18 ABR 2016

Woman is the nigger of the world

En su nueva columna Barbi de Utopians escribe sobre la mujer y el acoso
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Por Barbi Utopians

"La mujer es el negro del mundo" cantaba John Lennon y yo no entendía de qué hablaba. Es que desde chica la cosa mujer-hombre no me cerraba. Después de varios intentos fallidos con los vestidos, a mis 5 años mi mamá me dejó ser como yo quería, y vestía una gorra de boca en el verano y un jardinero. Cuando tenía 13 fui al peluquero y le dije "sacame el pelo". El peluquero tuvo piedad y me lo dejó cortito como un soldado. Ese año fue la primera vez que me sentí mal por que me habían confundido con un varón.

 

Es que yo no quería ser hombre: quería ser mujer, pero con el pelo cortito y pantalón. Los hombres son sexys y copados vistiendo en un boliche su gamulán abrigado en invierno y sus cómodas botas de cuero. Pero la mujer tiene que estar "bien"... no puede quedar como una "abandonada", y tiene que ir en pleno invierno con su minifalda, y tacos aguja y maquillaje como para pintar un mural. Y entonces dicen "ella elige ponerse eso", "ella, ella, ella".

 

Me llevó muchos años entender el título de esa canción. En el medio muchos hombres me ayudaron a hacerlo. El hombre que una vez me dijo "no sos fea, pero con arreglarte un poco, aunque sea para el vivo, rendiría más"; el músico que le dije que prefería no seguir viéndolo porque quería estar sola, y en el fondo era porque me había maltratado y me daba miedo y como respuesta me acosó con mensajes y mails de una violencia muy oscura; el periodista que una vez me dijo cuando tenía 18 y él más de 30 "una cita conmigo y te pongo la canción en la radio todos los días" o el "amigo" que me dijo "por una cita, me parece que es así la movida y deberías aprovecharla". Los cientos y miles de veces que tuve que agachar la cabeza por insultos y barbaridades en la calle. Los llamados telefónicos ficticios que sigo haciendo cada vez que me subo a un taxi y el tachero me pregunta si tengo novio. La cantidad de veces que tengo que concentrarme para no vomitar cuando un viejo en la calle me muestra la pija, me mira y me saca la lengua o me respira en el oído con olor. Estas situaciones fueron las que me hicieron entender la frase de Lennon. Situaciones que si un hombre las lee dice "ay, pobre chica" y si cualquier mujer la lee, el 100% sabe perfectamente de qué hablo y lo vivió muchas veces, y algunas peor, con violaciones y acosos.

 

Este fin de semana Mailén Frías acusó de violación a través de un video a José Miguel del Pópolo, cantante del grupo La Ola Que Quería Ser Chau. Puedo hablar con nombres y apellidos porque las denuncias fueron ya varias, con testigos, amigos y pericias médicas y policiales. A raíz de esto otros músicos con menos pruebas pero muchas denuncias, preocupantes por la cantidad, también fueron acusados de pedofilia y acosos sexuales. Violadores siempre hubo, en la música, en la policía y en cualquier lado. De mujeres, hombres, niños y niñas. Pero hoy, gracias a la amada y odiada internet, nos enteramos de la opinión de la gente, los colegas, los familiares, los amigos, los seguidores sobre el tema. Para mi horror y el de muchos, leo a personas que tal vez respetaba, o cercanas, diciendo cosas como: -"¿Y para qué fue a la casa si no quería sexo?", -"¿Y para qué se viste asi?", "¿Y para qué se busca un tipo que sabe que esta medio loquito?". Responder esas preguntas sería subestimar a la sociedad.

 

Es una tortura psicológica, pedirle a una chica que después de consumir televisión, cine, revistas y redes donde todos le dicen que solo puede verse atractiva e interesante vistiendo provocativa y operándose hasta el ojo, pedirle que no lo haga porque así la van a violar.

 

Este fin de semana entendí que para muchas personas -tal vez la mayoría- un violador es un señor con un parche en el ojo y un bastón que te agarra en las vías de Coghlan en la mitad de la noche. Y que el resto son personas que se les fue la mano, o se equivocaron pero pidieron disculpas, o que no entendieron el mensaje. Y le piden a las mujeres que nos responsabilicemos de eso. Que no seamos tan putas. Porque piensan que en el fondo el hombre es un animal reprimido, sin uso real del razonamiento, que necesita que lo provoquen para desatar su ira. Y la mujer, o a veces hombres pequeños (porque en el fondo se trata de eso, del sexo débil, no tener fuerza y poder cagarnos a piñas, como los niños) somos la presa de esa ira.

 

No se trata de concientizar. Se trata de que la Justicia explique a través de las condenas que el acoso sexual es un delito mayor.

 

Y si para concientizar debemos, entonces que sea explicando que siempre, sin importar cuan lejos hayas llegado, a la hora que sea, como estés vestida/o o dónde estés, tu NO siginifica NO.


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