fuimos a ver el partido inaugural en River y luego a Cordoba, donde Escocia perdió 3 a 1 contra Perú. Era un tipo muy informado sobre fútbol, con mucha calle y muy simpático. Me lo volví a cruzar en Los Angeles, y le llevé una pelota firmada por Maradona y un vino Valmont, que le habia gustado cuando estuvo acá.

 

-Por lo que contás en el libro, Pappo tuvo muchas oportunidades increíbles, y las perdió. ¿Se boicoteaba, o era como el dibujo de la tapa de su último disco, con un angelito sobre un hombro y un diablito sobre el otro?

 

-No estoy para juzgar lo que hizo, nos peleamos mucho por sus actitudes, nos amigamos después de muchos años, y enseguida tuvo el accidente.Yo lo definiria con una frase de Miguel Abuelo: “Satán pinchó su cola y esta vez fue sobre mí”. Le tocó, era así, y le pasó lo que no tenía que pasar. Grabamos con Carmine Appice y Tim Bogert, por ejemplo, dos leyendas del rock, la base de Jeff Beck y el autor de hits como “Do ya think I'm sexy” de Rod Stewart. Pero se hartaron. Tuvimos dos buenas oportunidades y las perdió. Creo que hay varios casos de artistas argentinos que se boicotearon grandes oportunidades.

 

-¿Se perdió ir a la firma de un contrato millonario?

 

-La historia es que una noche fuimos al The Viper Room, en Los Angeles, y en el baño nos encontramos con Slash, que lo reconoció. Cuando salimos estaba con Matt Sorum y nos invitó a su cumpleaños. De ahí en más empezó la cola de Satán y una cosa llevo a otra... Pappo llegó a casa a las dos de la tarde del día siguiente, se acostó a dormir un rato antes de la reunion para firmar un contrato importante, y justo pasó un amigo a mostrarle un Lamborghini. ¡Para qué! Pappo se subió al auto y volvió diez días después Ya no había contrato ni nada. Se fue todo al carajo, aunque algunas de las canciones con Bogert y Appice salieron en el disco “Caso cerrado”, que tiene todo lo que se grabó en Estados Unidos. Hay dos temas inéditos aún, con gente como John Lee Hooker.

 

-Tu descripción del encuentro de Pappo con B.B. King en Obras es imperdible.

 

-¡Es que fue así! Yo trabajé muchas veces con B.B. King. Me acuerdo que lo estaba acompañando en una limusina que nos alquiló Juan Alberto Badía, llegamos a Obras y entramos caminando a la parte de atrás del escenario. Preguntó quién estaba tocando y le dije que era “The Cheeseman”, por Pappo. “No sabía que tocaba -me dijo- llevame al escenario”. Ahí vi que empieza a mover la cabeza al ritmo y golpea el puño derecho sobre el corazón. “Decile que no se vaya, que quiero tocar con él”, pidió. Se lo conté a Pappo y dijo que se iba a refrescar un poco en los piletones del club, donde se quedó dormido. Sobre el final del show, lo fue a buscar Botafogo y se puso el pantalón de cuero a las corridas, todavía mojado y por eso le subió hasta la cola nomás. Lo demás es historia: cuando tocaron juntos, B.B. dijo de contrarlo y llevarlo al Madison.

 

 

 

-Ultima: ¿ qué recordás al escuchar un tema de Los Abuelos de la Nada como “Lunes por la madrugada”?

 

-Me imagino los micros de gira. Yo me sentaba en el asiento de adelante, salíamos los jueves y no volvíamos hasta el lunes por la madrugada. La experiencia con Los Abuelos fue increíble. Estábamos en el medio de algo grande, sin saber dónde estabamos. Eramos unos siete u ocho delirantes sin control de ningún tipo, por suerte con un equipo técnico buenísimo, con cuatro cinco egos fuertísimos dentro del grupo. Tuvimos momentos de gloria total. Grabar en Ibiza fue una epopeya increible. 

 

-Iba de fiesta en fiesta.

 

-¡No íbamos de fiesta en fiesta, sino que vivíamos de fiesta! Era una fiesta interminable. Fue un momento muy lindo.


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