25 JUL 2016

Tweety González: el curador

Cómo piensa, elige y ve el futuro de la escena nacional el hombre encargado del ciclo de bandas nuevas del CCK
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Por Sebastián Grandi


Si la cúpula a la que le cantaba Gustavo Cerati era aquel lugar donde todos se la creen, la del Centro Cultural Kirchner (CCK) donde Tweety González organiza el ciclo de nuevos artistas, es uno de los lugares donde se puede ver hacia dónde va la escena musical nacional.

 

El músico y productor es el curador de un espacio desde donde el Estado, con toda su impronta, pone en relevancia a los artistas que, se espera, sean los grandes referentes del futuro.

 

El ciclo a su cargo convoca cada jueves a cientos de personas a un espacio atípico. La banda toca a nivel del público, frente a una pantalla LED gigante rodeada de las imágenes de una ciudad que cierra su día a los pies.

 

Llegar no es fácil: hay que sacar las entradas con tiempo, subir ascensores. Pero allí, Tweety González puede responder por los grupos que programa. El curador dice no tener un método para elegir, pero no esconde los secretos para saber dónde está la banda nueva: “Consulto ciertos blogs, a algunos periodistas, como por ejemplo a Yumber Vera, al que llamo y le pregunto cuando algunas cosas no me cierran, porque tiene buena data. Leo blogs de afuera como El Parlante Amarillo o Mute Magazine de acá, que es buenísimo y me llegan muchas cosas. Es melomanía adictiva, por eso la curación me sale naturalmente. Y lo que no me gusta lo testeo para convencerme de por qué no me gusta. Alguna que otra vez me he equivocado, porque tenía un prejuicio. Para ser más imparcial, reviso estilos de música que se que no me van a gustar".

 

-Al estar al frente de la selección de música en un espacio público, ¿cuál es el criterio que elegís? 

 

-Al principio la idea era retomar lo que yo había hecho en la Usina del Arte con artistas de mi sello. Pero la verdad es que, siendo un espacio nacional, me parecía que había que abrirse a las provincias e invitar a los artistas de allá. Para mí, las escenas de Córdoba y Mendoza son muy buenas, proporcionalmente son más interesantes de lo que pasa en Capital. Acá ya no hay muchas cosas que te asombren, pero en el interior sí. Por un lado, por una cuestión ética me parece que no puedo poner solo artistas de mi sello. Entonces invité, por ejemplo, a los de Discos del Bosque, que funcionan más como una cooperativa que regala su música que como un sello y lo abrí hacia un abanico de géneros con una apertura lo más amplia posible. Puse desde Eric Mandarina, que es una cuestión casi performática cercano a lo urbano y al hip hop, a días donde todo es muy pop. O cosas más funk, como De la Rivera, a artistas más spinetteanos, como Amel y Martín Rodríguez. También cosas más punk, como Juguete Ruidoso y Los Barenboin, a proyectos más electrónicos, como son Audia Valdez y Zero Kill, de Benito Cerati. También hay mucha presencia femenina: Candelaria Zamar, de Córdoba; María Ezquiaga, Ayelén Secches y Mariana Paraguay, que es de Mendoza. Me parece que hoy en día hay muchas artistas porque hay más chicas solistas que nunca y me creo que, por el solo hecho de ser mujeres, tienen una valla más que saltar. No se por qué es. La estrella más grande es Fabiana Cantilo, que es divina, pero tiene 55 años. Hace falta una renovación. Para mí por ese camino va Loli Molina, que acaba de llenar el ND Ateneo, que gira por Latinoamérica a fuerza de calidad porque tiene un nivel muy bueno que le permite tocar hasta en el Festival de Jazz de Montreaux.

 

-Vos les das un espacio para que se muestren, ¿pero les hacés recomendaciones? 

 

-No, no me pongo en un lugar paternalista. Para mí este ciclo tiene un plus que es que los grabamos a cuatro cámaras y que grabamos el audio en multitrack y yo lo mezclo todas las semanas en mi estudio. Como mínima va a YouTube y como máximo puede llegar a la tele. Ojalá algo de eso pase porque desde la capacidad limitada de la cúpula la idea es que todo se vaya expandiendo y que quede el registro. Además, todas se pusieron muy pilas con el tema de las visuales. A las bandas les queda un contenido impagable, que no podrían pagar por su cuenta. 

 

-¿Cómo se hace para que aquí en Buenos Aires se le preste atención a los grupos del interior? 

 

-El público que viene tiene una data, no es kamikaze. El enfoque es que al tipo que le gusta la banda venga, le guste aún más y promueva el boca a boca.

 

-¿Cómo tiene que hacer una banda para generarse un público? 

 

-Creo que una de las cosas muy importantes es la imagen. Hay que hacer buenos videos, buenas acciones en YouTube. Discos del Bosque está asociada a Elefante Diamante que es una productora audiovisual que hacen cosas muy buenas, con un standard muy alto. Loli Molina se grabó en estudio cantando y eso le generó en un año una cantidad de público que antes no tenía. YouTube sigue siendo un canal de promoción muy importante. Pero también es la historia del huevo y la gallina: cómo hacer que la gente se entere que ahí está tu video. No hay fórmula del éxito y en la música cada caso es distinto. 

 

 

-Tras la muerte de referentes como Pappo, Spinetta, Cerati y con Charly sin publicar nada desde hace rato, parece que el rock argentino se muerde la cola todo el tiempo. ¿Estás de acuerdo?

 

-Sí, claro. Es por una combinación de cosas: tiene que ver con que el argentino es un público caudillista y esos caudillos son cada vez son menos. Y a la vez, las nuevas generaciones son un poco exitistas: quieren que nazcas famoso. En el medio hay cosas que pasan que me resultan inexplicables: el fenómeno de la cumbia uruguaya (que no es cumbia), que no es música con algún grado de cultura, es más entretenimiento y joda para un público sin pretensiones. Entonces me pregunto cómo funciona eso que es tan liviano y cómo es que si sos apenas un poco menos liviano, ya la cosa se te complica. Tal vez es más para un sociólogo, la verdad es que se me escapa. Trato de convivir con eso. Lo único que tomo como punto en común es la perseverancia: hasta La Beriso, que es una banda de 1998, la pega más de diez años después. Creo que Argentina es el país donde el éxito tarda más en llegar. Es como cocinar algo a fuego lentísimo y en el medio pasa la vida. Un solista tal vez lo banca, pero para una banda es más dificil, historias personales, hijos, sobrevivir.

 

-A partir de este caudillismo, ¿estamos en una encrucijada donde el público busca nombres y las bandas no tienen referentes?

 

-El que más defendía al pibe era Gustavo Cerati. Bancó el disco de Leo García, con Soda Stereo en los noventa hicimos los estadios Obras y ahí cada noche había una banda distinta (Babasónicos, Martes Menta, Tía Newton) toda la movida sónica, todo el nuevo rock argentino. Gustavo salía a ver bandas nuevas: no hay tipos de su popularidad que no solo escuchen las bandas, sino que vayan a los shows. Eso tiene un compromiso muy importante. Y para un artista que recién empieza que entre un tipo como Gustavo por la puerta te pone nafta atómica para hacer lo mejor

 

-¿Y cómo evalúas el contexto? ¿Hay espacios, acompaña la prensa?

 

-Creo que estamos mejor que hace 5 años. No se si es por necesidad o porque tiene que pasar. Los medios están cada vez más necesitados de que pase algo nuevo. No puede ser que las estrellas de rock más populares que tengamos sean los Illya Kuryaki que tienen 40 años. No hay renovación generacional. En el rock no hay nadie famoso que tenga 20 años. Pero en el rock nacional -otro día discutimos el nombre, algo que ya está un poco envejecido- hay artistas muy buenos que merecen ser mucho más reconocidos y populares de lo que son. A nivel masivo el público argentino es muy conservador, para no decir neofóbico. En México no pasa: allá si sos nuevo te abren los brazos, te dan una oportunidad y si no gusta no te van a ver más. 

 

 

-¿Y la proyección internacional?

 

-La veo muy difícil. Por un lado está la cuestión económica y por otro porque no sabemos qué pasa al lado. Chile, por ejemplo, está exportando mucha música. Uruguay nos invade todo el tiempo. Y nosotros seguimos exportando lo mismo: una gira de Babasónicos por año a México, una de los Auténticos Decadentes o una de los Pericos. O después están los fenómenos "etnotrónicos", como yo los llamo, porque mezcla electrónica y étnica como Chancha Via Circuito o Lulacruza que son fenómenos del guetto electrónico que le encontraron el ángulo latino y les permite tocar en festivales de la región y en otras partes del mundo. Acá tal vez ni nos enteramos. 

 

-¿Qué sentís que necesita un artista para despegar?

 

-Hace falta que la gente abra la cabeza. Y si me pongo más romántico y poético, que abra el corazón. Que no analice tanto y se deje llevar más. 

 

-¿Cuánto tiene que ver el hecho de que la industria de la música haya cambiado tanto, donde cada vez se venden menos discos? 

 

-La gratuidad de la música es algo que todavía estamos sufriendo. El hecho de no pagar te hace ser menos exigente con el artista, te hace pensar menos. Antes en la disquería pensabas qué comprar, te informabas. Hoy la gente no está dispuesta a pagar por música. Hay generaciones que nunca pagaron por música, entonces por qué van a pagar ahora. Pero por otro lado que tengas acceso a todo es genial, pero no llegan a conocer nada. Los chicos hoy conocen menos bandas que las que conocíamos nosotros a nuestros quince años, que viajábamos al centro a comprar un disco o una revista importada o que dependíamos de un primo que te bajaba data o te acompañaba a un show porque eras menor. ¡No había YouTube! Ahí es donde el curador y los medios bien curados ayudan mucho. 

 

 

Fotos Federico Kaplun/Prensa CCK


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