20 DIC 2017

Reflexiones prenavideñas en clave roja internacionalista

Esteban Rial analiza el fin de Argentina 2017
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Por Esteban Rial
Si bien en lo que va del siglo y milenio los diciembres convulsionados son algo así como una suerte de tradición argentina de fuerte impacto emocional urbano y suburbano más o menos bonaerense, la triste coyuntura política postelectoral y las no demasiado expansivas perspectivas económicas para los cuatrimestres que se vienen no deberían afectar nuestro balance y memoria 2017, año de altísimo listón rockero local más o menos pop en los más diversos y convergentes niveles… Sin entrar en nombres propios (no sabría por dónde empezar y tengo miedo que se me ofenda alguien), tenemos de todo y para todos los gustos: flamantes estrellas juveniles del underground subiendo por escalera mecánica a la planta baja y primer piso de la noche palermitana, bandas de muchachos barbudos con varios discos entonando versos sugerentes entre guitarras más o menos misteriosas dando saltos cualitativos discográficos y/o cuantitativos a nivel convocatoria, clásicos incombustibles de toda la vida haciendo gala de plena vigencia gozando de buena salud artística, nuevos records de convocatoria argentinos entre las masas mexicanas en clave festiva decadente entrando en su fase cordobesa, etc, etc, etc.

En otras palabras, al rock argentino de ayer, de hoy y de mañana se lo nota movedizo y competitivo, propulsor de intercambios económicos a pequeña escala y hasta generador de divisas, pero también pidiendo a gritos algunas vueltas de tuerca a la altura de las circunstancias, y habrá que ver hasta qué punto durante el 2018 el ajuste en las cuentas públicas recortará el inevitablemente polémico circuito estataloide (esto lo veo inevitable), y sí, como forma de congraciarse con el segmento del electorado que le gusta salir y chupar mientras ve una banda en vivo, desde la ley (?) y el orden (!) se avanza hacia un marco legal que promueva y facilite la actividad en vez de tener al emprendedor constantemente amenazado por el inevitable off side que las letras chicas varias proponen (total soñar no cuesta nada)…

Mientras tanto y desde una perspectiva de género, es muy claro que siendo un ámbito supuestamente liberado pero machista recalcitrante como el que más, las damas siguen ganando espacio e influencia en todos los rubros arriba y abajo del escenario, delante y detrás de cámaras, dominando como nunca ante el pulso creativo y expresivo sin dejarse amedrentar por su escandalosa ausencia en la programación de festivales locales salvo honrosas excepciones alternativas.

Los años que terminan en 7 suelen no ser años cualquiera, y desde el punto de vista de quien firma estos párrafos este 2017 confirma la regla sin hacerse el excepcional… En lo personal, el aterrizaje de La Viola Bar en la parte de adelante de The Roxy marca un punto de inflexión energético y autobiográfico en cuanto al tiempo (y el espacio) es dinero y la Guerra de las Galaxias siempre estuvo presente, auspiciando un 2018 nivel Copa Libertadores de América como mínimo, metáfora que me recuerda que así como la vida imita al arte, el arte a veces imita al fútbol, o por lo menos en algunos casos debería.

La obtención de la Copa Sudamericana por parte del arte de Independiente consolida y refuerza lo mejor en nuestra esencia, dramaturgia y prosapia nacional, o juremos con Gloria morir, alta en el Cielo una Aguila Guerrera, etc etc. Si nuestro rock toma como modelo al Independiente de Holan estamos condenados al éxito.

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