16 AGO 2016

Nacho Vegas: “Cantar no es inocente”

El asturiano vuelve a la Argentina para presentar su EP Canciones populistas.
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Por Diego Mancusi


“Dejé de lado el nihilismo, me parecía demasiado pernicioso”, declaró hace poco Nacho Vegas. Indicios de su renacida conciencia política no faltaban: sus últimos álbumes salieron por Marxophone, que además de un sello es una cooperativa de músicos, y su EP de 2015 lleva por título "Canciones populistas" e incluye -entre otros temas- una versión de Love Me, I'm a Liberal, del cantautor de protesta estadounidense Phil Ochs. La agitación en el panorama socioeconómico español no pasó desapercibida para el asturiano, que como parte de su gesta para alejar a la música popular del elitismo se presenta el 27 de agosto en Hispano de La Plata y el 28 en Ciudad Cultural Konex de Capital Federal.    

  

-En la Argentina la palabra “populismo” se usa para hablar de lo popular pero a la vez de una forma de gobierno demagógica. ¿Jugaste en el título del EP con ese doble sentido?

 

-En España ocurre lo mismo: es el demonio el populismo. Lo que pasa es que precisamente en el interior de la funda del disco una cita de [la politóloga belga] Chantal Mouffe que dice que no soporta que a cualquier alternativa que se propusiera al discurso neoliberal se la tachara despectivamente de populista. Eso es lo que ocurre, cuando en realidad el populismo más utilizado ha sido el de derecha. Y el más peligroso, además. Es el que está utilizando Donald Trump en Estados Unidos. Creo que hay otro populismo más interesante, y por esta demonización del término que me reventaba quería llamar a mi disco "Canciones populistas". Pero además hay una intención más seria, que es que los que nos dedicamos a esto hacemos música popular, pero la música popular está tomando una deriva elitista muy peligrosa, por lo menos en España en los últimos tiempos, con todos los festivales patrocinados por bancos, operadoras telefónicas o cerveceras. Esa deriva elitista es la que yo opongo al populismo. Serían unas canciones que intenten en la medida de lo posible en un sistema capitalista devolverle a la música popular la horizontalidad que siempre tuvo. Porque en realidad la música popular la vimos en los medios en toda nuestra vida porque lleva un siglo así, pero durante miles de años se transmitió en forma horizontal, de generación en generación, y no medió el mercado en ella cuando sí lo hacía en otras áreas de la vida. Entonces el populismo implica un gesto y una voluntad de cambiar esta deriva.

 

-En el material de prensa decís que la música debe mantenerse “fuera del capitalismo”. ¿Cómo hacés para lograrlo, sabiendo que ya sólo para difundirla necesitás a YouTube, a Spotify y demás?

 

-No, es imposible estar fuera del capitalismo, es imposible sustraerse a él salvo que te conviertas en un ermitaño o un terrorista. Pero uno se puede convertir en un terrorista de la canción, a lo mejor eso sería la solución. ¿Cómo lo hacemos? Enfrentándonos a múltiples contradicciones, a un montón de dilemas y posiblemente a decisiones equivocadas. Pero creo que lo importante es ser conciente de ello y tomar posiciones y no tener miedo de ello, porque de hecho hacer canciones siempre es tomar posición frente a la realidad. Cantar no es inocente, no es sacar una foto neutra al horizonte. Te estás posicionando aunque hables de las cosas más íntimas. Y en realidad uno puede marcar dónde quiere estar, cómo quiere que su música se utilice, y con gestos de muchos músicos podemos cambiar este rumbo.

 

-Hace poco dijiste que abandonaste el nihilismo. ¿Hubo algún hecho puntual que te despertara la conciencia?

 

-Hubo un hecho puntual que nos afectó aquí en España, que fue el 15-M. Yo no militaba pero estaba cerca de los círculos militantes de izquierda y tenía al lado de casa las barricadas, porque aquí en Asturias -en Xixón en concreto, la ciudad desde la que te hablo- se vivieron luchas obreras muy importantes que acabaron todas en derrotas y fueron fuertemente reprimidas, y por eso tenía esa mirada derrotista. Que yo creía que era algo endémico de los asturianos, que somos un pueblo muy luchador pero a la vez como hemos sufrido tantas derrotas yo me resignaba a esa mirada. Pero con el 15-M las cosas cambiaron. Antes se hablaba de política en los pequeños círculos de militancia o por algún hecho puntual. Cuando se hablaba de música se tenía que hablar de música y no de política, era como una cosa diferente, un rollo. Lo mejor del 15-M fue que la política llegó a todas partes. Salías a la calle y en el supermercado la gente estaba hablando en el política. En el autobús, en cualquier bar. De repente la gente se dio cuenta de que la política no era esa cosa que hacían unos hombres blancos de traje en unos despachos y que solamente les concernía cuando tenían que votar cada cuatro años, sino que era una cosa que le estaba haciendo daño mucho daño a muchas personas, porque la situación estaba volviéndose muy dramática con la crisis, con los deshaucios, con los despidos, y que se tenía que hacer algo con respecto a ello. Ese fue un punto de inflexión que influyó no sólo en mi música sino en la de muchos de mis compañeros de generación.

 

-Al hacer música con mayor carga ideológica explícita te habrás encontrado con que tenías seguidores que no creías tener, gente que te escucha pero no coincide con tu postura. ¿Te corrió algún fan por la contraria en lo que al “mensaje” respecta?

 

-Me pasó con "Canciones populistas", con "Resituación" y con alguna declaración mía en alguna canción anterior. Yo me di cuenta de que tenía algún seguidor de derecha. Los que llevamos toda la vida siendo de izquierda nos creemos en algún momento que la gente buena está a la izquierda y todos los gilipollas y malos están en la derecha, y de repente aprendes que hay muchos gilipollas en la izquierda y que hay gente razonable y simpática en la derecha. Me encontré muchos seguidores que aún discrepando de mis posicionamientos políticos seguían escuchando mis discos, no les parecía algo definitivo. Del mismo modo que extrañaría muchísimo que la gente de derecha no apreciara a Violeta Parra, por ejemplo (sin querer compararme ni muchísimo menos con Violeta Parra, por favor). Sí me he encontrado eso y también con gente más joven que de forma natural se acercó a mi música porque habían crecido con su primera experiencia política a partir del 15-M y me conocieron a raíz de eso. 

 

-Versionaste a Phil Ochs. ¿Es más difícil cantar con cierta intención política hoy, que somos mucho menos inocentes e idealistas, que en los 60 y 70?

 

-Bastante más difícil, la verdad. Recurrí a alguien como Phil Ochs o a un poema de 1954 de [la autora española] Gloria Fuertes porque seguían siendo muy vigentes hoy en día, pero es cierto que se hace más difícil la canción política hoy en día. Vosotros también lo vivísteis: por desgracia España y Argentina compartimos el haber vivido una dictadura fascista y la canción de autor que surgió en aquellos años era antifascista, se oponía al régimen, tenía un enemigo claro. Sin embargo ahora en España venimos de tres décadas de regimen neoliberal, y no es lo mismo hacer canciones antifranquistas que hacer canciones antineoliberales. Cuesta más encontrar esa vía de expresión. Por eso yo propongo que la intención política no pase sólo por el contenido de las canciones (aunque a mí me guste hablar de ello en algunas ocasiones), sino por los gestos, la manera de vincular tu música a algunos colectivos o algunas luchas determinadas de las que se están planteando ahora. Esa es la manera más clara de crear himnos antineoliberales, aunque espero que surja alguno.

 

 

-Capusotto hace un chiste diciendo que el rock es un invento de los conservadores para distraer a los jóvenes y darles algo más divertido que luchar por la revolución. Además de un canal para transmitir un mensaje, ¿puede ser una distracción frívola el rock?

 

-Sí, por supuesto. Una cosa que tiene dos caras en la música es el humor. Como lo utilizaba Phil Ochs, que para mí es un maestro en hacer canciones políticas pero no solemnes, sino cargadas de ironía y humor. Pero también el humor en su vertiente no tanto irónica como cínica, fue utilizado mucho por grupos de los 90 y los 2000 en España, y digamos que al final tenía un efecto desmovilizador, eso de hablar de la realidad de una manera descreída. Eso es algo que interesaba mucho al sistema neoliberal, porque el discurso hegemónico que ellos buscaban pasaba por despolitizar cualquier gesto cultural, y esa mirada frívola interesaba mucho al sistema. Hablar de cosas que no fueran problemáticas interesaba mucho al sistema. Eso también pasó en los 70 en España, cuando llegó el PSOE y de repente lo que se llamó la Movida Madrileña visibilizó a muchísimos grupos que hablaban de cosas que eran divertidas. Con el franquismo todo era muy gris y de repente se empezó a hablar de cosas divertidas y un poco transgresoras y se hizo más divertido España en ese momento pero a la vez pasaban cosas muy duras y se estaban reprimiendo luchas muy importantes y de eso no interesaba que se hablara. Por eso a la vez que la Movida Madrileña era auspiciada y subvencionada en cierto modo por el gobierno del PSOE, existió un movimiento como el rock radical vasco, con grupos como Kortatu o La Polla Records que realmente hablaban de la realidad social que se vivía en Euskadi y eran grupos que no salían en los medios, a pesar de que tenían un gran apoyo popular y vendían más que los grupos que salían en El País y otros periódicos importantes de aquí. Fue otra manera de utilizar la hegemonía cultural en favor del sistema: usar esa frivolidad que tú dices como arma política. La dimensión política no es sólo la que tú le das de forma activa a tu música. Si tú no le das un poder político a tu música se lo van a dar otros.

 

-Solés exponerte bastante en tus canciones. ¿Hasta donde sos vos el que habla y donde empieza el personaje que te gustaría ser?

 

-Generalmente los personajes que creo en las canciones no son los que me gustaría ser. Digamos que hablan de zonas un poco oscuras. Hablan de esas cosas que no comprendes muy bien de ti mismo y del mundo que te rodea, y por eso son las que nutren las canciones. En realidad aquellas cosas que me resultan más armónicas en la vida no me provocan hacer canciones, y sin embargo son las que yo quiero que existan. Es como ponía el ejemplo el otro día. A un amigo le decía que yo me encuentro a muchos amigos que están siendo padres por primera vez: en mi generación la gente está siendo padre muy tarde, a los treintitantos o los 40. Entonces te encuentras a una pareja que te dice “vamos a ser papás” y te emocionas y te parece muy bonito, el mundo funciona, los dos muy enamorados, muy ilusionados y es perfecto. Yo con eso obviamente no hago una canción pero me parece genial y marcho contento. Sin embargo, si al cabo de dos años me entero de que se han divorciado, tienen el crío por el medio, andan con discusiones y haciendo chantajes emocionales con el niño, eso me provoca un desasosiego y un desorden que a lo mejor sí me provoca hacer una canción. 

 

-Sos un habitué del EP como formato. ¿Qué ventajas le encontrás?

 

-Sí, es algo que hago desde el principio. Desde hace años me planteo que cuando entro a grabar un disco va a ser un álbum y va a salir un EP posterior. En los EPs hay canciones que forman parte de las sesiones del álbum, luego grabo algunas canciones nuevas y entonces se convierten en hermanos pequeños de los álbumes, y anticipan de alguna manera lo que vendrá en el siguiente. Y es un formato al que yo le tengo mucho cariño, porque yo crecí comprando EPs de grupos indies ingleses y americanos, y he procurado cuidarlos mucho. No son en ningún caso discos con canciones de desecho, sino que son canciones que están en el disco por derecho propio. Son discos que te permiten cierta libertad porque al ser más cortos pueden ser más heterogéneos, no requieren la unidad que tiene que tener un álbum. Entonces puedes focalizarte en menos canciones. Y también me gusta que sean discos ninguneados por el mercado. Para el mercado sólo existen los álbumes y los EPs son cosas del pasado. Pero el hecho de haberlos cuidado es algo que lo han apreciado mis seguidores y siempre lo reciben bien. 


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