30 OCT 2015

Oscar Jalil: "El legado de Luca está mal entendido"

El autor de "Luca Prodan. Libertad Divino Tesoro" habla de su investigación sobre el líder de Sumo
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Por Sebastián Grandi

por Sebastián Grandi

 

Luca Prodan fue una rareza en el rock argentino. Desde su aterrizaje en Ezeiza a principios de los años ochenta, nada fue igual. Eso es lo que refleja "Luca Prodan. Libertad Divino Tesoro" (Editorial Planeta), el libro que el periodista y escritor Oscar Jalil escribió luego de años de investigación y de seguir sus pasos. Para los que llegaron a ver a Sumo en vivo, la banda era todo lo contrario a lo que había en el rock argentino de la época. Luca trajo información de Londres, pero también una filosofía de vida muy distinta a la que se acostumbraba en éstas pampas. Su muerte temprana agigantó el mito. Desde entonces florecieron los que dicen haber tomado una ginebra con él y los que creen que son capaces de levantar sus banderas. Sobre éstos temas y sobre los detalles de su monumental investigación, antes de la presentación el 4 de noviembre en el Museo del Libro y de la Lengua, habla Oscar Jalil: 

 

 

-En tu libro queda de manifiesto que la llegada de Luca a la Argentina modificó para siempre la escena local ¿en qué medida te parece que ese legado sigue estando presente? 

 

-Es una figura icónica que está presente en las redes sociales en donde mucha gente levanta altares virtuales, allí los fans intercambian material, fotos y anécdotas de un personaje que no se parecía ni se parece a ningún otro rockero argentino. Esa imagen de autenticidad, entre provocadora y adorable, se mantiene intacta por la muerte temprana de Luca y creo que esa sensación de historia inconclusa lo vuelve mitológico, la anti-estrella de rock, el tipo que era amigo de los linyeras y al minuto podía recitar a Borges. Buena parte del rock argentino de los ’90 se construyó con esa idea de autenticidad, con señas en el barrio y que se plantaba contra cualquier expresión con un aire “careta”. Y creo que es un legado mal entendido, porque Luca al frente de Sumo tenía esa cosa callejera pero al mismo tiempo era una banda imprevisible, que podía ir del reagge al dark rock con total naturalidad, proponía muchos detalles experimentales en cuanto arreglos u estructuras no tan usuales pero desde una concepción de un rock básico. Por eso creo que la expresión Sumo es irrepetible, quizá Las Pelotas se quedaron con algo de ese legado y Divididos a su modo lo llevo hacia otras fronteras como el folklore del altiplano u otras expresiones de raíz argentina.

 

-Hay un gran trabajo detrás de los lugares por donde pasó Luca: Italia, Londres, Hurlingham, Nono... ¿todos esos destinos dejaron huellas en su vida y su música? 

 

-Hay algo de trotamundo en Luca, como el hombre de ningún lugar, su vida es un escape permanente: se fugó de la escuela escocesa, fue desertor del ejército italiano y llego a la Argentina escapando de la heroína. Y aquí se adaptó a las condiciones de represión interna de un país en dictadura, sin resignar un ápice de su espíritu libertario. Cada lugar por donde pasó dejó su huella en la música que primero tocaba con su guitarra y luego se transformó en el corpus de Sumo. Desde las cazonetas de sus tiempos romanos hasta el punk más abrasivo que conoció en Londres justo cuando estaba sucediendo, pero también era un ex hippie que había vivido la edad de oro y la caída libre del rock progresivo. Los postales argentinas son menos notorias, creo que tienen que ver con fotografías como el Abasto o la vida campestre en Traslasierra en Córdoba.     

 

 

-¿Por qué elegiste el formato de múltiples voces para que hablen de Luca y de los distintos momentos de su carrera? 

 

-Llegó un punto en que tenía tantas entrevistas que quedé atrapado en un rompecabezas, por cada momento de la vida de Luca tenía que revisar 50 o 60 entrevistas, era una locura. Incluso era difícil porque algunos entrevistados se contradecían, así que empecé a ordenar esos momentos con la ayuda de Nicolás Miguelez, quién realizó un laburo titánico en la edición final del libro. Un poco el formato de biografía coral quedó determinado por la enorme cantidad de testimonios y la riqueza de los mismos, por eso privilegié correr un poco del foco de atención y dejar a los que conocieron a Luca el protagonismo a partir de sus recuerdos, contradicciones y sensaciones. En total son 19 capítulos, todos ellos comienzan con un pequeño ensayo, que luego dan lugar a los testimonios. A pesar de su extensión, son más de 500 páginas, la lectura es bastante ágil. 

 

-¿Cuál era la relación de Luca con el dinero y con la fama?

 

Luca siempre vivió de prestado desde que llegó a Argentina, nunca tuvo una casa propia, tampoco propiedades, nos sabía manejar porque era miope y nunca se preocupo en tener un auto, vivía con lo puesto, y murió en un conventillo de San Telmo. Nunca se vistió ni se movió como una estrella de rock. Todos datos que hablan de un desapego por lo material.

 

-¿Por qué creés que su carrera musical pudo desarrollarse en la Argentina y no en Inglaterra? 

 

Luca vio un campo totalmente virgen para experimentar con un sonido que aquí casi ni se conocía, desde el after-punk de Joy Division hasta el funk blanco proveniente del sello Factory sumado al reggae y sonidos más clásicos, eran algo nuevo para una escena rockera que todavía estaba atenta al jazz rock y la música progresiva, teníamos varios años de atraso. En Londres convivía con la heroína y un mercado que ya se había comido todo el cambio que representaba el punk, así que ahí era casi imposible que Luca hubiese podido desarrollarse. También hay que agregar que aquí encontró músicos que tampoco encajaban con lo que se hacía y que desde esa decepción surgió una topadora repleto de ideas libres y nuevos modos de plantarse sobre un escenario.  

 


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