17 SEP 2016

Whitesnake en Argentina: todo por la diversión

Riffs contundentes, estribillos pegadizos y un líder carismático: la fórmula del grupo liderado por David Coverdale en su show en el Estadio Malvinas Argentinas. Otro éxito de Banco Patagonia.
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Por Diego Mancusi

Ver un show de Whitesnake es como jugarse un partido de Pac-Man: corrió muchísima agua bajo el puente desde que eran la sensación del momento, pero con todo su anacronismo y su simpleza a cuestas siguen siendo escandalosamente divertidos, incluso más que muchas de las las supuestas “mejoras” que vinieron después (además de que, ¿quién te paga el viaje mental?). David Coverdale y sus secuaces tienen una fórmula: tocar rock n' roll de guitarras con hambre y juventud mientras nos tiran por la cabeza un estribillo pegadizo tras otro como si los vendieran en el supermercado y justo esta semana estuvieran en oferta. ¿Cómo resistirse a eso?

 

 

El inicio con “Bad Boys” y “Slide It In” deja establecida cómo será la pata hard del show, con el doble ataque de Reb Beach y Joel Hoekstra disparando riffs mientras Coverdale aporta presencia escénica y una garganta que sin duda conoció tiempos mejores, pero que con el debido esfuerzo aún logra cumplir con lo que las canciones piden. Sex symbol imperecedero, hace ojitos, tira besos y hasta abaraja una tanga roja voladora en “The Deeper the Love”, mientras Beach se deshace los dedos con el tapping. Tommy Aldridge, el pintoresco baterista de cara arrugada y gigantesca porra, tiene sus momentos en “Fool for Your Loving” y luego -cerca del final- en un largo y festejado solo enmarcado en “Crying in the Rain” en el que llega a tocar con las manos. El exhibicionismo es todo un tema por acá, con demostraciones individuales de destreza de cada uno de los guitarristas, el baterista y hasta el bajista Michael Devin en un show de una hora y media exacta.

 

 

"Slow N' Easy” revela las raíces bluseras de su hard rock de estadios hasta que llega la instancia de prender la memoria emotiva y la cámara del teléfono: metaleros, señoras enfundadas en cuero, padres buena onda con niños ídem y paracaidistas hiteros levantan los puños y cantan al unísono “Is This Love” y “Here I Go Again”, los éxitos que los trascendieron a ellos mismos. Quedan para los bises “Still of the Night” (con algunos de los fraseos más pesados de la noche) y “Burn” de Deep Purple a modo de cuasi cover, cerrándose así una efectiva jornada de celebración de los años en los que los conceptos de hedonismo y rock n' roll eran casi inseparables. 

 

Fotos: Beto Landoni


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