29 SEP 2016

Ser o no ser emergente

En su nueva columna, Esteban Rial se mete con el Festival que terminó esta semana en La Usina del Arte
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Por Esteban Rial

Antes que nada debería confesar que desde que tengo memoria y/o un mínimo de conciencia política me considero disidente natural del festivaleo rockero y/o cultural juvenil financiado con dinero público en casi todas sus formas salvo heroicas excepciones, pero ponele que con los años uno se cansa de buscar lleno de esperanza y evoluciona y asume que las cosas son como son, que Argentina es como es y que el resto del mundo cada vez se nos parece más, mientras que por otra parte, nobleza obliga, hay que admitir que gracias a este tipo de superventazos se mezclan las sectas, se intersectan las escenas y mucha gente curiosa tiene acceso (que frase horrible) a una dosis de energía en vivo y en directo variada, nutritiva y estimulante, o sea que posta tengo la mejor con el Festival Ciudad Emergente, pero la mejor de la mejor. 

 

Ocurre que más allá de hallazgos de todo tipo y cantidad de shows de calidad en los más diversos estilos (ya saludados por el resto de las coberturas en esta misma página y en otros medios más o menos amigos), a mi lo que me pasó con este último Emergente es que su primer edición fuera del Centro Cultural Recoleta me parece lo dejó más expuesto en ciertos caprichos y desproprociones, o por lo menos esa sería mi impresión personal y te diría que la mayoritaria también. La Usina del Arte es una belleza y sobre el encanto de La Boca pienso en mi propia batera y suspiro, pero así como en anteriores ediciones los altos aires recoletos casi que nos invitaban a hacer la vista gorda, esta nueva edición recargada supongo que nos obliga a reflexionar sobre el uso y abuso de las palabras, los conceptos y los espacios como nunca antes, más cuando por esas coincidencias significativas existen un par de garitos bajo el nombre de Emergente (uno en el Abasto y en Almagro) que pertenecen a esa categoría de boliches chicos pero con onda siempre al borde de la clausura por leyes ridículas e inspecciones malintencionadas por parte del mismo estado que se hace el festivalero cuando cree que le conviene, lo cual da un marco más escandaloso a todo el asunto.

 

Desde ya que se felicita el trabajo serio y concienzudo, el sacrificio y la responsabilidad de quienes estuvieron desde antes y hasta el último día, a los artistas participantes, las marcas vinculadas y otros aportes más o menos asociados, pero considero un error político cultural básico quitarle al Recoleta este festival, ya que los festivales también son su espacio, y una vez que ya lo tenés cargado abandonarlo es una picardía, una falta de respeto y hasta de caballerosidad. Obviamente conozco la explicación oficial sobre "que la idea de trasladar la sede responde a una política de fondo que apuesta por el Sur de la Ciudad”, pero a mí ese argumento me resulta bastante debatible y si me apurás un poco primero que mejoren el transporte público de entrada y salida (y la comunicación), que ya tenés una masa humana pipí cucú acostumbrada a ciertas comodidades, así que tratala lindo, no la mandes abajo de la autopista a La Plata a ver qué onda, me parece.

 

Yo en lo personal me la pasé superbien, escuché secuencias buenísimas (en particular con los auriculares puestos) y hasta te diría que por momentos fui feliz: La Usina del Arte es un gran espacio y permite instancias increíbles, pero convengamos que poner una carpa abajo de la autopista con todo el aire libre y cielo abierto que tiene esta ciudad me resulta absolutamente desconcertante... No se, queda mucha tela para cortar y te aseguro que ya lo visto y no visto durante la noche inaugural da para una novela corta y/o un largometraje en clave primaveral, pero el festival tuvo sus pinceladas de magia y buena onda, y te diría que hasta lamento no haber ido más y mejor, pero igual freno acá, que tengo miedo de embalarme con que ahora que lo pienso el primer Festival Provincia Emergente realizado este año en un fragmento imposible del Estadio Único me pareció un total despropósito (y el clima también opinó lo mismo), pero supongo que no faltará la oportunidad, y por ahora creo que con esto es suficiente.


Para que vean que no tengo mala onda, propongo que el año que viene (el famoso 2017) el Festival Emergente vuelva al Recoleta con un criterio más sub30 con ese toque Retroventa que tanto le gusta a la chica veinteañera de hoy, mientras que en La Usina del Arte se podría preparar con tiempo y a todo trapo (tres veces más de presupuesto) el Festival Displicente, con artistas más o menos instalados y/o consagrados haciendo lo que se les canta, y amigos y amigos de amigos tocando sus discos viejos enteritos, soplando las velitas, estrenando formaciones y/o versionando a los Gigantes, por el bien de la vida cultural del Gran Pueblo Votante Argentino, Salud! 


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