17 MAR 2016

Marina and the Diamonds hizo explotar el Teatro Vorterix

Antes de cantar en San Isidro, la estrella inglesa llenó en Colegiales de fans enardecidos.
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Por Marcelo Fernandez Bitar

Por Marcelo Fernández Bitar (@fernandezbitar)

Fotos de Victoria Lagos

 

Ya se sabía que había entradas agotadas, lo cual anticipaba un recital con todo el fervor de los fans más entusiastas. Tal cual: el Teatro Vorterix estaba lleno desde temprano, a la hora señalada de las 21 no había más lugar, y las expectativas eran enormes. Quince minutos después, tras una animación de un monito en la jungla que se vio en la pantalla gigante de video, apareció la banda y luego la tan esperada Marina Diamandis, que a los 30 años es una de las figuras más populares de la escena inglesa del último lustro.

 

Flaca, con ombligo al aire y look glamoroso, en vivo Marina es una mezcla de estrella pop con rockera indie, aunque su música parece buscar la canción pop perfecta. Puede tener elementos de Florence Welch o de Regina Spektor, pero también al look del período más elegante de PJ Harvey, en el 2000. Y cuando se sienta al piano se asemeja a Tori Amos, nada menos.

 

Semejante mezcla de influencias se une en una artista magnética y carismática, que juega con su sensualidad como una Betty Boop, tal como muestran en un momento los videos. Pero también puede ser toda una chica pinup al estilo Bettie Paige. Encima, canta con una voz extraordinaria que no duda en hacer alarde de sus agudos y sus graves, con un registro amplio.

 

En este primero de dos recitales en Buenos Aires (el sábado estará en el Lollapalooza en San Isidro), Marina se ajustó al esquema de su gira mundial “Neon Nature”, que ella misma explicó en castellano “Es un show dividido en tres partes, una por disco”. Así, hizo cinco temas de su primer álbum “The Family Jewels”, cinco de “Electra Heart” y seis del más reciente “Froot”, para rematar en los bises con dos más de este último trabajo.

 

Por supuesto que hubo cambio de vestuario para cada tramo, luciendo desde un infartante catsuit rosa hasta tops dorados o plateados que dejaban su ombligo y cintura mínima al descubierto. Atentos a su estilo, las fans le arrojaron accesorios (se puso uno con estrella roja en la cabeza), regalos, banderas y cartas. Hasta hubo quien le tiró un celular para que se saque una selfie, pero ella no se dio cuenta de la treta.

 

Párrafo aparte para The Diamonds, un cuarteto de guitarra, bajo, batería y teclados que es capaz de llevar a su diva por territorios new-wave, electropop, disco y canciones en el límite con las baladas que luego viran al mid-tempo. El arranque fue con Mowgli’s Road y I am not a robot, que marcó el tono festivo, con el público aullando de manera ensordecedora, pegando saltos y agitando los brazos en alto. Misa pagana, sí, pero en sintonía pop.

 

Antes de hacer el muy festejado Hollywood que cerró la primera parte, Marina agarró unas hojas y habló en inglés y castellano: “Buenos Aires! Hello! I’m so pleased to be here! Me sento muy honrada y estoy muy agradecida por su calor y esta hermosa ciudad. You’re crazy!!”.

 

Para el tramo de su alter ego de “Electra Heart”, Marina lanzó una seguidilla imparable de hits con Bubblegum bitch, Teen idle, la celebradísima How to be a heartbreaker, Primadonna y Lies. Minutos después, cambio de vestuario mediante, arremetió con el beat casi disco del tema Froot y no paró hasta la calma final del lento “nmortal, con el guitarrista sumándose en coros.

 

Para los bises, empezó solita al piano con Happy y volvió a hablarle al público, confesando que era un show muy especial por estar en el tramo final de la gira mundial. Luego presentó a la banda y culminó la noche con Blue, ratificando su simpatía, calidad y estilo original como cantautora decididamente pop.


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