29 JUN 2017

Palo Pandolfo: “Que la inspiración me agarre trabajando”

Conversamos con el músico que se presenta este sábado en Rivadavia Rock
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Por Natalia Sarramone
¿Tu disco “Transformación” vino de la mano de una transformación tuya interna, o el título se refiere más a lo musical?
La composición de “Transformación” fue muy diferente a la de “Esto es un abrazo”, porque “Esto es un abrazo” lo compuse más en solitario y de manera automática, o sea, ponés la grabadora y la canción la cantás y la tocás como si ya estuviera escrita, pero en ese momento la estás componiendo, sin cuaderno, sin computadora.
¿Es decir que escribías los temas sin una inspiración previa, simplemente ibas y componías la canción?
Claro, sí, la inspiración que me agarre trabajando. Es nuestro oficio. Pero este concepto de automatismo, para “Transformación”, lo descarté. Y me enfoqué en la melodía. Fui a buscar melodías sin letra ni guitarra. Entonces empecé a tener un montón de melodías que me interesaban, y después con la guitarra fui trabajando la armonía, y luego vinieron las letras. En ese devenir de las letras, llegué a tener 22 canciones. Y en esas 22, en 3 de ellas encontré la palabra “transformación”, y me gustó como icónica. Además es muy significativa para el universo del rock de los últimos 50 años. 
Sin embargo, aunque las letras quedaron para lo último, denotan mucha poesía, ¿Sos un fanático de la literatura o tu aprendizaje proviene solamente de la música?
No, está bien, soy un lector compulsivo, soy fanático de la literatura. En el momento en el que empecé a componer canciones empecé a leer. En el 77, a los 12 años, leí el primer libro de Ray Bradbury, y desde ahí no paré. Pero por otro lado, cuando empecé a hacer música enfoqué en bandas como Pescado Rabioso, Aquelarre, Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros, Seru Giran. Todo eso se llamaba música progresiva, una música que se oponía a la música complaciente, que se diferenciaba de lo masivo. Y uno de los ingredientes fundamentales de esa diferencia era la poesía. Una letra rara y diferente, no algo pachanguero o pasatista, sino profundidad, búsqueda espiritual, psicológica, psicodélica. Yo empecé a escribir canciones siendo un lector incipiente pero también con el concepto del rock nacional de la década del 70. 
Una de las letras de “Transformación” dice “esta sociedad que te obliga a enamorarte…”, ¿Creés que la sociedad nos obliga a ciertas cosas? ¿Por ejemplo, que la sociedad dicta una forma de ser rockero?
Sí, la sociedad nos impone muchas condiciones. El poder capitalista, de 250 años, tiene como concepto  tener a la gente trabajando y siendo consumidores, y trabajando más de la cuenta. Porque si lo pensás, no necesitás tantas cosas. Estamos trabajando para poder comprar todo lo que la sociedad de consumo nos propone. Y eso te coarta totalmente, porque yo con tener un gallinero con unas gallinas y una pequeña huerta podría sobrevivir. Vivimos un sistema de super-producción en serie, hacer productos uno tras otro y que se tenga que comprar y vender, comprar y vender. Eso te condiciona bastante. Vivís en un sistema cerrado, de consumo, y si querés bajarte de ahí no se cómo vas a hacer, tenés que ser un paria loco en un campo o ser un hippie. 
Y desde ese lado, ¿creés que la música también pasa a ser uno de esos productos?
Bueno, en buena hora. Cuando firmé los pliegos para el arte de tapa del disco “Transformación”, un día a las 10 de la mañana en una mega imprenta al sur de Parque Chacabuco, salí de ahí orondo y dije: “soy parte de la industria argentina, producto”. Pero orgulloso de eso, qué más que ser un producto, una obra que queda. Yo empecé a finales de los 70, atravesé muchas décadas, y observé que en los 90 fue que hubo un cambio fuerte en el concepto del rock argentino. 
¿Cómo fue cambiando ese concepto de rock?
En los 60 eran prácticamente suicidas. En los 70 anarco revolucionarios rupturistas que querían patear el tablero, cambiar las estructuras sociales, en el sentido cultural. La transformación fuerte que planteaba la música era de costumbres, “dejá de ser tan careta”, dicho de otra manera. Ser más libres y poder tener experiencias más profundas, que las relaciones entre las personas no sean tan herméticas y reprimidas. En los 80 eso se consolidó en una desrepresión final y loca, hacia no se sabe qué lugar. Aparece el sida a finales de los 80. Y en los 90 los intereses de las bandas se enfocaron en tener un manager, una compañía discográfica y videoclips. O sea es muy diferente a patear el tablero. 
¿Y cómo es el rock ahora?
Bueno, a partir de ahí es como llegamos hasta ahora con la música. Lo interesante de este momento de la música argentina es que es bastante pequeño hablar de rock argentino, hoy la música está más diversificada que nunca, y vas a encontrar bandas como Guauchos, del norte, que hacen un folklore que es más rockero y psicodélico que algunas bandas de rock barrial de Buenos Aires. Nunca hubo tanta diversidad y cantidad de bandas. Creo que todo se generó a partir del 2004, que empezaron a estallar bandas de neofolklore, neofolk, rock alternativo, bandas como Futbol o solistas como Lisandro Aristimuño. Aparte hoy tenés una computadora en tu casa, te grabás una guitarra, tenés un poco de chispa y lo viralizás y generás un montón de visitas. Entonces desde cualquier lado, hacés un producto. 
Este sábado vas a tocar en el Teatro Gran Rivadavia de Floresta, y sos un poco del barrio, ¿Qué te genera tocar ahí?
Es muy lindo para nosotros tocar en el teatro gran Rivadavia. En su momento, a fines de los 70, la sala de Cornelio era por la zona y andábamos por ahí de adolescentes, en la época de la dictadura. La calle era muy represiva, los milicos estaban en la calle, todas las fuerzas que te puedas imaginar. Pasábamos por la puerta, hemos entrado alguna vez al cine. Es un barrio referencial de mi adolescencia y mi primera juventud.
¿Qué nos podés adelantar del show?
Con La Hermandad vamos a armar un espectáculo que tiene mucha ruta, la banda desarrollada ya con 6 años de unidad, de sudar la camiseta y de hacer muchos temas juntos. Está Mariano en guitarra, Alito en el bajo, Raul en la batería, Gerardo en teclados, nuestro sonidista Juan Gil Sosa, y Matu que va a hacer visuales. Más que nunca somos una banda muy conformada, amén de que está mi nombre porque el burro por delante para que no se espante - es algo que me lo pide la gente de prensa, lo hago como un acuerdo con ellos - pero el concepto es la banda. Todos laburamos codo a codo. Y vamos a hacer el disco entero, pero con inserts de “Esto es un abrazo”, de Los Visitantes y de Cornelio. Va a ser como un salto permanente de tiempos, prepárense para ir y venir. 

Palo Pandolfo & La Hermandad tocará este sábado 1° de julio en Rivadavia Rock, el ciclo de recitales del Teatro Gran Rivadavia. Presentarán en el barrio de Floresta su segundo disco “Transformación”, entre canciones de “Esto es un abrazo” y las históricas bandas de Palo Don Cornelio y La Zona y Los Visitantes. Conversamos con la cabeza de la Hermandad sobre sus modos de componer canciones, la literatura y las bandas de los ’70 que formaron su música, y cómo la sociedad de consumo fue cambiando el concepto de rock argentino a través de los años.



-¿Tu disco “Transformación” vino de la mano de una transformación tuya interna, o el título se refiere más a lo musical?


-La composición de “Transformación” fue muy diferente a la de “Esto es un abrazo”, porque “Esto es un abrazo” lo compuse más en solitario y de manera automática, o sea, ponés la grabadora y la canción la cantás y la tocás como si ya estuviera escrita, pero en ese momento la estás componiendo, sin cuaderno, sin computadora.

-¿Es decir que escribías los temas sin una inspiración previa, simplemente ibas y componías la canción?

-Claro, sí, la inspiración que me agarre trabajando. Es nuestro oficio. Pero este concepto de automatismo, para “Transformación”, lo descarté. Y me enfoqué en la melodía. Fui a buscar melodías sin letra ni guitarra. Entonces empecé a tener un montón de melodías que me interesaban, y después con la guitarra fui trabajando la armonía, y luego vinieron las letras. En ese devenir de las letras, llegué a tener 22 canciones. Y en esas 22, en 3 de ellas encontré la palabra “transformación”, y me gustó como icónica. Además es muy significativa para el universo del rock de los últimos 50 años.

-Sin embargo, aunque las letras quedaron para lo último, denotan mucha poesía, ¿Sos un fanático de la literatura o tu aprendizaje proviene solamente de la música?

-No, está bien, soy un lector compulsivo, soy fanático de la literatura. En el momento en el que empecé a componer canciones empecé a leer. En el 77, a los 12 años, leí el primer libro de Ray Bradbury, y desde ahí no paré. Pero por otro lado, cuando empecé a hacer música enfoqué en bandas como Pescado Rabioso, Aquelarre, Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros, Seru Giran. Todo eso se llamaba música progresiva, una música que se oponía a la música complaciente, que se diferenciaba de lo masivo. Y uno de los ingredientes fundamentales de esa diferencia era la poesía. Una letra rara y diferente, no algo pachanguero o pasatista, sino profundidad, búsqueda espiritual, psicológica, psicodélica. Yo empecé a escribir canciones siendo un lector incipiente pero también con el concepto del rock nacional de la década del 70.

-Una de las letras de “Transformación” dice “esta sociedad que te obliga a enamorarte…”, ¿Creés que la sociedad nos obliga a ciertas cosas? ¿Por ejemplo, que la sociedad dicta una forma de ser rockero?

-Sí, la sociedad nos impone muchas condiciones. El poder capitalista, de 250 años, tiene como concepto  tener a la gente trabajando y siendo consumidores, y trabajando más de la cuenta. Porque si lo pensás, no necesitás tantas cosas. Estamos trabajando para poder comprar todo lo que la sociedad de consumo nos propone. Y eso te coarta totalmente, porque yo con tener un gallinero con unas gallinas y una pequeña huerta podría sobrevivir. Vivimos un sistema de super-producción en serie, hacer productos uno tras otro y que se tenga que comprar y vender, comprar y vender. Eso te condiciona bastante. Vivís en un sistema cerrado, de consumo, y si querés bajarte de ahí no se cómo vas a hacer, tenés que ser un paria loco en un campo o ser un hippie.



-Y desde ese lado, ¿creés que la música también pasa a ser uno de esos productos?

-Bueno, en buena hora. Cuando firmé los pliegos para el arte de tapa del disco “Transformación”, un día a las 10 de la mañana en una mega imprenta al sur de Parque Chacabuco, salí de ahí orondo y dije: “soy parte de la industria argentina, producto”. Pero orgulloso de eso, qué más que ser un producto, una obra que queda. Yo empecé a finales de los 70, atravesé muchas décadas, y observé que en los 90 fue que hubo un cambio fuerte en el concepto del rock argentino.

-¿Cómo fue cambiando ese concepto de rock?

-En los 60 eran prácticamente suicidas. En los 70 anarco revolucionarios rupturistas que querían patear el tablero, cambiar las estructuras sociales, en el sentido cultural. La transformación fuerte que planteaba la música era de costumbres, “dejá de ser tan careta”, dicho de otra manera. Ser más libres y poder tener experiencias más profundas, que las relaciones entre las personas no sean tan herméticas y reprimidas. En los 80 eso se consolidó en una desrepresión final y loca, hacia no se sabe qué lugar. Aparece el sida a finales de los 80. Y en los 90 los intereses de las bandas se enfocaron en tener un manager, una compañía discográfica y videoclips. O sea es muy diferente a patear el tablero.

-¿Y cómo es el rock ahora?

-Bueno, a partir de ahí es como llegamos hasta ahora con la música. Lo interesante de este momento de la música argentina es que es bastante pequeño hablar de rock argentino, hoy la música está más diversificada que nunca, y vas a encontrar bandas como Guauchos, del norte, que hacen un folklore que es más rockero y psicodélico que algunas bandas de rock barrial de Buenos Aires. Nunca hubo tanta diversidad y cantidad de bandas. Creo que todo se generó a partir del 2004, que empezaron a estallar bandas de neofolklore, neofolk, rock alternativo, bandas como Futbol o solistas como Lisandro Aristimuño. Aparte hoy tenés una computadora en tu casa, te grabás una guitarra, tenés un poco de chispa y lo viralizás y generás un montón de visitas. Entonces desde cualquier lado, hacés un producto.

-Este sábado vas a tocar en el Teatro Gran Rivadavia de Floresta, y sos un poco del barrio, ¿Qué te genera tocar ahí?

-Es muy lindo para nosotros tocar en el teatro gran Rivadavia. En su momento, a fines de los 70, la sala de Cornelio era por la zona y andábamos por ahí de adolescentes, en la época de la dictadura. La calle era muy represiva, los milicos estaban en la calle, todas las fuerzas que te puedas imaginar. Pasábamos por la puerta, hemos entrado alguna vez al cine. Es un barrio referencial de mi adolescencia y mi primera juventud.

-¿Qué nos podés adelantar del show?

-Con La Hermandad vamos a armar un espectáculo que tiene mucha ruta, la banda desarrollada ya con 6 años de unidad, de sudar la camiseta y de hacer muchos temas juntos. Está Mariano en guitarra, Alito en el bajo, Raul en la batería, Gerardo en teclados, nuestro sonidista Juan Gil Sosa, y Matu que va a hacer visuales. Más que nunca somos una banda muy conformada, amén de que está mi nombre porque el burro por delante para que no se espante - es algo que me lo pide la gente de prensa, lo hago como un acuerdo con ellos - pero el concepto es la banda. Todos laburamos codo a codo. Y vamos a hacer el disco entero, pero con inserts de “Esto es un abrazo”, de Los Visitantes y de Cornelio. Va a ser como un salto permanente de tiempos, prepárense para ir y venir. 
 

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