21 DIC 2016

Soda Stereo: a 9 años del último recital

El 21 de diciembre de 2007, Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti tocaron por última vez juntos. Fue el sexto River de ese año, en el cierre de su espectacular gira de reunión.
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Por Marcelo Fernandez Bitar
Cuando la gira de reunión de Soda Stereo comenzó a tomar forma, nadie imaginó que rompería todos los records de recaudación y convocatoria por todo el continente, ni mucho menos que terminaría sumando seis shows en River. Pero ocurrió, y hoy se cumplen nueve años de aquel auténtico último concierto.
 
A esa altura del año, el grupo ya había recorrido Chile, Ecuador, México, Estados Unidos, Colombia, Panamá, Venezuela y Perú, además de haber llenado cinco veces el estadio Monumental, empatando a los Rolling Stones. La idea del cierre, pues, era que no sería un recital más, y en máximo secreto se planificaron los detalles y los llamados a los invitados especiales que fueron a la sala de ensayos.
 
No solo participaron Richard Coleman, Andrea Álvarez, Fabián Quintiero y Gillespi, sino que también se rastreó especialmente hasta Nueva Jersey a Carlos Alomar, productor del grupo en “Doble vida”. El plan era que Alomar tocara en “Terapia de amor intensiva” y “En la cúpula”, dos temas que no habían estado en los 21 shows anteriores. Gillespi iba a estar en “Fue” y “Signos”, Richard en “No existes” y “Primavera 0”, Fabián en “Danza rota” y “Persiana americana”, y Andrea en “Picnic en el 4ºB” y” En la cúpula”.
 
La previa del show no fue muy diferente a los otros shows en River, con prueba de sonido al mediodía (con los invitados) y el público ingresando desde temprano, disfrutando de los sketches de Capusotto. A las 21 horas exactas, como le gustaba a los stage y tour managers Fernando Travi y Diego Sáenz, volvió el video de las viejas épocas, la música del tema de Queen y el arranque con “Juegos de seducción”. 
 
 
 
 
“¡Bienvenidos a la gran fiesta del rock!” dijo Gustavo, y así fue: una noche memorable, histórica y especial. La puesta en escena estaba más ajustada y perfecta que nunca, los tres Soda tenían excelente humor y estado de ánimo, y la presencia de los músicos invitados le otorgó un plus inesperado a lo musical y lo emotivo. La gente gritaba el infaltable “¡Oooh, Soda Stereo, es un sentimiento, no puedo parar!” mientras algunos sostenían carteles con inscripciones como “Ahora hay que seguir”.
 
Gustavo, más locuaz que en ningún otro show, presentó a Andrea diciendo: “Ella es chiquitita pero toca como los dioses”. Para Alomar dijo: “¡Uy, qué festín! Este músico tocó con todo el mundo: Bowie, Lennon, Paul McCartney y James Brown, y como guitarrista es lo más. Lo llamamos hace tres días, estaba en Nueva York y se vino”. 
 
 
 
Richard Coleman y Gustavio Cerati el 21/12/07 Foto de Damián Benetucci en el libro "Diario de Gira"
 
 
Tras “Final caja negra”, dijo: “Cuando la luna esté alineada con el escenario va a pasar algo muy tremendo” y después del solo de trompeta con sordina de Gillespi, anunció: “Gillespi con la luna, ¿qué les dije?”. Ahí, en “Signos”, el público hasta tarareó el arreglo del tema, ovacionando su intervención. Fabián Quintiero fue presentado como “Alguien que tiene mucho que ver con la historia de Soda”. Y con “Sueles dejarme solo”, admitió: “En Paraguay una vez estuve como una hora tratando de romper una guitarra, pero ahora sí va a estar bien dócil”, y mostró cómo la guitarra cedía ante sus golpes, tras el poderoso solo.
 
Sobre el final, el estadio era una explosión de euforia y alegría. La gente coreaba “¡Dale Zeta, dale dale Zeta!” y aplaudía el ritmo de todos los temas. Gustavo contó que estaban “tremendamente felices” y pidió que subiera todo el equipo de gira al escenario.
 
“Se habló de la plata, se habló de muchas cosas –dijo- pero esta vuelta se trató sobre todo de la música. Y el éxito fue recomponer nuestra relación interna con Charly y con Zeta”.
 
 
 
Pasada la medianoche, a las 00:15 del sábado, Gustavo Cerati, Zeta y Charly Alberti se abrazaron. Todo estaba por terminar. Soda Stereo se despedía.
 
Lo que siguió fue un festejo en camarines, backstage y el hotel Faena. Había muchas razones para celebrar. El equipo había roto récords a lo largo del continente. Según Alomar, “Cuando el show acabó, en ese minuto donde fueron los tres al frente y se abrazaron y despidieron a la multitud, me emocioné, se me llenó el corazón y tuve que aguantar unas lágrimas. Para mí fue un orgullo tremendo conocerlos y compartir el comienzo y el final de una época. Porque no era la despedida, sino una celebración. Esos momentos no suceden así en todas partes, ni con Bowie ni con nadie. Pero ellos lo hicieron como siempre han hecho todo: con estilo, con gracia y con un honor tremendo.”
 

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