12 AGO 2016

Psicodramatizame que me gusta

En su nueva columna, Esteban Rial hace catarsis como cronista de la noche de Generación B. Tomaremos nota.
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Por Esteban Rial

Este sábado a la noche sale por TN el segundo programa de la temporada 2016 de Rock del País, en cuya edición final me comentaron hay alguna que otra secuencia grabada por mi pobre yo, en plan feliz domingo de gopro en el subsuelo del edificio de Sony en la calle Cabrera entre Arévalo y Dorrego, con su teatro y diferentes pisos -a los que se accede si te dejan- y hasta a veces me convidan un café en cápsula. Son imágenes casi de corresponsal de guerra, en la frontera entre el orden y el caos, con Bebe Contepomi en camarines junto a los Cinco Jurados y un grupo de rosarinos entrando en resonancia en el estacionamiento… Ya llevo varios años haciendo coberturas para Generación B con camaritas GoPro Hero, y el fin de semana manipulé por primera vez un estabilizador jedi, así que estoy como para hacer algún tipo de memoria y balance, y lo primero que tengo que decir es que estos bichos capturan mucho más la energética que las cámaras normales más o menos amateurs o profesionales, y lo segundo es que es muy feo trabajar siempre solo y por tu lado y sin nadie que te haga la segunda, preso del propio estado de ánimo, lo cual a esta altura del Segundo Semestre tiene mucho peligro. En este sentido, mi integración a lista de aportantes audiovisuales de Rock del País seguramente merezca algún que otro brindis en los camarines del Teatro Gran Rivadavia, en donde toca Miranda! en el marco del Ciclo Rivadavia Rock que produce El Bajo Producciones, empresa que seguramente se encuentra en su mejor momento. 

 

Igual todo muy lindo, pero ya está confirmadísimo que el famoso 2016 y los siguientes serán años de Vacas Flacas y ropa agujereada, seguramente buen caldo de cultivo para que algunos escriban canciones resignadas y/o esperanzantes, pero pésimo a la hora de los dividendos si es que se cubrieron los costos, empezando por el flete (y de las expensas mejor no hablemos). Es en este sentido que le veo un crecimiento sustentable a esa escena alternativa más o menos motorizada, ya que suelen cultivar un estilo que va muy bien con la depresión económica y funciona como medicina anímica, ya que energiza a la audiencia en una forma facilmente asimilable, y educa en valores y normas de convivencia básica bastante civilizada entre chabones y minitas.

 

En algún momento pensé en aprovechar estos párrafos para analizar las ridiculeces asociadas al escandalete de la semana con el caso del rockero pelado históricamente bardero soltando cosas asquerosas a una audiencia periodístico estudiantil, pero la tardecita primaveral por decirlo de alguna manera me ayudó a recapacitar, aunque tal vez la semana que viene me anime a reflexionar sobre hasta qué punto manda el karma y cuando te toca, te toca… Lo cierto es que aunque odio hablar en plural, estamos todos mareados y rodeados de demasiados festivales, visitas internacionales, redes sociales, colapsos mentales y hasta accidentes mortales, y por eso mismo mejor saborear el momento mientras tenemos la suerte y saber hacer silencio, que también es música y alimento para el alma.

 

Me despido con una de mi tocayo negro ciego favorito que habla sobre todo esto aproximandamente:

 


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