08 NOV 2016

Travis en el Gran Rex: la intimidad como espectáculo

El cuarteto escocés volvió a Buenos Aires a sellar un pacto de unión con su público
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Por Sebastián Grandi


“Somos amigos desde hace 26 años y fuimos exitosos por accidente. Nunca hicimos una canción para que suene en la radio o para vender discos, sino que las hacemos para alguien, una novia, un amigo...” dice Fran Healy, cantante de Travis en el medio de su tercer show en Argentina. La banda escocesa volvió al país en el marco de la gira de presentación de su último disco “Everything at once” y su líder parece estar en un momento confesional. La calidez del teatro, su sonido, la posibilidad de ver la cara del público le despierta un interés por hablar, explicar, contar. “Vamos a las radios -sigue- y nos miran raro. Pero seguimos y acá estamos y nunca vamos a tratar de hacer cosas comerciales o que sirvan para vender algunos discos de más, hacemos lo que sentimos”, y arranca aplausos. Healy es ese amigo buena onda que siempre tiene una mirada positiva de las cosas y que quiere que esta noche, en este marco, el pop rock de Travis que alguna vez fue de los más famosos de Gran Bretaña, se disfrute como un encuentro entre amigos. Rodeados de maquetas de edificios que los proyecta como gigantes en una ciudad, el equilibrio de este cuarteto se luce en cada movimiento, disparando escenas de rock sinceras, sin estridencias ni falsas posturas. “Somos de Escocia y allí la gente es muy parecida a la de acá: son muy pasionales y eso nos hace sentir como en casa. La única diferencia es que los escoceses no podemos armar un buen equipo de fútbol”, dice, y se ríe. 

 

Travis -con Heanly en voz y guitarra, Andy Dunlop en guitarra principal, Dougie Payne en bajo ¡con una bufanda! y Neil Primrose en batería- arrancó el concierto con Sing y Selfish Jean, como para marcar la cancha. Su agenda mundial está repleta de shows en festivales, y el universo del teatro dispara otras ideas. “No iluminen con esos LEDs a los ojos -pide Healy- porque a la gente le salen lágrimas.” La conexión que buscan va más allá de las canciones que son, contrariamente a lo que dice su cantante, hits radiales al menos en esta parte del mundo. 

 

Suenan Animals, (“Esta canción es de Dougie y es de mis favoritas”), Re-Offender (“Este tema es para mi mamá”) y Side. Después Heanly baja a la platea, camina por el pasillo del Teatro Gran Rex, avisa a los que lo quieren abrazar que está transpirado y se para sobre las butacas, mezclado entre su público, para cantar Where You Stand

 

La lista sigue, siempre con breves introducciones: Paralysed (“habla de esa adicción que tenemos todos por las pantallas”), suena Closer y después vuelve a hablar: cuenta que hace 20 años se reunieron los cuatro en un famoso bar de Glasgow llamado Horse Shoe y que de allí salió una canción que es un himno nacional para Travis: All I Want to Do is Rock

 

Para los bises, Fran Healy vuelve solo y pide silencio. Cantará sin amplificación, apenas acompañado de su guitarra. Aprovechará la magnífica acústica del Gran Rex para que su voz llegue sin ayuda mediante hasta el último rincón de la sala. Y lo logra con Flowers in the Window, ese tema motivador que allí suena sensible y que desconcierta al público, que no sabe si acompañar con palmas o respetar el potente silencio para no quebrar la magia del momento. 

 

La banda vuelve al escenario para 3 Miles High (“dedicada al fan club de Argentina”), Magnificent Time del último disco (“la escribí pensando en cuando tenía 12 años que fue una época genial porque todo, la música, la vida, el sexo estaba en la cabeza”) y antes de Why Does it Always Rain on Me?, las palabras finales que resumen las emociones del concierto: “Me gusta lo que hay entre nosotros, es como si fuéramos parte de una misma banda y sin dudas esta noche fuimos como uno”. 

 

Fotos de Claudio Zatti

 


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