05 MAY 2016

Meteoros en La Trastienda: un debut para el recuerdo

La superbanda dio su primer show en una noche que quedará en la historia
1966
Por Esteban Rial

por Esteban Rial (@RialEsteban)

Foto de Martín Paez (@MartinPaezR_ok)

 

Desde el lanzamiento de su prácticamente perfecto disco debut hacia finales del año pasado, se sabía que eso de ver a Meteoros en vivo no iba a ser cosa de todos los días, ya que, por definición, las superbandas incluyen integrantes con agendas muy pero muy solicitadas. Ese era el espíritu dominante entre la audiencia que se congregó este miércoles en La Trastienda: muchas ganas, la íntima convicción de que se trata de uno de los mejores grupos de la historia del famoso rock nacional y todas y cada una de las canciones bien aprendidas, no por haberlas estudiado, sino por una cuestión de saludable adicción.  

 

El show arrancó con Invisible, con la banda sonando a la altura de su bajista (lo de Cachorro Lopez es cosa seria) y  con Rosario Ortega feliz de la vida por estar ahí arriba cantando los estupendos versos grabados por (la ausente con aviso) Julieta Venegas. A continuación tocaron su megahit Decirnos la verdad y luego avanzaron con No me acuerdo de nada y Desconfío, haciendo gala de contundencia pop y sabiduría alquímica, con Ale Sergi en plan guitarrista afilado y Didi Gutman poniendo los dedos justos en el momento indicado. En ese contexto siempre Cachorro Lopez aparece dando cátedra de economía musical, groove, onda con la musicoterapeuta Ludovica Morrell dándole a la batería como corresponde. 

 

La siguiente canción fue Me puedo programar, de Virus y a partir de ahora también de Meteoros. Fue entonces cuando Rosario Ortega dejó su lugar a Vicky Bernardi, y a favor de una y otra puedo decir que ni por un instante se me ocurrió extrañar a la muy carismática diva mexicana, y se sucedieron la bellísima Detenerme, Contradicción, Yo no puedo hacerte ningún bien y La Ciudad, el tema fogonero con la que cierra el disco, y supongo que el lector de esta crónica conoce los temas y sabe que cada uno merece su propio párrafo como mínimo, pero seguramente no sea este ni el tiempo ni el lugar.

 

Acto seguido volvió Rosario -con sus muy lindos pantalones- y tocaron esa obra maestra titulada Esclavos del silencio, seguido por nada menos que Buscando un símbolo de Paz (clásico de Charly García que ya lucieron en el último Lollapalooza) y No hay tiempo (solo los títulos de su lista de temas ya son una obra de arte y un manifiesto ético y estético). 


Habiendo tocado todos los temas de su disco, se despidieron con Lunes por la madrugada, con toda la euforizada asistencia encantada por estar compartiendo un miércoles a la noche con el abuelo de la nada Cachorro López, y luego repitieron Decirnos la verdad, porque a los buenos consejos no está nada mal reforzarlos un poco.

 


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