21 NOV 2017

Música ligera pero no tanto

En la era de los emojis Esteban Rial insiste con Bob Dylan
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Por Esteban Rial

No se que pensarán ustedes a nivel Latin Grammy, pero mi punto con el entendible ninguneo a nuestra industria de anoche en Las Vegas, es que más allá de que la polémica en el rock local está servida, si Martín Lousteau hubiese hecho su laburo en Washington DC en vez de volverse acá a no se qué, mínimo los Miranda! se traían para Buenos Aires el premio gordo que se ganó mi tocayo colombiano más famoso (felicitaciones Juan Esteban, alias Juanes, por poner tan alto nuestro heroico nombre), pero bueno, yo algunos ajustes en política internacional metería (onda Bebe embajador, no se que pensará Florencia), y en política económica ni te cuento porque me organizan manifestaciones en la puerta de La Viola Bar The Roxy Live, Palermo Sunset Boulevard.

Lo cierto es que nivel grandes ligas, lo de esta semana Coldplay versionando a Soda Stereo marca el inicio de un clásico de la demagogia gringa y foránea bien entendida, nada más ni nada menos que una gentileza para el supuesto público supercopado que algunos dicen que somos (cuando queremos) por parte del artista versionando un clásico del famoso Rock Nacional...Nuestro medio siglo de historieta está repleto de bonitas páginas de canciones latinoamericanas simples y directas, por momentos poéticas y esperanzadoras como pocas canciones en inglés pueden serlo, que al final el alma sensible e intelectual de occidente fue, es y siempre será latina, y el argentino es la modalidad del español más atrevida y soprendente, por no afirmar superior (Argentina, Argentina!).

Ya desde la última vez que vinieron The Rolling Stones me quedó la impresión que un poco falló su entorno a la hora de intentar lo supuestamente inimaginable, y que sin saberlo los próceres piratas (que devuelvan Las Malvinas!) se quedaron con las ganas de tocar un tema de Norberto Napolitano y expandir su propia experiencia de mística populista gratificante e instantánea que sólo el pop posibilita, y que tienen en su vertiente argentina una cosa auténtica tana berreta y contagiosa muy mundialista.


Hasta donde entiendo, está camino a volverse un clásico del periodismo musical el preguntarle al artista anglosajón sobre sus favoritos de nuestro rock más o menos pop con punch suficiente como para ganarse la simpatía de músicos a los que les encanta sumar sabor, saber y vocabulario latino… La mescolanza entró en otra fase, y pretender ignorarlo es ridículo, pero nuestras clases medias altas, altas y altísimas todavía pesa una suerte de complejo de inferioridad bastante entendible desde el punto de vista tilingo y chanta dominante, pero que a la hora de los bifes y los negocios no tiene demasiado sentido. Como en todos los negocios, quien se anime antes y mejor a lo que se viene será el ganador, pero igual la economía de bolsillo está muy ardua y a nivel marcas el mareo es constante y estable, pero yo creo que en el 2018 van a caer varias fichas, y que acá el negocio no es tanto traer a Buenos Aires números internacionales para consumo local con el importante riesgo de sapo que ello implica como hacer de nuestras pampas un excelente destino turístico internacional para consumir música a toda escala, pero evidentemente con este atraso cambiario todavia nos faltan algún cimbronazo.

Otra cosa grosa que pasó a nivel mundial en estos días es que salió el “Trouble No More”, volúmen 13 de The Boottleg Series dylaniana, con música en vivo, sala y estudio de Bob Dylan entre 1979 y 1981, sus gloriosos años de predicador cristiano apocalíptico, cuyo sampler de spotify les dejo acá para que se arrepientan de sus pecados y se dejen alvanzar sin esa Gracia Santificante sin la cual estamos todos fritos:



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