30 NOV 2016

New Order en Buenos Aires: Música incompleta

Con muy poco, la banda inglesa hizo su mejor presentación en el país.
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Por Maxi Poter


Los últimos antecedentes no habían dejado la vara muy alta. Más allá de esa histórica primera visita de noviembre de 2006, que resultó ser el último concierto con Peter Hook y la antesala de un patético divorcio cuyo conventillo aún perdura, las presentaciones de New Order en Buenos Aires no fueron muy felices. Vino un ensordecedor show en un estadio Obras hecho un microondas en 2011, que tuvo como cuota sentimental el regreso de la tecladista Gillian Gilbert al grupo, y luego una deslucida performance en el Lollapalooza de 2014, en el que parecieron, más que nunca, un “acto de nostalgia”.

 

Lo de anoche en el Luna Park tuvo otro semblante. Los de Manchester llegaron ahora con un nuevo (y muy buen) disco bajo el brazo, "Music Complete", el primero sin “Hooky” y con un sonido que los reencuentra con su lado más pistero. Y en un estadio cerrado, con una puesta en escena cuidada en luces y pantallas, terminaron por marcar la diferencia: actuales y arregladitos, esta fue la mejor imagen del quinteto en el país, lo cual no significa que haya sido un gran espectáculo.

 

Es que New Order en vivo no es una banda divertida y, por momentos, se hace muy difícil de escuchar. Suenan saturados, desprolijos, mal ecualizados, estridentes, y no es culpa de esa particular “caja de resonancia” que es el ex “Palacio de los deportes”. No: ya son así en directo, y es algo que, lejos de mostrar su herencia post-punk potente y sanguínea entre tantas máquinas y secuencias, termina barriendo con todos los arreglos y matices que tienen sus canciones. El piano de “Crystal” desapareció, el coro de ranas de “The Perfect Kiss” murió ahogado y momentos que podrían (más bien deberían) ser delicados y épicos, como la maravillosa “Your Silent Face”, se convirtieron en una bola de sonido. 

 

La falta de gracia y carisma en escena no contribuyen: es una banda que no contagia. Pero claro: se impone la contundencia de clásicos como “Bizarre Love Triangle”, “True Faith” y “Blue Monday” y, de pronto, tus pies importan mucho más que cualquier cosa que estés pensando o viendo. Y si el cierre es un certero ataque al corazón con “Transmission” y “Love Will Tear Us Apart” como  homenaje a Joy Division, ya está: es suficiente para sentirse pleno, por más incompleto que todo esto haya sido. 

 

Fotos: Gallo Bluguermann


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