07 JUL 2016

Octafonic: holofónico y a oscuras

Crónica de una noche donde escuchar un disco se convirtió en una experiencia novedosa
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Por Sebastián Grandi

Que Buenos Aires tiene una oferta cultural que no tiene nada que envidiarle a las grandes capitales del mundo es algo que se sabe. Que algunas de las opciones artísticas que se ofrecen en la ciudad podrían ser la envidia de Nueva York o de Londres, no tanto. En el Centro Cultural Konex, por ejemplo, hay un lugar para escuchar música holofónica. Se trata de un espacio creado en febrero de este año donde su anfitrión, el inventor e investigador de sonido Hugo Zucarelli, pone a prueba grandes discos clásicos de todos los tiempos para ser escuchados en este formato. Por allí suenan los Beatles, Gustavo Cerati, Radiohead y Tool, entre otros. El sonido holofónico desarrollado por Zucarelli permite escuchar la música en una nueva dimensión más allá del plano horizontal-vertical. En otras palabras: los parlantes de Zucarelli le hacen creer al oyente que está en medio de la banda, como si uno fuese el único espectador en el centro de un ensayo fenomenal. Es más: el inventor asegura que se llegan a escuchar hasta los sonidos subsónicos, es decir, aquellos que el oído humano es incapaz de percibir. 

 

En este contexto Octafonic mostró su nuevo disco a la prensa y a algunos fans presentes en el evento. En dos funciones en el Konex, este martes se puso a prueba “Mini Buda” para ser escuchado como nunca antes. El álbum llegará a la calle el 15 de julio, de manera que esta atípica avant premier sirvió también para saber de qué se trata. 

 

Martes a la noche: la gente hace cola para escuchar un disco a oscuras

 

El método de Zucarelli para concentrar todos los sentidos en la música es muy simple: escuchar en la más profunda oscuridad. “Pink Floyd te pone pantallas y fuegos artificiales -dijo en la presentación-, nosotros apagamos las luces que es más barato.” Zucarelli trabajó con Floyd en “The Final Cut”, asi que sabe lo que dice. Aunque no tenga los mejores recuerdos de esa experiencia, su pasado junto a los ingleses o a Gustavo Santaolalla y León Gieco en el tour “De Ushuaia a La Quiaca” obligan a que uno le preste atención a su mensaje. Estar casi una hora a oscuras es algo atípico en la rutina del hombre común y muy atípico en la del periodista hiperconectado. Escuchar un disco sin otra cosa que hacer, sin distracciones posibles es también, un desafío superior. 

 

Antes de apagar las luces, Nico Sorín, voz y líder de Octafonic agradece la presencia y ofrece unas palabras: dice que es un disco lúdico, distinto al revelador “Monster”. Dice que habla de la vida, la muerte y de Dios. No escuchó sus propias canciones en este formato, asi que la novedad vale para él también. Se lo nota nervioso y ansioso, como a casi todos. 

 

Una vez que se apagan las luces y la oscuridad es total, los primeros minutos son asfixiantes. Las manos transpiran, uno no sabe si cerrar los ojos o dejarlos abiertos. Empiezan las preguntas: ¿Qué voy a hacer? ¿Y si me llaman por teléfono? En un cine o en un concierto no me importa porque estoy haciendo otra cosa, ¿pero acá? Sentado en una de las butacas de esa sala del Konex, mientras el disco empieza a sonar, la inmediata sensación que sigue es la de empezar a ser parte de la banda, sumergirse en el sonido que llega mucho más que por los oídos. Aunque sepa que los músicos están sentados unas filas más atrás, el oyente se siente parte de Octafonic, mezclado entre los instrumentos que suenan fuerte y claro. Nunca escuché estas canciones -y por lo tanto tampoco sé cómo se llaman- pero siento que están siendo interpretadas a metros mío. Entonces cabe relajarse, estirar las piernas, disfrutar. La última vez que recuerdo haber escuchado un disco así fue en la adolescencia, cuando, tirado en la cama, repasaba clásicos de Led Zeppelin o de los Beatles buscando descubrir sus secretos. 

 

Del disco “Mini Buda” habrá que decir que recorre una amplia variedad de estilos. Que las guitarras rockeras estridentes están muy presentes y que hay bases electrónicas que a través de un buen remix podrían sonar en tu pista de baile favorita. Son músicos virtuosos y como nunca esta experiencia holofónica los pone en evidencia. Es una pena que ante semejante calidad de interpretación y composición las letras sean en inglés. El rock argentino tiene una tradición poética muy rica a la que se podrían sumar. Su mensaje no dejaría de llegar lejos por eso. Pero al ser canciones con expresiones mexicanas y estrofas en inglés, el viaje mental se dispara hacia paisajes impensados. Lo inédito del disco no permite mezclar las sensaciones con recuerdos ni experiencias pasadas. Todo es completamente nuevo. 

 

Aunque sepa que los músicos están sentados unas filas más atrás, el oyente se siente parte de Octafonic, mezclado entre los instrumentos que suenan fuerte y claro.

 

Al finalizar la escucha, Zucarelli felicita a los músicos por la mezcla. El responsable de ese trabajo fue Héctor Castillo, que antes trabajó con Björk, Roger Waters y Cerati. Es acá donde se notan las sutilezas y el inventor asegura que Octafonic superó la prueba. El público igual: durante la presentación se animó a aplaudir los temas más rockeros, extasiados ante la única posibilidad sensorial de recibir sonido holofónico. Lo importante, más allá de comprender de qué se trata la propuesta holofónica, es saber que Octafonic tiene un disco estupendo a punto de salir a la calle. Merece ser escuchado con atención con cualquier tecnología. Los músicos son buenos, las canciones increíbles. Y la experiencia en el Konex, única. 

 


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