19 MAY 2016

Todos somos periodistas

En su nueva columna, Esteban Rial analiza la escena nacional y arriesga propuestas para La Viola Bar
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Por Esteban Rial

por Esteban Rial (@RialEsteban)

 

Más allá del cambio de signo político dominante y los reacomodamientas de las diversas facciones culturales oficiales y alternativas, lo que sucede en la actualidad rockera en nuestro idioma es demasiado consecuencia de la explosión de las redes sociales y los supuestos teléfonos inteligentes (en algunos casos bichos bastante psicópatas con sus amos) reconfigurando las mentes consumidoras y afectando la intermediación mediática tradicional, cuyos estamentos se desplazan y reacomodan como placas tectónicas en un mar de contracción económica…

 

De todas formas y más allá de los números rojos -menguantes y hasta lapidarios salvo excepciones- hoy la música argentina brota por todos lados y goza de muy buena salud energética, y gana enteros como excusa de vida social cuando la ocasión está bien planteada, ya que ante tanto desgarramiento craneal y dispersión mental y stress urbano y suburbano pocos espectáculos garpan en cuanto mecanismo de compensación psíquica como la interacción en vivo entre batería, bajo, guitarra o guitarras, teclados y lo que se sumen al quilombo propuesto, obviamente con un punto de alcohol en la sangre porque el sistema nervioso simpatiza más, y mejor no me meto con el resto de sustancias tóxicas, que deberían estar legalizadas y pagando impuestos, y agarrate la ola turística internacional y el superavit fiscal garantizado, los kelpers vivarían las Malvinas Argentinas, cosas por el estilo.

 

Retomando: una banda sonando es un espectáculo en sí por el solo hecho de mostrar varias personalidades realizando actividades tan contrapuestas como tocar uno la batería (instrumento exagerado por donde se lo mire, una máquina de hacer quilombo), alguien al bajo (que podrá hacerse el disimulado pero al final está proponiendo un pulso y latido vital) y mínimo uno dedicado a la guitarra electrica, electrificada o electrificante, sobre la cual profiero llamarme a silencio por ahora.

 

Le comentaba a Bebe el martes camino a La Plata a ver al Beatle zurdo mi idea de hacer algo los lunes en La Viola Bar en plan periodístico musical, lo de siempre pero con una vuelta de tuerca conceptual, una entrevista a un colega periodista, una banda invitada en plan conferencia de prensa, aprovechando además que la esquina de Humboldt y El Salvador está en su mejor momento lejos, y además todavía me dura la emoción ante la llegada del gin Príncipe de los Apóstoles a su barra. Incluso le comenté mi idea de las 23 hs de cortar la música y poner el programa de Pagni en TN, creo que le agradó la idea, pero siguió escribiendo en watsap, laburando... Ya adentro del estadio Único y mientras apurábamos el paso por el frío y las mínimas contrariedades de una superestrella mediática en su mejor momento profesional y familiar y su amigo el escriba perdedor pop, se acercaron a saludarlo un par de ingleses, uno un tipo grande (manager de Paul o algo así) y otro más joven pero con la mismas pulseras y acreditaciones, los dos elogiándole la entrevista, el ambiente, la claridad de las preguntas, que Paul estaba encantado, esas cosas, muy correctos pero afectuosos con esa distinción propia de los británicos, y Bebe elegantísimo en aceptar el saludo y elogios y devolver flores en un excelente inglés muy Cardenal Newman, civilización pura. No tenía la gopro prendida, supongo porque ya era de noche y se veía feo y estaba (estoy) engripado (alias más tonto que de costumbre).

 

Siguiendo mi costumbre propagar la voz de Charlie Rich, acá una de finales de los sesenta que está en una banda de sonido de película protagonizada por Gary Oldman, que no vi.

 


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